INTRODUCCIÓN

Graffiti ilegal en una pared

Grafiti de «firma» pintada en una nave de un polígono industrial.

Los grafitis están por todas partes, o al menos eso parece. A cualquier pintada con spray en una pared se le llama grafiti, a cualquier dibujo con cierta estética urbana se le denomina grafiti, aunque no esté en las paredes de espacios públicos como comúnmente se identifican ya que no todos son iguales, los hay legales e ilegales. Los primeros se hacen en espacios públicos destinados para ellos, con artistas grafiteros contratados y los segundos, se hacen en espacios públicos sin autorización y desde el anonimato.

La Real Academia Española denomina grafiti como “Firma, texto o composición pictórica realizados generalmente sin autorización en lugares públicos, sobre una pared u otra superficie resistente.” La RAE ofrece una definición muy superficial de este tipo de pintadas dejando pasar por alto muchos de sus elementos más característicos y, sobre todo, diferenciales respecto a otro tipo de pintada como son su simbología, su ideología impregnada, el estilo gráfico, su carácter artístico en muchas ocasiones y su estrecha relación con la cultura suburbana.

Grafiti mural en un gimnasio

Grafiti «mural» pintado en la pared de un gimnasio.

Por ello, es fundamental distinguir los “grafitis” de las “pintadas” como tal para poder centrar el tema. Los grafitis tienen un importante peso artístico, llevan un mensaje, aunque no contenga palabras y quienes lo pintan, los grafiteros, se dedican a ello profesionalmente y con cada uno de sus grafitis pretenden transmitir algo.

En cambio, las pintadas no tienen carga artística, se fundamentan en el lenguaje escrito que las conforma además de la no profesionalización de sus “escritores” que las realizan de forma esporádica sin un fin concreto ni diferenciadora.

Fundamentalmente, los grafitis se desarrollan como un fenómeno artístico-cultural mientras que las pintadas se mueven en el espectro político-social. Aunque, a pesar de estas diferencias, tienen muchos elementos comunes que hacen que socialmente no se distingan entre sí como son su realización en la vía publica de forma ilegal, la expresión de ideas a través de ellos y el anonimato de los que pintan entre los más destacados.

Grafiti feminista en la Gran Vía de Madrid

Graffiti feminista pintado en la Gran Vía de Madrid por el 8M.

Profundizaremos en un aspecto en concreto: su ilegalidad ya que hay grafitis que están aceptados en incluso subvencionados por las arcas publicas para que formen parte de las calles y los espacios públicos. Si bien este tipo de grafitis legales existen, la gran mayoría que conforman el paisaje urbano son grafitis ilegales de pintores anónimos. Muchos de estos grafitis ilegales, no son más que pintadas sin trascendencia cultural alguna.

CONTEXTO

Los inicios de los grafitis se remontan a Estados Unidos en los años sesenta, más concretamente a la estación de Stanford de Filadelfia donde las pandillas callejeras usaban sus paredes para marcar territorio y los activistas políticos para reivindicar sus protestas. Esta práctica la retomaron de la tradición histórica que ha tenido el ser humano de pintar los espacios por los que pasa para representar todo tipo de situaciones cotidianas desde el 1200 a.C.

La historia del grafiti en España la empezó a escribir el grafitero madrileño Muelle que llenó Madrid a principios de los años 80 de su singular firma haciendo nacer en nuestro país que imitaba al modelo norteamericano. Cada vez más jóvenes van sumándose a la moda del grafiti cuyo estilo se va moldeando y mejorando llegando a ser miles en las ciudades de toda España que formaron “La Movida” que conforma el nuevo movimiento cultural de jóvenes con una estética, música y ocio determinadas. En la década de los 90 el grafiti empieza a ser reconocido y a profesionalizarse convirtiéndose en uno de los principales símbolos de la juventud de la época y llegando decorar platós de televisión. A pesar de ello, la “esencia” grafitera continuó hasta nuestros días en la que la gran mayoría de los grafiteros siguen en el anonimato, la clandestinidad, la ilegalidad y la presencia en las calles de las grandes ciudades con todo tipo de firmas y dibujos.

