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Periódico universitario UCM en la web 2.0

El ‘Plan Director’ de la UCM: la reestructuración de la Complutense enfrenta a decanos y Rectorado

Carlos Andradas se sentó por primera vez en el sillón de Rector de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) en el verano de 2015. Heredero de un rectorado anterior polémico, en poco más de un año el nuevo rector ha saltado a la primera línea por un proyecto -una de sus principales promesas electorales- que ha causado controversia y debate entre los órganos universitarios: su Plan Director de Reestructuración de las Estructuras Complutenses. ¿La idea real bajo un nombre tan complejo? Reducir la estructura de la universidad más grande de España en departamentos, facultades y personal administrativo. En un primer borrador la premisa era pasar de 26 facultades a 17, aunque finalmente el número se reducirá a 22, debido a las presiones externas, sobre todo por parte de la plataforma que se ha creado para oponerse a este proyecto.

¿Qué es exactamente el Plan Director y en qué consiste? El propio Andradas lo define como una revisión de la estructura organizativa de la Universidad Complutense para mejorar la calidad de su actividad docente e investigadora, atendiendo, en particular,  a las nuevas demandas que la ordenación de los grados y másteres requiere.

El Rectorado presentó en junio de 2016 un borrador, criticado desde el primer momento al explicar el proyecto en formato ‘PowerPoint’. Desde entonces no se ha encontrado el consenso necesario que desearía el equipo de Gobierno complutense. Todos -críticos y defensores- coinciden en la necesidad de un cambio o reestructuración en el esquema actual, aunque no de la forma que se planta.

Por un lado, en la idea inicial de junio el número de departamentos se reducía en un 60%. De 185 se pasaría a 70 aproximadamente, algo que no ha cambiado en el borrador formal presentado en noviembre. La parte más polémica, la de la fusión de facultades, sí ha experimentado un cambio considerable desde junio hasta el borrador. La reducción inicialmente sería de 17, aunque el Rectorado ha decidido concretarlo en 22. De esta forma, afectaría a cuatro facultades: Documentación pasa a formar parte de Ciencias de la Información, Estudios Estadísticos de Matemáticas , Trabajo Social de Políticas y Sociología (ya comparten edificio) y Comercio y Turismo de Económicas. Por último, en lo relativo al personal administrativo, se crearían cinco áreas de gestión conjunta (actualmente cada facultad tiene su propia gestión). Quedaría por tanto en Área de Somosaguas, Área de Sociales-Moncloa, Área de Ciencias,  Área de Humanidades, Área de Ciencias de la Salud.

El objetivo, según explican, es conseguir un “equilibrio administrativo”. Los cálculos muestran que la reducción respecto al presupuesto actual de la UCM sería de cerca de un 3%. A cambio, se apoyaría la creación de una Unidad de Apoyo a la Docencia e Investigación, que fomentara la actividad investigadora de los docentes.

Asimismo, la Complutense ha puesto varias líneas rojas que promete no sobrepasar: no se perderán titulaciones pese a la fusión y ningún trabajador perderá su empleo sino que será “reorganizado”. Además aseguran que el ‘Plan Director’ tiene una finalidad únicamente académica y no económica.

 

“La base es reforzar la universidad”

El padre del ‘Plan Director’, el Vicerrector de Planificación y Evaluación Institucional, Juan Antonio Tejada, quien ha elaborado y defendido el plan ante los críticos, insiste en lo positivo del proyecto. “Se trata de reforzar la estructura y funcionamiento de la Complutense, hay una excesiva fragmentación. Es la base”, dice. Frente al sistema actual de la universidad más grande del país, Tejada explica que la reestructuración persigue construir “estructuras más fuertes y sólidas”.

En primer lugar, respecto a la reducción de departamentos, pone en tela de juicio el “excesivo” número actual. “185 es un número muy grande. Se crearon departamentos muy fragmentados”, cuenta. En la universidad europea, asegura, el número ronda los 50 frente a los 70 en el que los dejará la Complutense.

En cuento a la fusión de centros, afirma que “no se eliminan sino que se pierden ocho facultades para crear cuatro facultades nuevas”. “Hacía falta plantearse qué es una facultad y qué tiene que tener” porque, según dice, “ya no tenemos que tener una correspondencia titulación – facultad”. Los cuatro centros afectados no cumplían con unos requisitos de número de alumnos, departamentos y personal suficiente para que siguieran siendo autónomas, según explica. 

