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Periódico universitario UCM en la web 2.0

Ucrania: territorio hostil

El Mar Negro se ha convertido en los últimos años en una de las zonas más militarizadas del mundo. Rusia (segundo mayor ejército del mundo) y Turquía (segundo ejército de la OTAN) coquetean con sus intereses geopolíticos como sucede en Libia o Siria. Pero en el Mar Negro las cosas, geográficamente hablando, se distan más complicadas. Compartir espacio con Bulgaria, Rumanía (en la onda occidental) y la inestabilidad territorial al este con Georgia y al oeste con Ucrania no son plato de buen gusto. Todo ello armonizado con las llaves del Mar de Azov al norte y el Estrecho del Bósforo al sur. 

La anexión de Crimea fue la gota que colmó el vaso en el avispero del Mar Negro. La península arrebatada a Ucrania posee dos millones de habitantes, donde predominan los rusos con un 60% de la población mayoritaria. Pero los ucranianos y tártaros (pueblo turco de mayoría suní) también se ven afectados por la política anexionista promovida por el presidente ruso Vladimir Putin. Dicha península posee lazos históricos en el ámbito social y militar con Rusia, pero también es una pieza preciosa para la religión ortodoxa, mayoritaria en Rusia. En Crimea se saldó una importante derrota territorial del ejército otomano a manos de los cristianos, donde destacaba la rama ortodoxa rusa. Pero la joya de la corona se independizó en 1991 en plena descomposición de la URSS, quedando como una república autónoma dentro de Ucrania. Hasta 2014. 

La competición geopolítica en el siglo XX llegó a su punto álgido con Crimea y el conflicto del Donbás, creando una sensación de inestabilidad en la región desde 2014. Aunque acelerada en 2008 con el grave y fugaz conflicto entre Rusia y Georgia por los territorios independentistas georgianos de Abjasia y Osetia del Sur. Pasando por Ucrania nos encontramos con Moldavia, que, pese a que no tiene territorio con salida al mar en cuestión, es alcanzado por la influencia rusa a través de otra región independentista, Tansistinia. Todos estos problemas han hecho saltar las alarmas en el seno de la OTAN (los tres países poseen fuertes lazos con la organización militar) y la Unión Europea. Rumanía, como vecino principal de Moldavia y Ucrania, ve peligrar la tranquilidad en su vecindario más cercano. El país balcánico ya está en el punto de mira de Rusia tras el derrocamiento del dictador comunista Nicolae Ceaușescu, pese a los altibajos del rumano con Moscú. 

Como hemos subrayado la crisis entre Ucrania y Rusia fue un punto de inflexión en la región del Mar Negro, generando un terremoto en su seguridad. Desde el 2000 la actividad euroatlántica, con Estados Unidos actuando como punta de lanza, se ha basado en cobijar a Ucrania y Georgia bajo el paraguas de la OTAN, levantando los esperados recelos del Kremlin. Pero tras la perpetua presencia militar rusa en Abjasia y Osetia del Sur y la anexión de Crimea las estrategias occidentales parecen haber fallado.

La invasión a Ucrania por parte de Rusia ya ha producido un terremoto en el orden y la estabilidad mundial. Las secuelas económicas son palpables tras tres semanas de guerra y vendrán marcadas por el precio del gas y de los alimentos básicos como el cereal y el trigo. Pero otra terrible consecuencia que ha dejado el conflicto es la humanitaria. Actualmente,ya son más de tres millones de refugiados ucranianos distribuidos por toda Europa según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

En el caso de España, muchos ucranianos han encontrado refugio en familiares que ya se encontraban viviendo en el país antes del estallido de la guerra. Es el caso de Katerina y Luda. 

Katerina nos acogió en su casa, en la localidad de Arganda del Rey. En la entrada pudimos ver un dibujo de la bandera ucrania junto al lema de “No a la guerra”. Junto a ella le acompañaban su madre y su padrastro, recién llegados de Kiev y obligados a huir por la invasión.  Actualmente, es traductora jurado de ucraniano en España, nos cuenta que su teléfono no ha parado de sonar estos días. Su rostro, agotado, nos muestra el terrible shock que ha dejado estas tres semanas. Sin embargo, nos recibió con la mejor sonrisa.

 Luda, por su parte, se encontraba viviendo con su hija, su yerno y su nieto de 2 años viviendo en el mismo hogar, en Madrid. Al igual que Katerina, el agotamiento y estrés era notable en su rostro.  Su hijo, militar y jefe de brigada de vehículos, se tuvo que quedar en Ucrania. 

Conversamos sobre el conflicto en Ucrania con Rubén Herrero de Castro, doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y Profesor de Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas de dicha universidad. Además, es investigador del Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá de Henares y de la Unidad de Investigación sobre Seguridad y Cooperación Internacional. A través de su charla, se puede conocer en detalle el conflicto y ver en profundidad los caminos que puede tomar la situación en Ucrania.

 

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