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Periódico universitario UCM en la web 2.0

El sensacionalismo en los medios

El sensacionalismo en los medios constituye un problema patente en la sociedad actual. El público recibe imágenes impactantes a diario desde informativos y prensa escrita, entre otros, que hacen de desgracias ajenas un espectáculo con el fin de vender más y generar ingresos. Este sensacionalismo es una herramienta en manos de los periodistas mediante la cual se muestran imágenes intentando llegar a las emociones de los espectadores. La definición que da la Real Academia Española (RAE) para este término es  la “tendencia a producir sensación, emoción o impresión, con noticias, sucesos, etc.”.

ABC Bretón

Portada de ABC del 28 de agosto de 2012 con los hijos de José Bretón a toda página. (Foto: ABC)

Estas situaciones pueden generar problemas entre periodistas y público, el desagrado que produce entre distintos sectores de la población hace ver el sensacionalismo como una dificultad ante la que tienen que enfrentarse día a día. El presidente de la Asociación Madrileña de Sociólogos y catedrático de la Universidad Nacional de Estudios a Distancia (UNED), José Antonio Díaz, explica que “quizás el problema está en el nivel cultural de la gente, pero la televisión tampoco hace nada por cambiar esas costumbres que ha ido generando con el paso del tiempo”. La realidad es que la televisión está estimulando continuamente estas prácticas.

Todo empezó en programas de menos contenido informativo, tales como la prensa rosa, pero esta actividad se está desarrollando en informativos y magazines, sobre todo cuando se habla de muertes y desapariciones. No solo es en la televisión, sino que en la prensa se desarrolla con asiduidad. Y todo esto llega a los más jóvenes, el receptor más sensible de este problema. Díaz comenta que “los jóvenes no tienen conciencia del concepto de intimidad y, en gran parte, es por el desarrollo del sensacionalismo en la televisión que les lleva a exponer su vida en las redes sociales sin reparo”.

No solo hay que hablar del público joven como el gran perjudicado, sino también de los futuros periodistas que están formándose dentro de esta cultura en la que todo vale. El profesor de Ética y Deontología de la Universidad Complutense de Madrid, David Álvarez, explica que él a la hora de dar clase el consejo que da a los alumnos es que “si dudan, es que hay razones para no publicar un contenido”. “En el momento que aparece la duda el periodista debe poner fin a la idea de hacer público el contenido, cuando algo es ético no se duda”, argumenta Álvarez.

Por lo general, al público no le gustan estas actitudes y llegan al punto de repudiarlas. Pero en muchas ocasiones no se dan cuenta de que esas imágenes a las que se están exponiendo están infectadas por el virus del sensacionalismo. Entre los estudiantes de Periodismo sí hay más unanimidad a la hora de detectar y poner en tela de juicio estos métodos. Muchos opinan que el sensacionalismo es un cáncer a extirpar, pero algunos otros entienden que se utilicen técnicas sensacionalistas dando una perspectiva económica al problema.

Muchos de estos estudiantes abogan por impedir que estas imágenes copen los medios de comunicación. David Álvarez opina que “debe haber unos marcos jurídicos, pero los periodistas deben hacer una labor de autorregulación ya que deben ser los primeros interesados en impedir que suceda”. Pero ese margen económico que antes se comentaba, que pone a los medios entre la espada y la pared, impide que la decisión de ser más o menos sensacionalistas esté en sus manos, sino que está en la de los inversores que, si el medio da pérdidas, dejan de financiar la empresa.

Como dice Álvarez, “vivimos en una sociedad donde la imagen se ha convertido en el icono fundamental para transmitir ideas y generar empatías” y ha llegado a un punto en el que “estamos anestesiados ante las realidades que nos enseñan en los medios”. A partir de esto el problema cultural que puntualizaba al principio José Antonio Díaz se mezcla con las nuevas tecnologías para fabricar un ciudadano que, de forma inconsciente, acepta ser acribillado con miles de imágenes con un gran trasfondo sensacionalista.

 

 

 

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