Pages Navigation Menu

Periódico universitario UCM en la web 2.0

Voluntariado independiente en Grecia: iniciativas juveniles en la crisis migratoria

Foto propia de “Refugio Atenas”

Son numerosas las asociaciones que trabajan en apoyo a las agencias internacionales e instituciones de cada país y que centran su trabajo en abordar las situaciones de emergencia y abastecer las necesidades de estos migrantes, y cuyas líneas de actuación no se limitan exclusivamente al apoyo material, sino al seguimiento psicosocial y en pretender mejorar la calidad de vida desde diferentes puntos de acción. La construcción en 2012 de una valla de cuatro metros de altura con alambre de púas y 10,3 kilómetros de longitud entre Grecia y Turquía ha provocado que el flujo de migrantes irregulares concentre sus esfuerzos de entrar en la UE a través de la vía marítima, siendo la ruta entre territorio turco y las islas griegas cercanas del Egeo el principal recorrido de entrada a Europa. Según las cuentas de ACNUR, un total de 856.700 personas llegaron a Grecia de forma irregular a lo largo de 2015, y entre enero y agosto de 2016, cerca de 163,700 personas, de las que el 47,6% son de nacionalidad siria, un 24,7% afgana, un 15,1% iraquí, y el resto de muchos otros países, fundamentalmente de Oriente Medio.

13669259_1012808822166632_8992391674678144586_o

Foto propia de “Refugio Atenas”

Voluntart es una asociación nacida en mayo de 2016 e integrada por jóvenes de entre 19 y 30 años, que a raíz de la emergencia umanitaria en Grecia, decide reunir a a diferentes voluntarios independientes y llevar a cabo un proyecto de actividades con niños y niñas refugiados. Junto con otras organizaciones hermanas como Refugio Atenas y Holes in the Borders, conforman el programa joven de voluntariado español con mayor movimiento al margen de instituciones gubernamentales y ONGs. Su actuación no se limita al extranjero, pues organizan numerosos eventos para financiarse y dar apoyo a los voluntarios desde diferentes punto de España, además de coordinar acciones de concienciación.

La UE no ha habilitado vías legales y, por tanto, seguras para que las personas que huyen de conflictos en sus respectivos países puedan entrar en el continente por medios seguros. Para la gran mayoría de familias con las que trabajan, dicen, la primera toma de contacto con Europa ocurre al llegar a Estambul, donde se ven forzados a recurrir a distintas mafias que operan en los alrededores de la plaza Taksim. Según cuentan, aquellos con mayor solvencia económica son documentados con pasaportes falsos para entrar a Europa a través de vuelos procedentes de Latinoamérica; aquellos que cuentan con menos recursos, se les embarcaba en el ferry a Lesbos, actualmente controlado con mano de hierro, para lo que se les solía cobrar cerca de 2.000 euros -pese a que el billete no cueste más de 5-. El resto deben cruzar la frontera en patera desde la ciudad turca de Esmirna, donde tienen un segundo contacto con las mafias, que les distribuyen entre una amplia red de hostales implicados, para luego ser trasladados en furgonetas hasta las lanchas, donde se hacinan entre 50 y 60 personas en vehículos con una capacidad máxima de 20. La fuerte vigilancia por parte de la Guardia Costera griega en colaboración con Frontex -una unidad europea de seguridad marítima-, obliga a recorrer largas rutas donde se exponen a riesgos climatológicos que a menudo desembocan en accidentes fatales.

Durante la elaboración del reportaje, hemos podido entrevistar a varios voluntarios que nos han contado cómo han sido sus experiencias en Grecia ayudando y colaborando para ayudar a que estas personas puedan tener una vida mejor.

 

Una vez llegan a Grecia, la situación no es mucho mejor. “Los servicios sociales en Grecia son muy precarios, hay poca financiación y están muy mal organizados”, destacan desde Voluntart. La situación económica y social en la península balcánica se traduce en un 22% de paro entre la población adulta y del 46,5% entre menores de 25 años. “La heroína y la prostitución están a la orden del día”, explican, a lo que se une que “muchos autóctonos ven a los refugiados como una carga, porque creen que vienen a quitarles lo poco que tienen, y la poca respuesta de la sociedad en apoyo a los migrantes apenas se concreta en alguna que otra manifestación”. Sí parece haber, sin embargo, una gran estructura asamblearia de voluntarios griegos que ayudan y gestionan centros independientes a lo largo de Atenas, donde se han ido estableciendo familias al margen de los campos.

