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Periódico universitario UCM en la web 2.0

Yo soy Cañada: la Cañada Real

 

capture-20170327-195729Entre jeringuillas y agua destilada se alza la Parroquia de Santo Domingo de la Calzada. Tal vez alzar no sea el verbo más adecuado para describir un espacio que se encuentra prácticamente alejado de la urbe madrileña y rodeado en su totalidad por las chabolas, desechos y basura que integran el sector 6.

Con más de 7.000 habitantes, aunque no existe un censo exacto, la Cañada Real Galiana se encuentra entre los municipios de Rivas, Coslada y Vallecas, ocupando un total de 14,7 kilómetros, de los cuales, en los que se centra este reportaje, 1,4 corresponden al denominado “kilómetro de la droga”, del sector mencionado anteriormente. Rumanos, marroquíes y gitanos españoles se establecen en un suelo socavado en el que los techos de sus casas ni siquiera tienen uralita. Eso sí, coches de último modelo hay por todas partes. Y es que si algo queda muy claro cuando accedes a la Cañada Real es que entras en un mundo paralelo, una zona apartada a la que no llegan ayudas y donde el hedor en algunas de sus partes hace casi insoportable el tránsito. La pregunta es, ¿quieren los ocupantes de la Cañada que dichas ayudas lleguen? Los seis sectores que la conforman a su paso por la Comunidad de Madrid se diferencian en barreras estructurales que dividen los espacios que componen este terreno de asentamientos ilegales. Son esos contrastes y no el que haya nombres de calles los que ejercen de elementos diferenciadores para que los ciudadanos de la zona sepan por dónde se están moviendo, un laberinto prácticamente sin salida para los que no habitan allí.

capture-20170327-200022

capture-20170327-200156Con pelo largo, estilo heavy y fanático de la espeleología, el Padre Agustín lleva 10 años de su vida ayudando en Santo Domingo de la Calzada a los “marginados de los marginados” e intentando visibilizar a aquellos que ni siquiera tienen voz y cuya lucha social no es escuchada. Cuando se le pregunta el porqué de la elección de esta parroquia, él responde: “¿Y por qué no? La parroquia es una forma de dar equilibrio a la realidad de la Cañada”. Tan solo una vez a la semana la Iglesia ejerce la función para la que, según las convenciones sociales, está destinada: dar misa. Y es que, en la Cañada, se oye de todo menos las oraciones de Agustín, que es más un consejero y casi abogado que un párroco. El resto del tiempo Santo Domingo es un centro clínico y dental, un comedor social y el terreno donde se instala el autobús antidroga. Y es que la única oración que se observa en el edificio es “yo estoy bien si tú estás bien”, de ahí sus múltiples funciones, que son de todo menos religiosas.

El sur de la Cañada Real Galiana no tiene ni siquiera zonas pavimentadas. Su suelo está formado por montones de gravilla y tierra donde el paso de los días y el tránsito de los coches que se acercan a la zona hacen de estas carreteras unas calzadas compuestas por socavones que más se asemejan a un vaivén que a un camino. El punto neurálgico lo conforma la Parroquia. Por ello, la zona se está acondicionando con camiones que depositan zahorra para uniformizar el terreno, una medida llevada a cabo gracias a donaciones privadas. Es en esta explanada donde se sitúa desde el día 2 de febrero de este año el autobús antidroga, un vehículo que acude todos los días a las 11:00 de la mañana a dar su dosis diaria a más de 100 personas que requieren sus servicios. Estos se componen de jeringuillas para intentar disminuir el contagio de enfermedades, toallitas desinfectantes, agua destilada y metadona para tratar los cuidados paliativos. Por eso no es inusual ver gente drogándose en las inmediaciones, es más, es algo común en lo que ni la Policía interviene. Furgones de estos funcionarios conviven diariamente con los taxis de la droga, como si fuesen un vehículo más, haciendo la vista gorda a una actividad considerada delictiva en cualquier otro lugar. Son ya parte del paisaje de la Cañada Real, al que se le añade la suciedad. Aunque los trabajadores de Selur, la agencia de limpieza encargada de la zona, intentan hacer su labor, el desempeño es “insuficiente”, declara así el Padre Agustín, y es que la Iglesia más que un lugar sagrado de culto parece un santuario de la basura.

