Persiguiendo pasiones: estudiar una carrera pasados los 50. En un mundo en constante cambio, donde las fronteras entre generaciones se difuminan y la esperanza de vida se alarga, la idea de iniciar o retomar estudios superiores pasada la barrera de los 50 años cobra cada vez más fuerza. Lejos de ser una utopía, esta realidad se abre paso como una alternativa llena de posibilidades; un camino hacia la realización personal y el crecimiento intelectual.

El rápido incremento de estudiantes de edad avanzada en las aulas universitarias es el reflejo de una sociedad en constante transformación. Hoy en día, las personas de 50 años son más activas y dinámicas, y no están relegadas a los roles y papeles con los que antes se les asociaba. Y el resultado es que, ya sea por necesidad o por ganas de aprender, los más mayores empiezan estudios universitarios y emprenden nuevas aventuras vitales.

Cifras en España

Según los últimos datos del Ministerio de Universidades y recogidos por El Confidencial, un total de 9.833 personas mayores de 60 años se inscribieron como estudiantes universitarios en distintos niveles para el curso 2021/2022. Esto representa un 0,08% con respecto al total de esta parte de la ciudadanía. Estas cifras incluyen al alumnado que cursa tanto grado, como máster y doctorado. Sin embargo, se observa una disminución en el número de inscritos a medida que la edad avanza, lo que sugiere una diferencia significativa entre los diferentes rangos de edad.

El grado universitario es la opción más popular entre los mayores de 60 años, representando el 72,68% de las inscripciones. En contraste, las opciones de máster y doctorado son menos comunes.

Programas Universitarios Para Mayores

Una de las opciones más cotizadas para los estudiantes «sénior» son los Programas Universitarios para Mayores (PUM), que surgieron en los años 90 como una iniciativa para dar oportunidades educativas a las personas mayores de 50 años. Estas propuestas educativas se alinean con las recomendaciones de la Dirección General de Educación y Cultura de la Comisión Europea, que promueve el aprendizaje a lo largo de toda la vida y fuera del marco de la educación formal.

En el año 2019, 46 universidades en España forman parte de la Asociación Estatal de Programas Universitarios para Personas Mayores (AEPUM), que coordina y promueve estos programas. Los PUM se distinguen por su flexibilidad en los planes de estudio, eliminando la necesidad de requisitos previos y ofreciendo modalidades como la educación a distancia. Aunque no conducen a titulaciones oficiales, proporcionan una valiosa oportunidad para la formación continua y el enriquecimiento personal de las personas mayores. Para muchos, una manera de mantenerse activos y estimular el intelecto, a una edad con la que tradicionalmente no se asocia el hecho de estudiar.

Oportunidades y retos

Joan Pedro Carañana, profesor de la Facultad de Ciencias de la Información, destaca el valor y los retos únicos que suponen los estudios universitarios para los estudiantes «sénior». Puede que sean pocos en número, pero sus ricas experiencias vitales y su bagaje profesional aportan una perspectiva inestimable para los estudiantes más jóvenes y se benefician de sus interacciones con las nuevas generaciones. «Es un aporte en los dos sentidos”, según Carañana. Este ambiente de intercambio intergeneracional y aprendizaje compartido no solo fomenta el crecimiento académico, sino que también rompe las barreras entre edades y promueve la diversidad en el entorno universitario.

Sin embargo, no se pueden ignorar los retos que plantean. Joan ha señalado las posibles brechas tecnológicas y las diferencias de experiencias vitales que pueden afectar a la comunicación y la integración entre los alumnos. El hecho de que hoy en día entre cada vez más tecnología en las aulas puede ser preocupante para los alumnos mayores. Pero, en realidad, no muestra demasiada preocupación al respecto, ya que según él «los casos que yo conozco les veo totalmente integrados». Sin embargo, para eliminar por completo este obstáculo, además de que los alumnos se ayuden entre sí, también es necesario que las universidades ofrezcan más oportunidades y recursos para que los alumnos se comuniquen y aprendan.

Tejido asociativo

La también profesora de la facultad de Ciencias de la Información, Charo Onieva, y presidenta de la asociación Cincuentopía, cuya labor se basa en «repensar la edad» y «repensar la madurez», reivindica la necesidad de «recuperar la visibilidad de los mayores de 50 años«, frente al supuesto «valor supremo» con el que se asocia generalmente la juventud. Según ella, el aumento de estudiantes mayores en las universidades responde a razones demográficas, ya que los baby boomers se encuentran en plena eclosión, y a la posibilidad, una vez llegada a una edad en la que se suele tener más recursos, de «abordar los estudios» que quizás en un pasado no se pudieron llegar a cabo. Sobre la percepción que la sociedad tiene de esos estudiantes «sénior», la profesora considera que «aunque sigue llamando poderosamente la atención», ha engendrado una modificación «de las políticas educativas» de las universidades de nuestro país. En cuanto a su experiencia con estos alumnos, Onieva destaca el «interés enorme» que tienen, en comparación con los más jóvenes que se encuentran «en etapas totalmente distintas».

La opinión de los jóvenes

Los compañeros de estos estudiantes mayores se muestran entusiasmados y son conscientes de los beneficios que conlleva su presencia en las aulas. Destacan la “sabiduría” que les caracteriza, así como su facilidad para hablar en público, un acto al que los más jóvenes les cuesta acostumbrarse cuando pisan por primera vez la Universidad. Hay unanimidad entre los jóvenes en señalar la “ayuda” que en muchas ocasiones estos estudiantes les han brindado y, en definitiva, en considerar la presencia de estos compañeros como positiva.

Enfrentándose a todos los retos que supone volver a las aulas, los más mayores las rellenan de su conocimiento y aportan una perspectiva única. El fenómeno de estudiar después de los 50 años, que todo apunta que no dejará de crecer en los próximos años, es un testimonio vivo de la evolución de las percepción colectiva que tenemos de la edad, y ofrece nuevas oportunidades de aprendizaje y enriquecimiento para estudiantes de todas las generaciones.

Persiguiendo pasiones: estudiar una carrera pasados los 50