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Periódico universitario UCM en la web 2.0

Terapias de 4 patas

El siglo XXI; el tiempo del aquí y ahora. El momento de la inmediatez y el tiempo del cambio. Hace unos años, cuando un joven no sacaba buenas calificaciones en el colegio se le achacaba a su falta de interés o falta de trabajo. Hace un tiempo, cuando un niño sufría ataques de ansiedad, posiblemente la razón que más se adaptaba al pensamiento era “debe estar poseído”. Hace muchos años, el estrés no era una enfermedad y sufrir de pánico no era más que ser un “cagao”.

Es por ello por lo que cuando el mundo empezó a funcionar prestando atención a las enfermedades psicológicas más desconocidas, se planteó tratarlas como tal y a través de terapias instruidas por profesionales del campo. Todo esto, hoy en día, no nos suena extraño, pues nosotros hemos nacido con la cultura del psicólogo presente, por lo que no nos sorprendemos cuando hablamos de esta ayuda. Sin embargo, sí que debemos hacer referencia al tabú latente que hoy en día existe sobre el hecho de “ir al psicólogo” cosa que, muchas personas, consideran a día de hoy, razón de peso para dar por hecho que estás loco.

Las terapias con animales han llegado a nuestras vidas con la intención de cambiar un concepto hasta entonces ciertamente rechazado. Está comprobado que la terapia con animales genera en más de un

50% la aceptación por parte de los posibles pacientes. Sobre todo, en niños y personas de la tercera de edad que asocian el trabajo con animales como una actividad dinámica y diferente fuera de las paredes de un psicólogo.

Desde TDH (Trastorno de Déficit de Atención), Alzheimer o víctimas de violencia de género. Desde niños, mayores, y ancianos tratando con perros, gatos y hasta loros. Esta rama de la psicología, prácticamente “reciente” nos abre la puerta a distintas maneras de sanar un dolor, un dolor que muchas veces no se ve pues es totalmente personal e interno.

Desde una clínica equina, hasta una asociación que trabaja con los animales más reconocidos de compañía. Perfiles, pacientes y opiniones. Invitamos, mediante este pequeño estudio, a que se descubran las ventajas, las curiosidades y todo lo que rodea al poder que tienen los animales para hacer sanar al ser humano. Un nuevo mundo dentro del amplio campo de la psicología, quizás para muchos desconocido, pero de lo más interesante y sobre todo, animal.

Vanessa, graduada en psicología educativa y clínica, y, con un máster en psicología general sanitaria y con once años de experiencia a sus espaldas, trabaja en la asociación Dogtor, cuya especialidad es la terapia con animales.

Como psicóloga Vanessa ha conocido mejor que nadie las distintas ramas que derivan de la profesión. Hace unos años, cuando ella comenzaba sus estudios, la tendencia terapéutica del momento era la delfinoterapia, la terapia con delfines. Fue su profundo amor por los animales y sus deseos de fusionarlos con su profesión los que la llevaron a emprender un viaje para conocer ese mundo que a los ojos de España apenas existía. Por lo que fueron sus destinos, Australia y Estados Unidos los que la llevaron a decidir que su pasión y su profesión debían caminar de la mano en su futuro.

Cuando Vanessa volvió de sus viajes, España comenzaba a ser consciente de que existía una manera diferente, más amena y cercana de tratar la psicología y de tratar a sus pacientes. Pronto se empezaba hablar de la terapia con perros, un carro al que Vanessa no dudo en subirse. Para ella implica no solo una involucración laboral, sino también personal. Es una manera de acercar a las personas a la ayuda psicológica sin contemplar el frio escenario de un despacho con un desconocido que te escucha.

Hoy en día, esta psicóloga trabaja no solo con niños, sino también con adultos y personas de la tercera edad. Durante nuestra charla con ella, nos ha sorprendido la variedad de animales con los que trabaja, sin duda el más llamativo; bichos palo. Un mundo, asegura ella, del que, desde que entró, supo que no saldría nunca.

Por su parte, Ana, amante de los animales y de la psicología, decidió hacer de su pasión su profesión, convirtiéndose en una de las pioneras en España al abrir un centro de terapia equina, Equidae, donde desde el año 2010 trabaja con caballos sobre una base terapéutica para tratar el problema en cuestión del paciente.

En este tipo de terapia, el caballo funciona como un mediador, como un facilitador de acceso a las emociones del paciente haciendo que el proceso sea mucho más fluido, sobre todo en el caso de los niños, “para los niños sin duda es esencial la motivación, no es lo mismo trabajar en un despacho con un niño que lleva un montón de horas en un colegio que trabajar al aire libre con animales, que resulta mucho más motivador y fácil para el proceso terapéutico”, explica Ana.

Además, es importante destacar que en cada terapia dependiendo del tipo de animales aportan cosas muy diferentes. Ana muestra esta distancia comparando las sesiones con perros y las sesiones con caballos, “esto se debe a que en el caso de los caballos se trabaja desde la autoregulación del paciente, desde lo que transmite el paciente al caballo, porque son muy perceptivos para valorar si lo que está ocurriendo es peligroso o no, por ejemplo, si un niño es hiperactivo se acerca, el caballo se va asustar porque no entiende ese exceso de energía”.

En el caso de los perros, son mucho más sociables, son ellos los que quieren agradar a las personas. La diferencia, en definitiva, está en la etología, en el comportamiento del animal.

Para completar este reportaje, hemos preguntado a gente desconocida sobre la terapia con animales, para saber hasta qué punto se conoce este tipo de centros y cuál es la opinión que tienen frente a ellos.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Sin lugar a duda, la terapia con animales es una gran desconocida para muchos en España, ya que normalmente la gente asocia que suele ser exclusiva para personas discapacitadas. Además, esta falta de información por parte de la población también lleva a que exista en parte el intrusismo dentro de esta profesión, muchas personas se aprovechan de que tienen caballos para dar paseos a niños con ciertos problemas y la realidad es que no trabajan con ningún tipo de referencia psicológica ni base clínica o educativa. Por ello, es interesante dar visibilidad a este tipo de terapias porque incorporar a un animal a este tipo de tratamientos es un añadido a la terapia tradicional, donde el paciente aprende a gestionar sus emociones o conductas de una forma mucho más interactiva e innovadora.