Desde que el COVID-19 impactó en nuestras vidas, el teletrabajo se ha vuelto la nueva normalidad para millones. Lo que comenzó como una medida de emergencia ha evolucionado, transformando nuestra concepción del trabajo. Este cambio ha traído desafíos y oportunidades, generando reflexiones sobre el futuro laboral y su impacto en la sociedad.

El teletrabajo es esa posibilidad de poder realizar tus responsabilidades laborales de forma remota. La evolución tecnológica ha conseguido que ya no haga falta estar en la oficina, sino que se puede hacer distanciado del puesto y desde casa. Cualquier lugar adaptable a Internet es apto. Y es un recurso cada vez más utilizado por las empresas que ven una posibilidad que tienen los trabajadores. El futuro parece que pasa por este método de trabajo remoto que desde la pandemia cada vez está más implantado en la sociedad. Según datos de El País, el teletrabajo superó los tres millones de empleados en 2023.

Roxana Popelka, del departamento de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), define el trabajo remoto como «una posibilidad de trabajo online donde los trabajadores desempeñan su función desde un domicilio particular sin necesidad de acudir al puesto de trabajo”. Además, hace hincapié en la diferencia que hay entre géneros. Para las mujeres esto es una posibilidad de conciliar el trabajo con la vida privada. Ellas son las que más tiempo ocupan tareas del hogar superando al hombre por casi 3 horas (4 horas y 7 minutos, y los hombres destinan 1 hora y 54 minuto en números proporcionados por la encuesta de Empleo del Tiempo del INE).

Para entender los factores sociológicos de que se establezca el trabajo remoto, hay que situarse en el 2020 en la pandemia por el virus COVID-19. Cuando nos vimos obligados a quedarnos encerrados en nuestras casas por las restricciones sanitarias impuestas. Las empresas, primero las privadas y luego las públicas, se tuvieron que adaptar a las circunstancias. Dentro de las estructuras sociales, los beneficiados son los trabajadores al no tener que acudir al puesto. Se ven favorecidos en salud mental o conciliación, principalmente en las grandes ciudades. Estas condiciones presumiblemente favorables redundan en una consecuencia positiva en la productividad del trabajo por la predisposición. Las dinámicas de grupo no se verían afectadas, ya que se cuenta con programas de reuniones eficientes que facilitan la colaboración y el trabajo en equipo.

Roxana: «El hecho de teletrabajar unos días a la semana hace que estés en una buena disposición para cumplir con tu trabajo»

Para las empresas, el teletrabajo supone una importante reducción de gastos al no necesitar oficinas tan grandes. Sin embargo, los departamentos de recursos humanos perciben que los trabajadores que optan por teletrabajar con más asiduidad y tienen una menor relación con sus compañeros les cuesta más entenderse con ellos a la hora de dar forma a sus ideas. Por ello, suelen proponer un régimen mixto en el que los empleados se alternan para algunos días ir a la oficina y otros trabajar desde casa.

El principal beneficio para los trabajadores es que ganan tiempo: no hay que hacer frente a un largo desplazamiento hasta el lugar de trabajo. Ya no es necesario madrugar tanto para prepararse para salir a trabajar, etc. . Esto supone para muchos una gran reducción del estrés, pero no todos lo ven con tan buenos ojos. Para que un trabajador pueda cumplir con sus obligaciones desde su domicilio necesita estar libre de distracciones, de un espacio de trabajo libre de ruidos del que muy pocos disponen. Los más veteranos están hechos a una rutina que es difícil de cambiar después de tantos años, lo probaron obligados por la pandemia, pero no les resultó cómodo adaptarse al nuevo modelo y a las reuniones a través de internet.

La posibilidad de teletrabajar significa una ayuda para los trabajadores del sector terciario, aunque, como todo avance, depende de cómo y con qué fin se use. En sociedades como las actuales en las que existe una crisis continua, algunos empresarios pueden aprovecharse del trabajo a distancia para reducir costes salariales. Si el empleado no tiene la necesidad de asistir a una oficina, a la empresa le puede dar igual desde dónde trabajen para ellos. En puestos que requieren de una menor cualificación pueden preferir contratar a trabajadores en el extranjero. Ya ocurrió anteriormente en el caso de las teleoperadoras o de las fábricas textiles. No todos los países tienen una legislación que proteja los derechos de los trabajadores como España.

Como conclusión, podemos afirmar que este método de trabajo adoptado en la pandemia no es perfecto y depende sustancialmente de la empresa y del trabajador. No todos los puestos son adaptables a este formato, principalmente en los que se reciben clientes. Es fundamental encontrar un equilibrio entre la flexibilidad y la efectividad laboral, adaptando el teletrabajo de manera inteligente para maximizar sus beneficios y minimizar sus limitaciones. «Puestos como los de técnico o ingeniero son los que más piden teletrabajar», afirma Antonio, trabajador de recursos humanos de EULEN Flexiplan.