El vicerrector que encabeza el plan reconoce que el rectorado, que asume un compromiso electoral, todavía no sabe con exactitud cómo se va a desarrollar. “Está sujeto a discusión y se puede cambiar”, aunque concretamente la fusión de facultades para el órgano rectoral está “más que justificada”.

 

“Esto no puede salir adelante”

Una de las facultades que podrían quedar más castigada con este cambio es la de Documentación. La proposición del Rectorado es trasladar al equipo docente, administrativo y al alumnado desde el edificio de Alonso Cano a Ciencias de la Información, en Ciudad Universitaria.

Su Decano, José Luis Gonzalo, lo tiene claro: “los que somos decanos de barrio somos muy luchadores, y voy a pelear para que mis profesores y mis alumnos no sean trasladados”. En eso se pueden resumir sus sensaciones ante el Plan Director. “La opinión mayoritaria que tenemos los compañeros, aunque no de manera oficial es negativa. Tal y como se plantea, esto no puede salir adelante”.

Gonzalo es una de las voces más críticas con las rutas elegidas por Andradas. “Lo que se proponen son grandes áreas de trabajo y grandes departamentos”, algo que Gonzalo ve incongruente porque “la masificación y el gigantismo son el principal problema de la Universidad Complutense”. Y critica con fuerza el hecho de haberse enterado de este proceso “en una conversación informal” y no por voz de los servicios centrales.

En el caso particular de su facultad, el Decano apela al buen funcionamiento que ha tenido Documentación en los últimos años. “Es cierto que somos la facultad más pequeña de la UCM, pero al mismo tiempo también somos la facultad de Documentación más grande de España”, explica. Gonzalo considera que “ser absorbidos, que es lo que ocurriría, por Ciencias de la Información, supondría nuestro fin”. Los sótanos, ese es el lugar en el que serían instalados. Su conclusión es muy clara: “no es un plan para la universidad del siglo XXI, y con él solo sale ganando el Rectorado”. Por último, deja una pregunta en el aire. “¿Por qué no se reducen también los vicerrectorados?”.

 

Reestructuración sí, pero no así

Una posición más sosegada es la que ocupa el Decano de la facultad de Informática. Daniel Mozos acepta que tenga que haber cambios, pero no tal y como los aborda el Plan Director. Critica de hecho los plazos para su aplicación. “No son factibles”, asegura.

Las formas apunta que no son las mejores pero comparte ciertos puntos del fondo. Está del lado de que se reduzcan departamentos. “Pero no un número determinado, sino los que sean necesarios”, esgrime, para añadir que “hay que modificar y tener un objetivo, pero el objetivo no puede ser un número. Tiene que ser la calidad”.

Tiene claro que pueden haber partes perjudicadas, pero serán las menos. En el caso de Mozos, la visión no es apocalíptica, pero no comulga con el camino adoptado. No a la forma, pero sí al fondo.

“Más debate”

Un punto clave para llevar a cabo el Plan Director es el consenso. Y para llegar a un acuerdo es necesario un debate previo. Por esa vía apuesta el Decano de Odontología. José Carlos de la Macorra lo tiene claro: “no estoy de acuerdo, no así”. Reacio a las maneras que se han adoptado, considera que es normal que haya partes positivas y otras que no tanto. Pero va más allá: “es complicado que esta idea te guste o no te guste siendo tan sumamente compleja”, comenta.

De la Macorra parte de que “esta universidad necesita reorganizar su potencial humano”. Se refiere tanto a profesorado como a personal administrativo. La falta de coincidencias está en el cómo. Esta premisa es algo que todos comparten, incluso el propio Carlos Andradas, que es consciente de que sin acuerdos, no hay plan.
“Somos capaces de hacerlo bien”, explica el Decano. Pero al mismo tiempo entiende como puntos débiles la falta de debate y la manera como se ha presentado: “no se ha ilusionado a la comunidad universitaria, y eso ha envenenado el objetivo”.


A día de hoy, la polémica reestructuración de la UCM, que pretende entre otras cosas fusionar cuatro facultades, se encuentra en un proceso de debate entre decanos y el claustro universitario. El objetivo del rectorado hasta junio, cuando prevén aprobar la primera parte del plan -la de los departamentos-, es busca el consenso que hasta el momento no se ha obtenido. La idea es intentar explicar coherentemente el proyecto y hacer constar sus puntos fuertes; convencer a los escépticos de las bondades del ‘Plan Director’. Para ello, deberán escuchar e intentar incluir las propuestas de los críticos pese a querer sacar adelante el plan tal cual está planteado.

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