Distribución de recursos

Foto propia de “Refugio Atenas”

Tras el desalojo del campo de Idomeni, “se planteó la posibilidad de actuar en el campo de Skaramagas, pero nos encontramos con grandes obstáculos burocráticos para poder actuar con libertad, porque no cumplíamos con los requisitos”, cuentan en una reciente charla conjunta sobre el proyecto, en una sala de proyecciones okupada en el barrio madrileño de Arganzuela, en relación al fuerte control militar de los campos, que obstaculiza el trabajo de activistas independientes. Finalmente, encontraron un antiguo colegio abandonado en Atenas donde se habían asentado alrededor de 300 personas –Jasmmin School-, y que decidieron transformar en su principal lugar de acción. Detallan que el edificio formaba parte de un entramado de redes de locales ocupados y gestionadas por organizaciones anarquistas griegas, que mayormente se limitaban a instalarse en estos edificios y a acondicionarlos con suministros básicos. En este conjunto de squats, que albergan a entre 1.000 y 2.300 personas entre los barrios de Exarchia, Victoria y Omonia, el nivel de control -“asfixiante, porque operan como la camorra”- es tal por parte de estos grupos en algunas de las squats que la entrada de donaciones o recursos humanos sin autorización puede provocar como consecuencia la falta de abastecimiento en un centro durante días, aunque, destacan, “cada squat es un mundo”.

El campo de actuación de estas asociaciones ha ido ampliando el espectro a medida que han ido familiarizándose con la situación de emergencia, que no ha hecho más que agravarse desde 2015. Según Felipe Serrano, uno de los voluntarios actualmente en Atenas, la carencia que suplen estas asociaciones es el intentar dar un apoyo más global, pues las ONGs suelen concentrarse en áreas muy específicas, y no sirven de mucho si no hay existe un buen entramado colaborativo. Inicialmente, su línea de trabajo fue organizar actividades y clases para los más pequeños, tanto en Jasmmin School como en campos como el de Pireos, hasta pasar a ocuparse de la gestión y organización de la escuela, de la atención sanitaria primaria a sus familias, y del apoyo logístico respecto a los recursos humanitarios que iban llegando y su distribución por los squats. Calculan que aproximadamente un tercio de los residentes de Jasmmin School son menores de edad, entre los cuales muchos se encuentran gravemente desatendidos por las condiciones físicas y psíquicas de los padres, que provocaba que muchas veces estuvieran en situaciones de vulnerabilidad; dadas las grandes limitaciones de las ayudas gubernamentales, muchos acaban en la calle o caen víctimas de redes de prostitución.

Hemos podido contar con el testimonio de los representantes de dos asociaciones de voluntarios, “Refugio Atenas” y “Voluntart” que apoyan a los refugiados tanto enviando ayuda desde la Comunidad de Madrid, como enviando voluntarios a Grecia para ejercer una ayuda mucho más directa.

 

Para poder satisfacer la gran amplitud de necesidades que representa el día a día en estos centros, desde estas asociaciones trabajan en comisiones temáticas. En Voluntart, por ejemplo,  cuentan con una comisión clínica, otra de actividades y clases, de gestión del colegio, de audiovisuales, y con una comisión morada. Esta última se centra el trabajo con mujeres refugiadas con vistas a la igualdad de género y al fortalecimiento de su posición social en la comunidad, “perdiendo antes nuestros prejuicios occidentales”, avisan, a través del establecimiento de sitios seguros donde ser escuchadas y poder hablar en confianza de sus problemas e inquietudes, la organización de bailes o de intentar dinamizar los lugares comunes, muchas veces copados por el sexo masculino. Una de las grandes líneas de actuación en este sentido tiene que ver con el riesgo que sufren en materia de discriminación y violencia; estos factores son severamente amplificados por el desplazamiento, lo que las expone a numerosos peligros relacionados con la explotación, los abusos sexuales y la violencia de género. Su acción gira en base a los cuidados durante el embarazo, el establecimiento de guarderías, el reparto de anticonceptivos o la ayuda frente a la prevención de agresiones sexuales, por lo que reparten silbatos con el objetivo de que cada mujer pueda dar cuenta de cualquier tipo de agresión en el momento en que esté a punto de ocurrir.

Be Sociable, Share!

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.