La necesidad de los espacios religiosos o la desigualdad entre religiones abre un espacio para la reflexión y el debate en la Universidad Compluense

Crucifijos, textos sagrados y altares. Así están decorados los distintos espacios religiosos en la UCM. Algunas facultades de esta universidad han mantenido durante décadas estos lugares que, en principio, se han dedicado a la práctica católica de su comunidad. Así, todo el mundo tiene acceso a este servicio espiritual, con independencia de su sector social o del campus en el que se encuentre.

Sin embargo, son pocas las personas que parecen emplear estos sitios para el culto religioso y, en principio, pocos conocen sus actividades o localización. Cabe preguntarse, ¿son realmente necesarios estos espacios dentro de la universidad pública?

Del franquismo a la democracia

El origen de los espacios religiosos en la UCM, en forma de capillas, se remonta al franquismo. El régimen de Franco abanderaba la religión católica en la vida civil y firmó en 1953 el Concordato con la Santa Sede. Este texto otorgaba ciertos privilegios a la Iglesia en la sociedad española. Por ejemplo, eximía a los clérigos del servicio militar, le concedía una dotación anual a la Iglesia y le daba control de la educación pública. Así, en el artículo 26 establece: “La enseñanza se ajustará a principios del Dogma y de la Moral de la Iglesia Católica”.

Con la llegada de la democracia, el gobierno de Adolfo Suárez firmó en 1979 una reforma de este texto, con el que pretendía reducir el peso de la institución en la sociedad. Varios de los artículos limitaban el poder en la esfera pública de la que había gozado la Iglesia hasta entonces. En el caso de las universidades, sin embargo, el Estado se comprometía a garantizar “actividades religiosas en los Centros universitarios públicos”, así como los locales y medios necesarios para estas.

Desde entonces, ningún gobierno ha modificado de nuevo los acuerdos con la Iglesia que siguen en vigor. Eso sí, estos despejan la vía a la confesión católica y le otorgan espacios en la universidad pública, pero no al resto de religiones.

¿Cómo se organizan las capillas de la Complutense?

En la actualidad, la Complutense acoge ocho capillas repartidas en diferentes facultades: Ciencias de la Información, Derecho, Educación, Farmacia, Filosofía, Historia y en el campus de Somosaguas. Cada una de ellas está decorada con elementos católicos y no se ve rastro de otras confesiones religiosas.

Interior de la Capilla de la Facultad Ciencias de la Información.

Aunque los espacios de estas facultades están gestionados por sus respectivas juntas, estas no dirigen el servicio religioso. Dentro de las universidades madrileñas, la pastoral universitaria es el grupo encargado de organizar misas, voluntariados y otras actividades de índole católico. Este está abierto a distintos sectores de la universidad, como los estudiantes, profesores y colegios mayores.

Pese a que estos espacios parecen estar abiertos a toda la comunidad, en la pasada década generaron polémica dentro de la comunidad universitaria. Uno de estos casos sucedió en 2011, cuando un grupo de al menos 50 personas se quitaron las camisetas y lanzaron una protesta contra la Iglesia en la capilla de Somosaguas. Entre las participantes, se encontraba Rita Maestre, quien fue multada por estos sucesos y más tarde absuelta, tal y como indicaron diversos medios como El País.

Otro momento en el que se incendió el debate sobre la religión en la Universidad Complutense se remonta al traslado de la capilla de Geografía e Historia durante el rectorado de José Carrillo, en 2014. Este evento coincidía con la revisión del acuerdo de la institución con el arzobispado en 1993. Sin embargo, no se han vuelto a dar ni debates acerca de la capilla ni incidentes similares en los últimos años.

Espacios religiosos en la UCM

A pesar de la constante actividad que parecen organizar los grupos religiosos de la universidad, es difícil encontrar alumnos que se muestren, por lo menos abiertamente, como partícipes de estos actos o espacios. La gran mayoría ni siquiera saben que existe una capilla (o espacio ecuménico) en las facultades anteriormente mencionadas.

Por tanto, se puede afirmar que los espacios religiosos quedan relegados a pequeños grupos, a una minoría dentro de la vida estudiantil. Esto se agrava aún más cuando se observa que, efectivamente, hablar de religión en la universidad (por lo menos en la Complutense) es hablar de catolicismo. Si la masa estudiantil es pequeña, decrece aún más cuándo solo nos centramos en una confesión, por muy mayoritaria que sea.

La posición actual del alumnado es apática, se muestran indiferentes ante los espacios comunes dedicados. Eso sí, la mayoría afirma, de nuevo, que estos espacios y/o actividades deberían ser iguales para todas las religiones. En caso contrario, se oponen, generalmente, a la mezcla de religión y universidad pública.

Aquí es donde se encuentra el verdadero debate, el quid de la cuestión. ¿Realmente los espacios religiosos de las facultades están abiertos a todas las confesiones? ¿Tiene un musulmán las mismas oportunidades de practicar su religión que un católico? La respuesta es sencilla: no.

Solo el nombre de los espacios dedicados a la religión en las facultades es un claro ejemplo de ello. Aunque, por lo menos en la Facultad de Ciencias de la Información, desde la cúpula universitaria lo denominan «Espacio ecuménico», en la puerta de acceso se lee en mayúsculas la palabra «Capilla». Asimismo, estos espacios están plagados de símbolos católicos y, en numerosas ocasiones, regentados por su propio sacerdote.

La Universidad Complutense vende estos espacios como lugares seguros para la práctica de cualquier confesión, pero la realidad es que sigue manteniendo una tradición arcaica que va de la mano con el catolicismo más rancio. Para debatir sobre la necesidad o no de estos espacios, primero se debe paliar la injusta desigualdad entre confesiones.