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Periódico universitario UCM en la web 2.0

“Slow Fashion»: cómo crear consciencia a través de la moda

La Industria de la moda se posiciona como la segunda más contaminante después de la industria petrolífera. ¿Te has planteado alguna vez qué impacto tiene tu ropa en el medio ambiente? Según una encuesta realizada a jóvenes de entre 18 y 28 años mediante Instagram, con un total de 141 respuestas, tan solo el 35% de jóvenes están familiarizados con el término Slow Fashion.

Nuestro hogar es el planeta que habitamos y muy pocas veces tenemos conciencia de esto. A ninguno probablemente nos gustaría tener nuestra casa, donde descansamos, y compartimos con nuestra familia, sucia y descuidada. Con nuestro planeta ¿Por qué lo toleramos? A la mayoría nos gustaría disfrutar de unas vacaciones en alguna playa paradisíaca, arena limpia y aguas cristalinas, pero, ¿hacemos lo posible para que estas playas se mantengan?

En 2015, la industria textil emitió el equivalente a 1.200 millones de toneladas de CO2, superando el transporte marítimo y la aviación internacional, juntos, según la Agencia Internacional de la Energía. Lo que hace más que evidente la contaminación de la industria textil es una realidad, datos realmente alarmantes y que preocupan a los mismos fabricantes de las industrias de la moda.

El consumidor ha evolucionado con los años. Ha empezado a interesarse por la composición de las prendas que viste y según una encuesta realizada a través la red social Instagram, el 95% considera que es importante conocer este dato de las prendas que visten. No sólo le importa si el artículo puede lavarse o no a mano, sino que quiere conocer el origen de la materia prima, de la hilatura, del tintado y de la fabricación del tejido para saber si el producto es respetuoso con el entorno y con las personas que lo han elaborado.

Con la aparición del término “fast fashion” hacia la conquista del mundo es desenfrenada; ya no se trata de la oferta de prendas, sino de acentuar el consumismo masivo. Las tendencias consiguen que los gustos de los consumidores cambien a su misma velocidad. Esto ha generado que el promedio del uso de una prenda nueva sea de 7 veces para más tarde ser desechada. En los últimos 20 años se ha presentado un aumento del 400 % en el consumo de ropa en el planeta.

 

SLOW FASHION

Ante la problemática que genera la industria del Fast Fashion, en los últimos años hemos visto desarrollarse un nuevo movimiento en la industria textil y de la moda en general: El Slow Fashion. “Slow”, significa lento, por lo que es una manera de expresar que la producción es consciente y no a gran escala.

¿En qué consiste exactamente este movimiento? 

El Slow Fashion se basa en fomentar un consumo de la moda responsable. La moda además de ser algo necesario, puede suponer un componente identitario para muchas personas, se trata de una nueva forma de expresión y de mostrar tu personalidad a través lo que llevas puesto, aquello que te identifica.

Las nuevas generaciones de diseñadores pretenden darnos este valor de tendencia y personalidad, pero sin dejar de ser conscientes de que estamos hablando de una de las industrias más contaminantes del planeta. La tecnología se ha convertido en la herramienta perfecta para crear otras alternativas y así preservar recursos tan limitados que poseemos.

Las marcas que se dedican al Slow Fashion son aquellas que apoyan el comercio justo, es decir, un pago justo y responsable para los trabajadores que realizan tejidos que además son sostenibles y respetuosos con el medio ambiente. Se trata de fibras recicladas y algodón orgánico, materiales completamente libre de pesticidas, uno de los químicos mas tóxicos para el planeta tal y como lo explica el famoso documental The True Cost, que muestra cómo el uso de pesticidas en algunas zonas de la India para cultivar algodón para las grandes industrias del Fast Fashion, han ocasionado riesgos para la salud de sus habitantes y trabajadores. El uso de este tipo de productos ha derivado en que parte de la población local haya contraído enfermedades como el cáncer y hayan aumentado los casos de malformaciones entre los habitantes.

 

Según estudios como el de ARSITEX, el español medio consume 34 prendas de ropa al año, y a la basura se tiran al menos 12 kilos de ropa. Esto supone un impacto para la economía de la moda, pero al mismo tiempo supone un gasto energético y de recursos importante. Por datos como este, han surgido proyectos que buscan concienciar a la población del impacto que el consumo de moda tiene para el medio ambiente. En España, desde hace años, la plataforma Slow Fashion Next trata de concienciar consumidor y de hacer conocidos los impactos de la industria textil. El proyecto trata de unir a todos aquellos profesionales conscientes del cambio que ha de darse en el modelo de producción y de consumo.

 

FAST FASHION

El término Fast Fashion es utilizado hoy en día por los grandes industriales de la moda. Tiene que ver con la copia de ropa de los desfiles de alta costura, es decir, las prendas que vemos en las grandes pasarelas de moda, se adaptan para que pueda ser llevada por los bolsillos de la clase media.

