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Periódico universitario UCM en la web 2.0

El suicidio entre los jóvenes

El suicidio entre los jóvenes“Cada año se quitan la vida tres mil quinientas personas en España. El suicidio es ya la primera causa de muerte no violenta en España”. Son los titulares que arrojaba un documental («La muerte silenciada, el tabú») emitido por el programa Documentos TV el 17 de febrero de este mismo año. Tal vez así sea, que nuestra idiosincrasia de sol mediterráneo nos impida ver con nitidez una realidad que es más propia de otros países, de otras culturas.

Nadie titubea al hablar del suicidio sobre países como los nórdicos o Japón. Les hemos asociado un estilo de vida o unos sentimientos que les hacen caer en el suicidio como una posibilidad más de muerte, de manera casi natural. Que si el clima frío, la noche perpetua durante meses, que si los estrictos regímenes sociales, los hacinamientos, la forma de ser de esa sociedad, la crudeza de sus intercambios sociales e incluso la psique colectiva que posean.

Sin embargo, todo eso no son más que prejuicios y, lo más importante, nos desvían de nuestra propia realidad: la que nos dice que aquí también “nos da por suicidarnos”. Las comillas vienen a ironizar sobre la situación de desinformación que tenemos sobre el tema. No sólo porque desde el año 2006 no se nos dan datos exactos sobre la tasa de suicidas de nuestro país (que antes eran proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística), sino porque además ha surgido la moda de informar sobre suicidios escabrosos donde las personas se quitan la vida por cuestiones de la crisis que les afecta directamente.

Es algo realmente peculiar, que se dejase de ofrecer números justo desde el comienzo de la crisis económica y que ahora se informe sólo sobre suicidios que tengan que ver con ella. Como poco, nos da motivos para pensar que existe un miedo social hacia este hecho, cuyas coordenadas circunstanciales son muy poco estudiadas, por si la verdad trae peores consecuencias.

La tradición cristiana nos ha hablado siempre del mito del suicidio como una ofensa hacia el creador. Si osabas quitarte la vida jamás obtendrías su salvación. En otras culturas se hablaba de él como un hecho más o menos glorificado, como un sacrificio o incluso como una liberación. Ya se ve en las historias más shakespearianas, por ejemplo. Es por esto que en otros países no existe ese tabú general o ese telón de acero informativo.

Aquí, la emisión de documentales como “La muerte silenciada” es un hecho importante para romper el vacío, pero no se llega a ningún tipo de prevención o de plan de ayuda para los afectados. Siendo la primera causa de muerte violenta y la primera entre jóvenes, es una cuestión de salud pública, que es casi completamente ignorada con algunas excepciones (Cuarto Poder, El Periódico, El Mundo, Periodista Digital). Siguiendo con la trama que se nos ofrecía en la emisión, el suicidio juvenil puede darse de muchas maneras, aunque la principal causa es el deseo de poner punto final a un sufrimiento.

A veces el suicidio se puede entrever en la persona, pero otras muchas sucede sin previa sospecha. Según el sociólogo Santiago Pérez Camarero, en su informe para Injuve del año 2006 sobre Suicidio juvenil y adolescente en España, “el suicidio es un fenómeno complejo y multidimensional que encuentra sus raíces en factores familiares, educativos, sociales, clínicos y psicológicos”. Por lo tanto, es un hecho que se rige por muchas dimensiones personales, donde múltiples factores pueden tener responsabilidad y por ello resulta casi imposible que pase tan inadvertido o sin excusas para educadores, psicólogos, políticos… e incluso para las propias familias o víctimas supervivientes.

Si existe un problema, acallarlo no va a hacer que disminuya, sino todo lo contrario. Tal vez con la precariedad que está sufriendo la sanidad en España con los recortes económicos se tenga un sentido de la irresponsabilidad sobre este asunto pues muchos dirán, bajo la ignorancia, que el suicida escoge al fin y al cabo su final. Pero lo cierto es que es una enfermedad y es una dolencia social, psicológica, que se ha sepultado en la vergüenza de grupo.

Sin embargo en nuestro actual contexto se le teme más aún, quizás por su significado sintomático de que algo ha ido mal siempre y no es tiempo de sacarlo a la luz. Nosotros por el contrario, hemos querido hablar con algunas personas para esclarecer su naturaleza y poner un punto de apoyo para mover ese pequeño mundo. En primer término hemos conversado con María Concepción García García, socióloga licenciada por la UNED.

 

A continuación hemos hablado con Raquel Martínez Sanjuán, psicóloga que desarrolla su actividad en el centro ocupacional Villaverde AFANDICE.

 

Las aristas del problema

-El suicidio es un hecho que deriva de un trastorno psíquico en la mayoría de los casos, en todos los grupos de población.

-Para el pequeño porcentaje que no deviene de una enfermedad, se traduce en una crisis, una anomia, falta de preparación para gestionar los desengaños de la vida, baja intolerancia a las frustraciones.

-Los jóvenes que se suicidan tienen tanta incidencia de enfermedad mental como en los demás rangos de edad; y la anomia viene dada por problemas como la decepción tras cumplir los estudios, las presiones generadas sobre sí mismos, el exceso de perfeccionamiento que crea metas infructuosas. Esto explicaría más lógicamente la asombrosa tasa: el 30 por ciento de los universitarios que fallecen es a causa de suicidio.

-Puede existir la imitación, pero con acotaciones. La sociedad actual se erige sobre cimientos de emulación, de identidad asentada sobre  modelos guiados por unas  cláusulas tácitas de una voluntad menos individualista. Los jóvenes pueden ser sensibles a ello, pero esa idea es sesgada y simplista. Porque los componentes que dan forma a la intención suicida son más complejos, siendo determinantes los que entrañan enfermedad mental depresión, trastorno de personalidad, etc).

-La idea de la muerte es algo para lo que no nos han preparado muy bien, y si se trata de una muerte violenta y contra uno mismo, más difícil de encajar será. Es propio de sociedades occidentales y es por ello que existe un tabú muy marcado sobre el suicidio, un temor a hablar de él y, por tanto, a ponerle remedio.

-Todo ello nos lleva a decir que efectivamente, los medios de comunicación lo tapan, lo silencian, para no difundir ni un ápice violento de sobra, por ese miedo al tabú y a la imitación. Sí hablan de forma esporádica de algún suicidio provocado por la crisis, para cumplir quizás con una cobertura mínima, pero lo cierto es que no se recogen los datos reales y no se especifican las causas ni el tratamiento.

-Ambas entrevistadas coinciden en que es un grave problema de salud pública y que es necesario concienciar a la sociedad para ponerle remedio. Es una responsabilidad que exige solidaridad de todos nosotros.

“Suéñame, que me hace falta”, fueron las últimas palabras de la escritora modernista Alfonsina Storni (1892-1938) para su hijo, en la carta de despedida, antes de suicidarse en Mar de Plata.