Pero si hay algo que es insuficiente es el interés político mostrado hacia la Cañada Real. “Las luchas políticas impiden actuaciones”, afirma el Padre Agustín, que se muestra totalmente descontento sobre la actuación de los responsables de los partidos políticos que han gobernado y gobiernan en la actualidad en los Ayuntamientos limítrofes con la Cañada. La primera Ley que aborda la situación del asentamiento se empezó a negociar en 2009, fue regulada en 2011 como Acuerdo Marco Social y, por último, se suscribió el 30 de abril de 2014. Tanto retraso se debe a la negativa a firmar del Ayuntamiento de Rivas, por lo que únicamente Madrid y Coslada elaboraron un plan conjunto que actúa en el área social, jurídico-civil, urbanismo, vivienda y seguridad ciudadana. “El Plan (por el Acuerdo Marco) tiene aspectos positivos, que permiten a las personas integradas mejorar su situación, si se invierte como barrio y se generan las condiciones para que pueda constituirse como barrio, con lo que supone la vida comunitaria. La solución valdrá para algunos, pero hay que dar respuesta a todos”, declaran desde la ONG Fundación Secretariado Gitano. Con el acuerdo, “la Comunidad de Madrid quiere buscar una solución definitiva para los vecinos y tiene como objetivo que se puedan quedar la mayoría de vecinos censados en la Cañada”, declaró Salvador Victoria, el que por aquel entonces era consejero de Presidencia y Justicia y portavoz del Gobierno regional, tal y como informan fuentes de la ONG.

¿Fue, y sigue siendo, esta única Ley útil para la regulación política y social del poblado chabolista? El 14 de marzo de 2017 se presentó el Pacto Regional por la Cañada Real. “Por fin todos los partidos políticos, grupos asamblearios y las cuatro organizaciones territoriales que afectan a la Cañada se han puesto de acuerdo”, manifiesta el Padre Agustín. “Esperemos que ahora los políticos que vengan detrás no deroguen los acuerdos alcanzados en beneficio de este territorio y sus vecinos”, continúa. Con este acuerdo se pretende desmantelar la Cañada Real como asentamiento ilegal y mayor punto de venta de drogas de nuestro país, al que, según cifras no oficiales, acuden a comprar 8.000 personas diariamente. La preocupación de los vecinos radica ahora en saber qué va a pasar con sus casas y dónde los realojarán. “Este acuerdo supone un avance político, aunque todavía hay un limbo legal muy amplio en el que no se sabe qué puede ocurrir”.

Entre toda la miseria del sector 6, hay un edificio que evoca a la esperanza, sobre todo para los más pequeños. En un antiguo almacén de capture-20170327-200316muebles presidido a su entrada por un campo de fútbol de césped artificial se encuentran las asociaciones El Fanal, Cáritas, La Caixa y Cruz Roja. Los diversos murales que adornan las paredes en tonos alegres contrastan con la sintonía óptica de la Cañada Real. La asociación El Fanal, recuerda a un centro sociocultural en el que sus paredes, aprovechando el Día Internacional de la Mujer, están decoradas con mensajes a favor del género femenino y la igualdad. Cáritas, por su parte, aboga por la alfabetización de los adultos marroquíes durante las mañanas y el apoyo escolar a los niños por las tardes, además de contar con un FP de peluquería para darles una posible salida a los adolescentes, aunque solo sirva como vía de escape a su día a día.

Si algo queda claro en la Cañada Real es que de nada valen los prejuicios. “Puedes encontrarte con todo aquello que quieras, depende de lo que pienses que vas a ver”, contesta el Padre Agustín cuando se le pregunta acerca de una mujer con su nieta que podrían ser de cualquier barrio menos de este. Pero es inevitable situarse en el lugar y no sentir el denominado “efecto Cañada”. Cuando no se está acostumbrado a vivir en ese ambiente, tan siquiera a verlo, todo sorprende, incluso la generosidad de aquellos que ayudan en un entorno como este. Las personas que viven en estos 14 kilómetros de asentamientos ilegales (que ya han desbancado a Las Barranquillas como principal punto de venta y consumo de nuestro país) no conocen un mundo más allá, o tal vez no puedan ni quieran conocerlo. Algunas incluso luchan por la normalización y desestigmatización de una zona en la que los niños son felices jugando con dos simples palos, como si de las más modernas espadas de Star Wars se tratara. Por todo esto y por lo que no se puede explicar en un reportaje, ellos son Cañada.

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