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Periódico universitario UCM en la web 2.0

Violencia en las manifestaciones: Cataluña

Cuando un movimiento ciudadano toma importancia, la posibilidad de que estalle la violencia se multiplica. Se debe a que al convertirse en un movimiento multitudinario, las estrategias se diversifican y, cuanto más grande se hace el conflicto,  más difícil es de controlar. A medida que un movimiento se va legitimando, se convierte en incómodo para, en este caso, el Estado y sus fuerzas del orden que aprovechan para desacreditar y criminalizar las protestas.

A raíz de las últimas manifestaciones en Cataluña surge la idea de hasta dónde la violencia supone una forma legítima de protesta y si realmente es efectiva o, por el contrario, la clave en las manifestaciones recae en el pacifismo. Es conveniente también saber que no todo ocurre siempre como la televisión o las redes sociales nos cuentan, en estos casos los medios de comunicación se convierten en un protagonista más.

Los conflictos en Cataluña comienzan el 14 de octubre de 2019 y, aunque a día de hoy las manifestaciones se han apaciguado, dada la falta de una solución real, el conflicto sigue abierto. El objetivo era la muestra de apoyo político a condenados que participaron activamente en el referéndum de independencia de 2017 y la proclamación de la República Catalana. La violencia que se ve tiene dos autores, por un lado, las fuerzas policiales y, por otro, los manifestantes.

Manifestación en Barcelona con el lema        «Llibertad». MASSIMILIANO MINOCRI

El lunes 14 de octubre miles de manifestantes logran el colapso del Aeropuerto de Barcelona-El Prat provocando la cancelación de más de 100 vuelos. En Girona, paralizan el AVE, hasta que poco a poco los conflictos se van extendiendo por las cuatro capitales de provincia. En el aeropuerto tienen lugar las cargas más violentas hasta el punto de que un joven perdió un ojo y, otro, un testículo.

En el tercer día ya había 91 heridos y 33 detenidos y el cuarto, en el cuarto, el jueves 17 de octubre, empiezan a movilizarse los grupos extremistas tanto independentistas como españolistas. El viernes 18 tiene lugar la manifestación multitudinaria Tsunami democràtic que reune a casi medio millón de manifestantes. Comienzan las primeras bajas en el bando policial, un miembro de la Policía Nacional ingresa en la UCI. La violencia se intensifica cuando se empiezan a detectar grupos de antisistema que no proceden de España sino que vienen del extranjero.

Comienza la propagación de los vídeos violentos. Por un lado, aparecen vídeos de la policía atropellando manifestantes y disparando al grito de «Toma, hijo de puta», por otro, manifestantes quemando contenedores y enfrentándose a la Policía. 

Surgen varias preguntas como: ¿es necesaria esta violencia? ¿está justificada? y ¿a qué sector afecta y por qué influye directamente sobre los universitarios?
Los estudiantes han sido siempre el sector más involucrado en los movimientos. No solo ocurre con las manifestaciones en Cataluña, ya lo hemos podido comprobar en las protestas de Chile por la subida de los precios y el presidente Piñera, en Francia con los chalecos amarillos o incluso en nuestro país en el 15M. Está claro que los universitarios tienen un papel fundamental.
En cuanto a la justificación de la violencia, nos encontramos con dos puntos de vista. Por un lado, el que afirma que el poder es violento y la única forma de luchar contra él es también el uso de la violencia y, por otro, el que afirma que cualquier acto violento es condenable.

Tal y como se pudo ver al principio de que todo esto ocurriera, las manifestaciones que se estaban produciendo eran pacíficas, pero poco a poco todo se llenó con un aura más violenta.

Por un lado, comenzamos a ver a diversos manifestantes quemando más de un millar de contenedores y destrozando el mobiliario urbano de la propia ciudad, afirmando que “no queremos que haya desgracias, pero sí que se vea el fuego”, dicho por jóvenes que participaron en varias de las protestas que tuvieron lugar en las calles de Barcelona y que querían dar visibilidad al conflicto. Tal como afirmó Jordi Mir del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales de la Pompeu Fabra “hay personas con un discurso muy claro sobre cómo la violencia puede ser un mecanismo de transformación social y personas que se suman porque no ven otra forma de ser escuchadas”.

Pero por otro lado, se ha podido ver a manifestantes radicales arrancando adoquines con palancas y otras herramientas y lanzándolos contra los agentes policiales, así como además, tirándoles piedras. Además, algunos de ellos lanzaron cócteles molotov y líquidos abrasivos que causaron diversas heridas a los Mossos d’Esquadra.

Además, cuando la policía tuvo que salir a la calle para parar esas manifestaciones, solo consiguieron que se vivieran momentos de más violencia en las calles. Durante la cuarta jornada de protestas en Barcelona, los antidisturbios de la Brigada Móvil, dispararon más de 500 proyectiles de foam, causando pérdidas de ojos a diversos manifestantes, denunciados por la Amnistía Internacional como “armas igualmente peligrosas que las balas de goma”. Pese a que el 30 de abril de 2014 entrase en vigor la prohibición del uso de las balas de goma por parte de los Mossos d’Esquadra, decisión tomada por el Parlament de Catalunya, la Policía Nacional utilizó 14 balas de goma durante la ocupación de los accesos al aeropuerto de El Prat por los manifestantes independentistas. Es por esto por lo que la violencia se fue incrementando cada vez más y en ambos casos, se llegaron a cometer actos ilegales.

Las manifestaciones se han ido extendiendo por el resto del país y, con ellas, la violencia. Desde octubre se han detectado actos violentos en otras comunidades autónomas como la Comunidad Valenciana, País Vasco, Asturias, Galicia y Madrid, entre otras.

Para esclarecer el tema de la violencia contamos con las opiniones de diferentes sectores. Por un lado, y a causa de la proximidad de los conflictos con las elecciones del 10 de noviembre de 2019, es importante conocer la postura de los diferentes partidos políticos. Por otro, es fundamental también conocer las opiniones de expertos en el tema y de personas que han sido testigos directos de los altercados.

Rosa Pizarroso es una testigo de las manifestaciones de Cataluña y contamos con su punto de vista como persona que apoya al bando españolista. También el de Adriana Rodríguez, con una opinión contraria, y el de una ciudadana catalana anónima.

En cuanto a los partidos políticos, Alejandro Cancho, periodista y relacionado directamente con el Partido Popular, nos cuenta la opinión de los populares respecto al tema. En contraposición, Ricardo Rodrigo, actual alcalde por el PSOE de Torrejoncillo (Cáceres), nos cuenta su punto de vista.

Por último, es fundamental conocer la opinión de un experto y para ello contamos con la participación de Luis García Tojar, profesor y responsable del Departamento de Sociología VI (Opinión Pública y Cultura de Masas) de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, y sociólogo con interés en procesos de cambio y conflicto social.

En las calles de las ciudades más importantes de Cataluña no se viven los incidentes violentos vividos hace unas semanas, en cambio sí que podemos ver los «típicos» altercados que se vivían antes de que estos estallaran, como por ejemplo, condenas contra estudiantes por rajar banderas de España en la universidad. Los conflictos han quedado reducidos a estos pequeños desequilibrios, pero cabe la posibilidad de que los acontecimientos violentos más graves resurjan de estos sucesos si no se considera la posibilidad de implantar una solución real para combatir el problema.