La evolución de los móviles ha mejorado significativamente la conectividad y la calidad de las fotos, además de facilitar el acceso a la información. No obstante, ha llevado a problemas como la obsolescencia programada y el reciclaje deficiente, aumentando la basura tecnológica. Según Iberdrola y Business Insider, la obsolescencia rápida y las modas de consumo están incrementando los residuos electrónicos en un 3-4% anual, con proyecciones que podrían llegar a 75 millones de toneladas para 2030.

La obsolescencia programada no solo se refiere a los dispositivos que dejan de funcionar, sino también a la aparición de nuevos modelos y a los dispositivos que pasan de moda, aumentando la basura tecnológica y dañando el medio ambiente. Es crucial que, como sociedad, exijamos a las empresas tecnológicas y a los gobiernos medidas para reducir el consumo excesivo y mejorar la gestión de desechos electrónicos, como prolongar la vida útil de los dispositivos, fomentar el reciclaje responsable y buscar alternativas sostenibles. Además, debemos considerar cómo lograr un cambio significativo que detenga la acumulación de estos residuos y proteja nuestro entorno, aprovechando los beneficios de los avances tecnológicos.

Para abordar el tema de los desechos electrónicos o RAEEs, es vital entender que este concepto se refiere a los residuos que provienen de equipos dañados u obsoletos que son desechados. La tendencia común es sustituir estos dispositivos por nuevos. Su manejo adecuado implica enviarlos a centros especializados de reciclaje. Business Insider señala que, en Europa, uno de cada siete dispositivos electrónicos se acumula en cajones, sin ser reciclados. Para promover un uso más sostenible de la tecnología, es esencial comprender y aplicar el concepto de sostenibilidad en la vida cotidiana. Para el ingeniero eólico Renato Loaiza, trabajador de DNV Group, empresa de energía sostenible: “implica realizar acciones con el menor impacto posible, consumiendo menos recursos naturales, económicos y de tiempo. La tecnología juega un papel importante para avanzar como sociedad hacia la sostenibilidad”.

En el caso de los dispositivos móviles, la sostenibilidad no se limita solo al adecua­do reciclaje una vez se descartan. Debe­mos volver a los principios básicos del re­ciclaje: reducir, reutilizar y reciclar. Joan Evans Pim, escritor especializado en los daños causados por la minería y miem­bro de la fundación Ecologistas en Acción, desta­ca que la sostenibilidad comienza con la conciencia que como usuarios tenemos al comprar un dispositivo móvil puesto que “debemos preguntarnos si realmente necesitamos un cambio y por qué lo necesitamos. Las compras conscientes son fundamentales”.

La entidad gubernamental responsable de gestionar y aprovechar cualquier ventaja de los móviles en España es el Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico. Por otro lado, la European Recycling Platform (ERP) es la compañía encargada de recoger y reciclar estos residuos. Según su informe anual de 2021, desde el año 2007, se han recolectado aproximadamente 400 mil toneladas de residuos, y cada año va en ascenso. De forma notable, de casi 10 mil toneladas de dispositivos tecnológicos descartados ese año, solo se recuperaron 4 mil toneladas.


A pesar de los esfuerzos de recolección, el reciclaje efectivo de residuos electrónicos sigue siendo limitado. Un experimento de la OCU en 2013 mostró dificultades para los consumidores al desechar aparatos usados y encontró que muchos dispositivos se manejan en lugares no autorizados, indicando posibles circuitos ilegales de desguace. Además, parte de estos dispositivos se desmantela al aire libre, sin regulaciones adecuadas, y aunque algunos residuos llegan a instalaciones de reciclaje autorizadas, no siempre son las más cercanas al origen del desecho.

Cuando un móvil alcanza su vida útil programada, en teoría, debería ser entregado en un punto limpio. Esto se debe a que, aunque muchos no lo sepan, en Europa parte del precio de compra de un dispositivo se destina a su reciclaje una vez que ya no sirva. Sin embargo, en la práctica, todavía no hay un compromiso efectivo con el reciclaje apropiado de estos aparatos. Daniel López, geólogo de la fundación Ecologista, especializado en el reciclaje desde hace dos décadas, lo califica de «calamitoso» debido a que “el porcentaje de reciclado es muy pequeñito, es casi im­posible conseguir cifras de reciclado que sean contrastables”. Comenta que hay dos problemas: “el primero que básicamente la cadena de suministro no está suficientemente vigilada y no del todo actualizada en los protocolos, además no pasan por estos puntos limpios, sino que van directamente a la basura convencional. Entonces, cuando un electrodoméstico llega a la basura convencional, su recuperación es difícil”.


Balance entre sostenibilidad y tecnología
El ingeniero Loaiza de DNV afirma que: “como sociedad, somos cada vez más conscientes de que los recursos ambientales son cada vez más escasos. Al mismo tiempo, cada vez somos más personas, por lo que es necesario poder llegar a un equilibrio entre satisfacer nuestras necesidades diarias con también tener un planeta que nos permita vivir”. Para este tipo de preocupación, fundaciones como Recyclia y Ecolec encargadas de la recolección de los RAEEs, han creado campañas como Greenweek, cuyo principal objetivo es tratar de que la sociedad participe llevando sus aparatos a estos puntos limpios, según nos cuenta Rafael Serrano del departamento de comunicación.

La basura no reciclada correctamente llega a los llamados cementerios digitales o vertederos tecnológicos. Esta acumulación se produce por su mal reciclaje. Rafael Serrano cuenta que, en España, una vez se separan las partes es “más fácil de realizar el reciclaje”. Los dispositivos se venden a países como Turquía, Pakistán, China y África, donde no se tratan correctamente, acumulándose en enormes vertederos. Serrano apunta que se les vende por un precio de 3000 mil euros la tonelada de tarjetas. Esta basura, a diferencia de la orgánica, no puede ser enterrada, por lo que a este tipo de residuos le toma años descomponerse. Según Recytrans, una batería tarda unos mil años en descomponerse y, en este proceso, sus materiales causan un daño en la tierra. En consecuencia, también se causan daños perjudiciales en las personas que se encuentran en los alrededores.

En resumen, gestionar correctamente los residuos electrónicos es un desafío creciente debido al rápido avance tecnológico y la obsolescencia de los dispositivos. Es crucial ser conscientes de los impactos ambientales y sociales de su mala gestión. Con la ayuda de expertos, hemos obtenido consejos importantes para las generaciones presentes y futuras, enfatizando la necesidad de realizar compras de tecnología de manera consciente, evitar compras impulsadas por modas, desechar correctamente los dispositivos en puntos limpios, y exigir estándares éticos más altos en la producción tecnológica como sociedad.