Pages Navigation Menu

Periódico universitario UCM en la web 2.0

Qué problemas presenta el teletrabajo en España: regulación y efectos psicológicos

El teletrabajo se ha convertido en el último mes en la forma de trabajo más habitual en la mayoría de los países del mundo debido a la grave pandemia de coronavirus que ha traspasado todas las fronteras.

Las cifras de la implantación de esta modalidad de trabajo en nuestro país, el testimonio de una psicóloga que esclarecerá los beneficios y las debilidades del trabajo a distancia para los trabajadores y sus efectos en la salud mental, y las condiciones y derechos laborales de los mismos constituyen el eje principal de este reportaje.

El teletrabajo se refiere al desempeño de la actividad laboral a distancia por vía telemática, que no requiere la presencia física del trabajador en la empresa durante su horario laboral. Por lo general, los empleados no realizan la jornada laboral completa sino parcial, aunque hay excepciones en las que se sí se completa el horario.

En nuestro país se estima que en el último mes el 61,6% de las empresas han optado por implementar el teletrabajo durante esta fase de confinamiento tras el decreto del Estado de Alarma para contener la pandemia de Covid-19.  Prácticamente la mitad de estas empresas, el 47,5%, lo están efectuando en más del 60% de la plantilla, evitando así los expedientes de regulación temporal de empleo, aplicados por el 42,8% de las empresas de nuestro país.

El 42,8% de las compañías ha conseguido mantener su actividad laboral o producción gracias al trabajo a distancia, según los datos divulgados recientemente por Randstad.  Para interpretar estos datos hay que considerar que en España solo pueden teletrabajar, por su modalidad de empleo, 4,4 millones de los más de 19,7 millones de ocupados, es decir, el 22,3% de la población ocupada.

¿Quiénes están trabajando a distancia? El mismo portal, asegura en su estudio que el 50% de los teletrabajadores son profesionales dedicados a cuestiones científicas e intelectuales, concretamente 2,2 millones. El 20%, es decir 890.930, son administrativos, contables y trabajadores de oficinas, seguido de cargos directivos y gerenciales, con 781.300 puestos equivalentes al 17,7%, y en último lugar, los trabajadores que desempeñan trabajos técnicos o profesionales de apoyo, que copan el 10,7% de los trabajos a distancia.

Uno de los problemas a los que se enfrentan los trabajadores a la hora de teletrabajar, y sobre todo en unas condiciones tan frenéticas e imparables como las que el coronavirus ha provocado, es que ellos mismos han tenido que poner su propia infraestructura a disposición de la empresa. En la inmensa mayoría de los casos los ordenadores y el material de oficina que emplean para desempeñar su labor son los mismos que utilizan en su tiempo libre.

Por no hablar, claro está, del gasto energético extra que se realiza: el importe de las facturas de luz, teléfono e internet sigue saliendo del bolsillo de los trabajadores, que se preguntan si no debería ser la empresa quien se hiciera cargo de ellas, o al menos, de una parte. El problema es que, en nuestro país, las condiciones laborales de los teletrabajadores no cuentan con la regulación adecuada. El teletrabajo es la excepción en España, no la regla, por lo que se ha escrito, debatido y regulado poco sobre él. Dulce Piaf, una teletrabajadora, nos propone como solución añadir un plus a esta clase de empleados, de igual forma que se hace con el transporte. Con esto, se buscaría cubrir o rebajar los costes.

Algunas empresas, no obstante, ya lo hacían. ¿El problema? Que si era el propio trabajador el que se acogía voluntariamente el teletrabajo, los medios eran menores, según explica Piaf en la entrevista. Es decir, se equipa más si se obliga a teletrabajar que si se elige.

Si nos preguntamos por qué apenas se teletrabaja en España podemos encontrar múltiples respuestas. Una de las líneas que sostienen muchas empresas para no implementar el teletrabajo se basa en nuestra propia cultura: creen que la picaresca española saldría a la luz con esta modalidad, y los trabajadores rendirían menos. El problema subyacente aquí está claro: las empresas simplemente no confían en sus empleados.

La crisis del coronavirus y la generalización del teletrabajo han mostrado que los españoles no solo han cumplido sus objetivos y han seguido trabajando como desde la oficina, si no que han dado incluso más. La productividad ha superado las expectativas y reticencias de las empresas sin ninguna duda. Y si bien es verdad que puede ser motivada por el miedo a perder el trabajo, es innegable que el teletrabajo ha dado resultados positivos.

Habrá que estar atentos a cómo evoluciona todo esto al finalizar la crisis sanitaria: ¿aumentarán las empresas el número de empleados que teletrabajan, o volverán a llenarse las oficinas con puestos que, en realidad, podrían llevarse a cabo desde casa?

Lo que se pide no es una generalización del teletrabajo. No todo el mundo lo prefiere (y es que al fin y al cabo la oficina no deja de ser un punto de conexión y socialización en nuestras vidas) y no todo el mundo puede llevarlo a cabo: ¿cómo conseguir en un piso de 40 metros cuadrados un espacio apropiado para trabajar? ¿de dónde sacamos ese intento de oficina? Para muchos parece un sueño lejano e inalcanzable. Sin embargo, como destacan los sindicatos, el teletrabajo podría suponer la solución perfecta a la ecuación de la conciliación. En familias monoparentales, por ejemplo, podrían evitar un gasto extra (niñera / guardería), y ayudar a que padres e hijos pasaran más tiempo juntos.

No obstante, no podemos olvidar que teletrabajar sigue siendo, al fin y al cabo, trabajar, y debemos cumplir unas medidas de seguridad básicas. Y es que teletrabajar puede hacernos enfermar: pantallas demasiado cerca, cuartos mal iluminados, sillas poco o nada ergonómicas, etc.

Además de los efectos psicológicos que pueden derivar sobre la salud de los trabajadores como no ser capaces de distinguir entre nuestro espacio personal y nuestro espacio de trabajo, ser demasiado autoexigentes, no ver el fin de la jornada laboral o no conseguir evadirnos cuando esta acaba. Estas situaciones pueden derivar en estrés y ansiedad como explica la psicóloga de EnMente, Laura Gómez.

En muchas ocasiones, este estrés está directamente relacionado con el hecho de que algunas empresas no respetan los horarios habituales de los trabajadores, exigiendo estar disponible las 24 horas del día, o no respetando la hora de salida del empleado, lo que supone un desgaste psicológico muy grande, un problema que podría solucionarse, por ejemplo, con fichajes virtuales.

El evitar todas estas situaciones y facilitar material a sus empleados forma parte de las obligaciones de las empresas con los mismos, y será una de las bases sobre la que sindicatos y compañías tengan que trabajar en un futuro próximo para establecer una regulación adecuada que cumpla con los derechos y obligaciones de los teletrabajadores.