Las modelos de pasarela, con sus cuerpos esbeltos y su apariencia impecable, representan la perfección y la elegancia en la industria de la moda. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce; detrás de esta “perfección”, se esconden los problemas de salud mental que sufren muchas de estas mujeres que pertenecen a este mundo. 

Si por algo destaca la moda, es por la búsqueda de lo impecable y la gran importancia que se le da a la imagen. Las modelos están constantemente sometidas a dietas y restricciones para alcanzar ciertas medidas de cuerpo –en ocasiones muy difíciles de conseguir– , lo que a menudo desencadena trastornos alimenticios. La presión para mantenerse en ese peso puede ser agobiante, y las modelos se enfrentan a expectativas poco realistas impuestas por diseñadores, agencias de modelos y la industria de la moda. Las exigencias de este sector pueden llevar a un ciclo de perfeccionismo insostenible, en que las modelos se ven obligadas a buscar la excelencia absoluta.

No solo pueden sufrir trastornos alimentarios, pues las modelos se enfrentan a una exposición diaria. Su trabajo requiere que sean juzgadas constantemente, porque al final y al cabo, viven de su imagen, y a veces reciben comentarios o miradas que pueden afectar a su autoestima y generar inseguridades. Al ser constantemente evaluadas por su apariencia física, se produce una despersonalización y su cuerpo pasa a ser un simple objeto de escaparate.

La naturaleza de esta profesión también puede generar cierto estrés, ansiedad, sentimientos de soledad y aislamiento. Las modelos están acostumbradas a viajar sin parar, de una punta a otra del mundo. De primeras, participar en los desfiles de moda y sesiones fotográficas en lugares exóticos, puede parecer un trabajo más “divertido”, pero esto les obliga forzosamente a tener que adaptarse a nuevos entornos de forma temporal. Se trata de una forma de vida que no les ofrece estabilidad, lo cual les puede acabar generando estrés, ansiedad, sentimiento de soledad y aislamiento.

Otro factor importante es que el mundo de la moda es cambiante y muy subjetivo, algo que les somete a momentos de fracaso y sentir que su valía se relaciona únicamente a su apariencia física y a las tendencias del momento.

La falta de apoyo o recursos para abordar los problemas también es un problema significativo en esta industria. A veces, las modelos no reciben el apoyo emocional o psicológico que necesitan para hacer frente a los desafíos únicos de su profesión. Lo cual hace que muchas veces no exterioricen cómo se sienten y eso termine perjudicando su salud mental.

En este problema, aunque las protagonistas y principales afectadas sean las modelos, muchas veces las niñas o adolescentes, que todavía se encuentran en una etapa más vulnerable, toman como referencia los cuerpos de las modelos, y en ocasiones buscan parecerse a ellas para conseguir la aceptación de la sociedad, e intentan alcanzar unos estándares de belleza que no son naturales, y eso desencadena en trastornos alimenticios, como la anorexia o la bulimia, e incluso a problemas más emocionales como depresión o ansiedad.

Afortunadamente, cada vez hay más conciencia sobre este problema. La salud mental ha dejado de ser un tema tabú, y se están tomando ciertas medidas para acabar con esto. Muchas marcas y agencias están incluyendo a modelos con todo tipo de cuerpos, pues las nuevas generaciones destacan por la inclusividad y la aceptación. También se están estableciendo políticas que priorizan el bienestar de las modelos, y se están llevando a cabo campañas de concienciación para destacar los desafíos que enfrentan las modelos por escoger este trabajo.

Desde 2018, en el mundo de la moda se empezó a escuchar casos de acoso, maltrato e incluso abuso sexual que habían afectado a las modelos durante años. 

Sin embargo, los desafíos no se detienen ahí. Las modelos se enfrentan a una exposición constante a la crítica y la evaluación de sus cuerpos, lo que a menudo resulta en una despersonalización dolorosa y una autoestima fracturada. Su estilo de vida nómada, marcado por viajes constantes y una falta de estabilidad, contribuye aún más a sentimientos de soledad y ansiedad.

Además, el paisaje cambiante y subjetivo de la moda solo sirve para aumentar la incertidumbre y la inseguridad de las modelos, quienes a menudo se ven obligadas a cuestionar su valía basada únicamente en su apariencia física y las tendencias del momento.

Aun más preocupante es el impacto que este ciclo de presión y perfeccionismo tiene en las generaciones más jóvenes. Las niñas y adolescentes, aún en una etapa vulnerable de desarrollo, son influenciadas por los estándares irreales de belleza promovidos por la industria, lo que a menudo desencadena trastornos alimentarios y problemas emocionales graves.

Sin embargo, no todas las empresas de moda tienen esta mentalidad. La creciente conciencia sobre la importancia de la salud mental ha llevado a un cambio gradual en la industria. Marcas y agencias están comenzando a abrazar la diversidad y la inclusividad, priorizando el bienestar de las modelos sobre los estándares de belleza convencionales. Campañas de concienciación y políticas de apoyo están surgiendo y trabajando para crear un entorno más seguro y compasivo para todos.

A medida que la industria de la moda avanza hacia un futuro más consciente, es fundamental seguir luchando contra los estigmas y desafíos que rodean la salud mental. Solo mediante un esfuerzo colectivo y continuo podemos construir un mundo donde la belleza sea verdaderamente diversa y donde todos puedan encontrar su lugar sin sacrificar su bienestar emocional.