A la hora de crear este tipo de moda la demanda es muy alta por parte de los clientes, ya que la gran mayoría de la población accede a ella más fácilmente.  Las industrias lo que hacen es producir en función de la demanda y como esta es tan alta, el plan que llevan a cabo es  producir mayor cantidad de ropa en el menor tiempo posible. Este modelo conlleva a reducir costes y además genera un efecto negativo en el medio ambiente.

En el mes de mayo de 2019 se celebró la Cumbre de Moda en Copenhague. En este congreso se expuso que 92 millones de toneladas de residuos sólidos pertenecen al sector de la moda, es la segunda industria que mayor impacto medioambiental genera detrás del petróleo.

Con esta información, las marcas deben replantearse poner en funcionamiento una producción de sus prendas de una forma responsable, teniendo en cuenta la generación de residuos que llevan a cabo y sustituyendo materias primas que tardan años en descomponerse, por materias primas sostenibles con el medio ambiente. No podemos olvidar tampoco los entornos laborales de fabricación que tienen la mayoría de firmas, ya que muchas de ellas no cumplen con  los DDHH.

La Universidad de Plymouth ha llevado a cabo un estudio en el que han demostrado que la ropa desprende fibras de plásticos que son filtradas al agua. Ese agua va a parar a los océanos junto con esas fibras de plástico, que son ingeridas por peces, que acaban muriendo o se desarrollan en su plenitud debido a esas fibras .

Hay firmas de ropa como Nike o H&M en las que su principal publicidad y objetivo es la producción sostenible de sus artículos, reciclando residuos textiles. H&M en concreto tiene lanzada su colección llamada CONSCIOUS , con ropa elaborada a través del reciclaje. El gigante japonés Muji, también aboga por el reciclaje y las prendas de larga duración.

En 2020, grandes marcas como la antes mencionada Nike o Asos se han reunido ante un Compromiso 2020. La iniciativa ha sido desarrollada por Global Fashion Agenda para tomar medidas que impulsen el avance a un sistema denominado como circular. Los objetivos que se han marcado han sido desarrollar estrategias para llegar a la circularidad, conseguir el máximo de ropa y calzado que haya sido usado para incrementar las ventas de estas prendas y calzado usado y así alcanzar una mayor producción de textiles reciclados.

No solo las grandes marcas son las que han empezado a actuar de acuerdo con los criterios de reducir un mayor impacto y huella medioambiental, las marcas emergentes, en su mayoría, creadas por gente joven, lo tienen muy claro: La sostenibilidad es una prioridad.

TOMAR ACCIÓN

El “fast fashion” se ha convertido en una “emergencia medioambiental” en los últimos tiempos, por su impacto negativos en el medio ambiente y la salud y el empeño de las grandes marcas para que el consumo sea cada vez no sólo mayor, sino más frenético, es decir, comprar para volver a comprar, no ayuda absolutamente nada en una situación que cada vez es más evidente. Se crean modas para atraer a los compradores y de esta manera el problema se va haciendo cada vez más grande.

Está claro entonces que la solución se encuentra dividida en dos partes: la de los compradores y la de la industria. Empezando por lo más “sencillo”, están los consumidores, quienes tienen que empezar por un cambio de mentalidad, entender que hay otras maneras de tratar las prendas y de obtenerlas, comprar de manera responsable y reflexiva y preguntarnos quién hace la ropa que estamos adquiriendo, de donde viene y dónde acaba una vez que ya no queremos utilizarla más.  Reciclar, interesarnos por pequeños comercios de moda son algunas medidas que debemos tener en cuenta por el bien de todos. Se deben promover hábitos de consumo sostenibles para atajar los numerosos problemas creados por el fast fashion. En cuanto a la industria, este es posiblemente el punto más complicado. Llegar a conseguir que se cambie el modelo de producción y se transforme en un sostenible, seguro para el medio ambiente y 100% reciclable.

La conciencia medioambiental es una de las tendencias que más han crecido estos últimos años. Además, dentro de la moda, cada vez surgen más marcas que se responsabilizan con el medio ambiente y deciden llevar a cabo una producción responsable con el medio que nos rodea, es por esto que las encuestas señalan que el 85% de los jóvenes intentarían no comprar en empresas de Fast Fashion. Con la toma de conciencia respecto al coste de recursos al fabricar una prenda y de la durabilidad que se le da a la misma, reducir el impacto que generamos en el medio ambiente está en manos de todos.

Se están dando pequeños pasos para llegar a un punto que sea sostenible, pero queda claro que hay mucho cambio por delante y este tiene que ser por ambas partes de la balanza, industria y consumidores.