Políticamente correcto, tabú,  generación ofendida, woke… son algunos de los términos que escuchamos o leemos en nuestro día a día, especialmente en las redes sociales y con forma de hashtag . Estos términos, últimamente tan cotidianos, se relacionan con la  llamada “cultura de la cancelación”. Se trata de un movimiento sociocultural que experimenta su auge a finales de 2010, coincidiendo con la expansión de las redes sociales. Consiste en la exclusión mediante la retirada de apoyos a empresas, organizaciones o a personajes públicos, por un comportamiento, opinión o comentario que los internautas consideran inadmisible. Si bien es cierto que esta cancelación podía existir de cierto modo antes, mediante la censura y el recorte de libertades (especialmente en televisión), es ahora tendencia gracias al desarrollo exponencial de las redes.

El individuo “cancelado” puede ser rechazado socialmente o boicoteado profesionalmente por su comportamiento, un comentario o su ideología. Existen numerosos ejemplos en los últimos años. A través de Twitter, la red social de referencia para cancelar a personajes públicos, los usuarios han conseguido cancelar a diferentes celebridades. Es el caso de la escritora de la saga Harry Potter, J.K Rowling, por comentarios tránsfobos o los cantantes españoles Marc Seguí y Pol Granch por antiguos tweets de carácter machista y homófobo, entre muchos otros. 

La comedia y la cultura de la cancelación

Una de las industrias que juega más al límite en este contexto es la industria de la comedia.  No ha pasado mucho tiempo desde que en la pasada edición de los Oscars, Will Smith le propiciara una bofetada al cómico americano Chris Rock por hacer un chiste sobre la alopecia de su mujer, Jada Smith o ya en nuestro país, David Suárez, quien fue acusado de un delito contra los derechos fundamentales, por hacer un chiste de humor negro sobre las personas con Síndrome de Down. Por chistes de este estilo han ido cayendo un cómico detrás de otro ante el tribunal de los usuarios de las redes sociales. Louis CK, Roberto Bodegas, Patricia Sornosa, Jorge Cremades…

Cada cierto tiempo, el debate sobre los límites del humor, reaparece a través de las redes sociales o los medios de comunicación, a menudo reavivado por ejemplos como los anteriores. Se trata de un terreno complicado, resbaladizo y lleno de matices, dónde los propios humoristas tienen diferentes opiniones. Entonces, ¿cuáles son los límites del humor? 

Para responder a esta cuestión hemos querido preguntarle sobre el tema y desde su propia experiencia a dos cómicos : Diego Daño fundador del Golfo Comedy Club en Madrid y a Bruno Oro, cómico y actor barcelonés.

Entrevista a Diego Daño y Bruno Oro

Por otro lado, y debido a la repercusión judicial que ha habido en diferentes casos, hemos contado con la participación de Gonzalo Rodríguez, abogado, para entender mejor qué consecuencias puede tener sobrepasar estos «límites».

Entrevista a Gonzalo Rodríguez

El concepto de la cultura de la cancelación y los límites en la comedia tiene tanto defensores como críticos. Se ha discutido por el mero hecho de existir y a menudo se le tacha de medida social poco efectiva. Algunos sociólogos han calificado a esta generación partícipe en este movimiento como la generación ofendida.  Con el testimonio de María Prieto, alumna de Publicidad que trata la cultura de la cancelación enfocada a la sociología en su Trabajo de Fin de Grado, entendemos un poco mejor porqué ahora somos más susceptibles a determinados comportamientos o comentarios.

Entrevista a María Prieto

Los diferentes testimonios coinciden en que se sigue tratando de un concepto difícil de definir correctamente y en el que poder tomar una postura concreta. Se trata de un debate que seguirá apareciendo de cuando en cuando siendo consecuente con los valores del momento. Lo que queda claro es que en el humor el contexto y la ficción juegan un papel fundamental.