Acabar el bachillerato y hacer estudios universitarios. La EVAU, también conocida como Selectividad, PAU, EBAU, ABAU o PEvAU en función de la comunidad autónoma, hace de nexo entre ambos senderos y supone una transición por la que todo estudiante ha de pasar para poder estudiar una carrera. Desde grados en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) con notas de corte extremadamente elevadas como el doble grado de Física y Matemáticas (13,725), otros con una dificultad media-alta como Biología (9,770), hasta otros que directamente obtienen la calificación mínima, como Turismo o Trabajo Social (ambas con 5,000), es importante saber qué titulación se quiere elegir y cuál es su puntuación de acceso correspondiente.

A pesar de encontrar carreras con notas variadas, la mayoría han tendido al alza en los últimos años. Esta subida se observó especialmente entre los cursos 2018-19 y 2019-20 a causa de la pandemia del covid-19. Poniendo a la UCM como ejemplo, desde las más demandadas, como Medicina (de 13,044 a 13,408), Odontología (de 12,229 a 12,631) o Enfermería (11,108 a 11,938), hasta las que menos, como Arqueología (de 7,481 a 7,956), Filosofía (de 7,598 a  8,079) o Estudios Ingleses (de 6,548 a 9,986), todo ello mientras las calificaciones de 13 se dispararon, prácticamente ninguna carrera ha sido la excepción.

Fuente: Comunidad de Madrid. (2020). Notas de Corte – Comunidad de Madrid.

Los motivos de este fenómeno se pueden resumir en dos: una mayor demanda, que se traduce en una mayor competencia, y un modelo de examen con mayor optatividad. Para entender esto último, el modelo de la EVAU hasta 2019 tenía dos opciones; una a elegir. A partir de 2020, esto desaparece para que el estudiante pase a poder escoger un número determinado de preguntas entre todas las que incluye la prueba; por ejemplo, en Matemáticas se debe elegir cuatro de sus ocho ejercicios.

Pero la Selectividad no es solamente cuestionada por su voluntariedad, sino también por sus contenidos a veces meramente teóricos y memorísticos. Rosa María Fernández de la Fuente, vicerrectora de estudiantes en la Universidad Complutense, explica que hubo intentos desde el Ministerio de Educación por querer hacer la prueba más compatible a la ley de educación actual en vigor, la LOMLOE, “que tiene como cambio fundamental que el aprendizaje tenga que ver más con las competencias que con los contenidos”. 

De esta forma, el modelo de la EVAU cambiará para 2025. Entre sus novedades, los ejercicios se centrarán en evaluar otras competencias como la creatividad, el pensamiento crítico, la reflexión y madurez; las preguntas se contextualizan en entornos artísticos, científicos, humanísticos y tecnológicos; en la mayoría de los casos solo habrá un único modelo de ejercicio; así como que las preguntas podrán incluir respuestas cerradas, semiconstructivas o abiertas.

Estudiantes universitarios concuerdan con este nuevo tipo de examen y muchos señalan precisamente el enfoque demasiado teórico utilizado actualmente. Luis José García López, estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense, cuenta que cuando hizo la EVAU en 2020 tuvo a un profesor en su instituto que le dijo que el sistema educativo se basa en “estudiar y vomitar”. Yu Jin, estudiante en Gestión de la Información y Contenidos Digitales en la Universidad Carlos III, también afirma que “la teoría es memorizarla”, aunque expresa que habrá que ver cómo se aplica finalmente este modelo en 2025.

Pese a que cambie el tipo de prueba, la EVAU seguirá variando en cada comunidad autónoma. Este es un debate que lleva presente desde siempre entre profesores, estudiantes y partidos políticos, pues el alumno puede solicitar cualquier universidad en España independientemente de la comunidad autónoma en la que haya realizado la Selectividad. El problema recae en que el examen se ajusta a las competencias y contenidos que exige la región en su modelo educativo. Por este motivo, no es lo mismo hacer la prueba en la Comunidad de Madrid, que en Andalucía, Galicia o Cataluña: cada modelo es distinto en términos de dificultad e incluso de asignaturas; por ejemplo, estas dos últimas comunidades incluyen su idioma autonómico como una materia adicional.

La mayoría de alumnos expresan su desacuerdo con respecto a estas diferencias. Yu considera “injusto” que un andaluz tenga más facilidades para “optar a mejores universidades que las personas de Madrid por tener un examen más difícil”. A diferencia de él, Vincent Bastide, también estudiante de Periodismo en la UCM, no ve la utilidad de que haya un único examen para toda España y argumenta que “las regiones tienen sus particularidades y diferencias”.

Fuente: González, J. (2019). Las diferencias entre el examen de Historia de Selectividad en Madrid y Andalucía, por preguntas. El Español. 

Por otro lado, la vicerrectora Fernández de la Fuente expone que se están esforzando por ir “homogeneizando los criterios, las estructuras o los tipos de preguntas en las comunidades autónomas”. Pese a ello, alega que sigue habiendo diferencias entre regiones que no dependen de ellos, mientras que “en otras están acercando posiciones: cómo se corrigen las faltas, cómo se estructuran los exámenes, etc”.

Sin embargo, ¿hay diferencias en el nivel de preparación de los alumnos en los últimos años? ¿Actualmente los alumnos están lo suficientemente preparados para hacer la EVAU y estudiar una carrera? Yolanda Martínez Solana, doctora en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, ha notado esas diferencias y “quizás a peor”. La profesora comenta que en los últimos diez años el nivel de información de sus estudiantes ha decrecido hasta el punto de que, por ejemplo, desconozcan de la existencia de figuras históricas del siglo XX como Hitler o Franco. Ella sostiene que este empeoramiento se debe a “los planes de estudio que dan una enseñanza peor de la que existía hace 20 años”.

Armando Recio, también doctor en la Facultad de Ciencias de la Información, coincide con la profesora Martínez Solana. El profesor especializado en Historia de la Propaganda nota carencias en los conocimientos de sus estudiantes en historia y expresión escrita. Observa que hay “un exceso de literalidad” que considera negativo ya que así “se pierde la riqueza del doble sentido y de las ambigüedades”. Por lo tanto, concluye en que “hay que adaptar la forma de enseñar a las nuevas formas de aprender”.

Por todo ello, ¿se frenaría esta subida de notas que se ha apreciado en los últimos años? ¿Estos cambios en el modelo de examen realmente cubrirían estas carencias que mencionan ambos profesores? ¿Se lograría así atender a competencias más valiosas como la creatividad, el pensamiento crítico o la madurez? Por ahora, no hay una respuesta por excelencia que resuelva todas estas cuestiones. Solamente el tiempo dirá si se consigue cumplir finalmente con estos objetivos.