A partir de esta época de profesionalización del grafiti empezaron a surgir las dos vertientes del grafiti que vamos a tratar: la ilegal y la legal. Los grafiteros legales comienzan a ganar prestigio (Muelle) y a hacerse un hueco en la sociedad donde se empieza a ver con mejores ojos estas pintadas urbanas mientras que el resto de los grafiteros anónimos no paran de crecer perfeccionándose las técnicas y el diseño.

 

Firma del graffitero MOAI

Firma del graffitero MOAI al estilo bubble letters

*ENTREVISTA MOAI*

La parte más visible y polémica del grafiti es la que se realiza de manera ilegal, con la paradoja de su ejecución desde el anonimato. Moai, que no quiere enseñar la cara ni su nombre. Es un chico joven que apenas lleva más de dos años en el mundillo del grafiti al que entró por «colegas» que estaban metido en ello y empujado por su afición al dibujo. Moai habla de estilos, los sitios favoritos por los grafiteros para pintar y cómo se organizan en bandas o crews para grafitear y en las que impera la ley de «no tachar».

*ENTREVISTA ISRA*

La parte legal de los grafitis existe aunque la gran mayoría de ellos hayan empezado su carrera de forma ilegal. Un claro ejemplo de ello es Isra, más conocido como ONIX, el nombre con el que «firma» sus grafitis. Es un grafitero profesional que lleva unos dos años en el mundo del grafiti, en el que empezó «como todos» dice, pintando en cualquier lugar de la calle de forma ilegal.

*CANUTAZOS*

Los grafitis impregnan la gran mayoría de los espacios públicos del país, en su mayoría realizados ilegalmente. Estos espacios son públicos, es decir, de todos y por ello cada la opinión está divida en quienes lo consideran un arte urbano y parte del paisaje de las ciudades y otros, en cambio, piensan que es vandalismo y consideran que los grafitis ensucian las calles más que decorarlas.

Graffiti en un gimnasio

Graffiti anónimo de una boxeadora con destellos el interior de un gimnasio.

*ENTREVISTA JUAN ANTONIO LÓPEZ*

Uno de los lugares preferidos por los grafiteros para realizar sus pintadas son las estaciones de trenes, sobre todo los vagones de tren y las vías. Esto es algo que viven y sufren los trabajadores de estas estaciones, que tienen que sufrir a diario los actos vandálicos de jóvenes grafiteros que provocan el freno de la actividad de los trenes que pintan, el desbordamiento del personal de seguridad y una gran cantidad de dinero público que se tiene que destinar para eliminar este tipo de pintadas. Juan Antonio López, que es trabajador de Renfe nos cuenta como se vive como trabajador de una estación de tren este tipo de actos.

LOS GRAFITIS EN ESPAÑA EN CIFRAS

Renfe destina anualmente 25 millones de euros para limpiar y evitar la pintada de grafitis en los trenes de la operadora. De estos 25 millones de euros, 15 millones se destinan a la contrata de empresa de mantenimiento que limpia los vagones y los otros 10 millones están destinados a la contrata de personal de vigilancia para este tipo de vandalismo, según datos ofrecidos por la operadora en 2018.

En 2017 las pintadas en trenes aumentaron un 60%, cifra que no deja de aumentar desde hace una década. Se calcula que al año se realicen más de 7.300 pintadas en estaciones y trenes de toda España que en su mayoría son hechas por grupos de jóvenes cada vez más violentos.

Graffiti cutting lines en una nave abandonada

Graffiti anónimo al estilo «cutting lines» pintada en una nave industrial abandonada.

Además de las enormes cifras de dinero que destinan las arcas públicas, los perjuicios no son solo económicos ya que las pintadas en los trenes afectan a los pasajeros que en ellos viajan. Unos 200.000 pasajeros anuales se ven afectados debido a los retrasos que provocan las pintadas ya que, al grafitearse un tren este tiene que ser desalojado y limpiado de forma inmediata llegando a quedarse el tren afectado hasta una semana fuera de servicio. Por ende, los trabajadores de las estaciones y trenes también se ven afectados por las amenazas y la agresividad de los grafiteros a los que en la mayoría de los casos el personal de seguridad no puede controlar.

Graffiti medio borrado en CCINF

Graffiti medio borrado en el edificio nuevo de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM.