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Periódico universitario UCM en la web 2.0

Publicidad: un enemigo para los niños con obesidad

  • La obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI y afecta a la mayoría de los países desarrollados y en vías de desarrollo.

La obesidad infantil es un trastorno metabólico que se traduce en una acumulación excesiva de grasa corporal que se debe a una ingesta excesiva acompañada de poco gasto energético.
La medida que nos indica el grado de obesidad es el Índice de Masa Corporal (IMC), que se calcula dividiendo el peso en kg, entre la talla al cuadrado expresada en metros. La pre valencia de la obesidad infantil está aumentando a un ritmo que se considera alarmante.

En España, un 21,2% de niños de entre 3 y 12 años tiene sobrepeso y un 7,1% son obesos. Esto se traduce, según publicaba en agosto ‘El Confidencial’, en que uno de cada tres niños en España tiene problemas de sobrepeso. Esto representa un 32% de niños de entre 7 y 13 años y coloca a España en el quinto puesto del ranking de países Europeos con más obesidad infantil. Lideran esta clasificación Grecia, Italia, Malta y Chipre. Portugal se sitúa en el sexto puesto. Esto crea la conclusión de que son los países Mediterráneos los que salen peor parados en esta cuestión. Esto pone en seria duda la presencia de la dieta mediterránea, una de las más ricas y saludables y tremendamente beneficiosa para la salud. Incluso la UNESCO inscribió esta dieta como elemento de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. 

Los niños de los países mediterráneos tienden a consumir poco los alimentos típicos de la dieta mediterránea. En España, solo un 30% de los niños comen fruta cada día, cuando la OMS recomienda ingerir un mínimo de 400 gramos de vegetales al día. En el caso de las verduras, la cifra es aún inferior: un 10%, el valor más bajo de toda Europa. 

En el alarmante aumento de la obesidad infantil confluyen en la mayoría de los casos una serie de factores de riesgo:

  • Factores genéticos: en general, los hijos de padres obesos tienen mayores posibilidades de serlo. 
  •  Dieta inadecuada: la mayoría de los niños con sobrepeso y obesidad siguen una dieta hipercalórica, en la que hay un exceso de alimentos ricos en grasas y azúcares.
  • Sedentarismo: se resume en mucha tele y poco o ningún ejercicio, además de unos horarios de comida poco controlados. 
  •  Factores psicológicos: el estrés personal o familiar puede provocar que el niño padezca obesidad, ya que algunos comen más para afrontar problemas o lidiar con distintas emociones o simplemente combatir el aburrimiento.
  • Factores socio económicos: en algunas comunidades los recursos son más escasos por lo que el acceso a los supermercados es más limitado. El resultado se traduce en la compra de alimentos semipreparados que no se echen a perder rápidamente. 

La obesidad infantil puede acarrear varias complicaciones físicas tanto a corto, como a medio o largo plazo: diabetes, colesterol y presión arterial alta, asma, trastornos del sueño, enfermedades cardiovasculares, etc.

Para entender mejor estos factores, entrevistamos a la nutricionista Melody García. Nos ha hablado de las principales causas de este trastorno, sus consecuencias a corto, medio y largo plazo. También ha comentado que la dieta mediterránea desde su punto de vista si sigue estando muy presente en nuestro país y no lo considera un factor a tener en cuenta a la hora de que España se posicione en ese puesto en el ranking europeo. Por último, ha explicado la forma de saber desde qué momento se puede notar que un niño va a sufrir sobrepeso y ha dado algunos consejos a la hora del tratamiento a seguir.

Pero, ¿hasta qué punto influye la publicidad y el marketing en la obesidad infantil? En los últimos años son varios los colectivos profesionales que han relacionado la obesidad infantil y la publicidad. Y son muchas las evidencias científicas que demuestran la gran influencia de la publicidad en la alimentación de los menores. Según la revista médica The Lancet, que dedicó un artículo a la epidemia de la obesidad, donde se destaca una cifra muy elevada, los niños reciben 7.500 impactos al año de mensajes que les dicen que consuman productos considerados no saludables.

Hablamos con Diana Gavilán, profesora de marketing en la Universidad Complutense de Madrid. Según ella no se puede hacer a la publicidad responsable de la obesidad infantil ya que son los padres los que deciden cómo alimentar a sus hijos. También sostiene que si la publicidad se ha centrado en captar la atención de los niños y en convencerles es porque ahora la decisión de compra depende de ellos en la mayoría de las ocasiones. Pero esto es totalmente legal. Diana se muestra en contra de prohibir la publicidad de ciertos productos poco saludables, como los altos en grasas o en azúcares, y apuesta por educar mejor a la población en lo que a consumo y alimentos saludables se refiere.

 

 

En España la publicidad se rige por la auto-regulación, es decir, el gobierno apoya los códigos de auto-regulación creados por la propia industria alimentaria, sin que haya ninguna legislación que los controle o exija que cumplan recomendaciones concretas. Se confía en la “buena fe” del sector para realizar un correcto código de práctica siguiendo directrices que regulan el contenido ético de las campañas de marketing, pero no supervisa ni la cantidad de veces que se emiten los anuncios ni la calidad nutricional de lo publicitado.

La industria alimentaria se excusa en que no obligan a comprar sus productos, que la gente libremente escoge lo que compra, aunque la evidencia científica muestra que las personas reciben una gran influencia por factores ambientales como el precio, la distribución en masa o la intensa publicidad, entre otros.

Los niños no tienen el juicio necesario para discernir entre qué es adecuado y qué no. Además, son muy susceptibles a lo que les gusta. Es realmente sencillo captar su atención y atraerlos hacia un producto concreto; basta con incluir colores llamativos, regalos o dibujos impresos de sus personajes favoritos. Entre los adolescentes, es más efectivo utilizar personajes públicos a los que admiran o relacionar el producto con emociones positivas. En otras ocasiones se resaltan propiedades nutricionales muy positivas como, por ejemplo, “rico en vitaminas y minerales”, para darle un halo de producto saludable, que haga creer a los padres que no es un producto tan malo.

Los dulces suelen ser uno de los alimentos estrella: galletas, cereales de desayuno, azucarados, bollería, helados y otros lácteos, batidos, cacao, chocolate, chucherías… Otro de los grupos habituales es el que engloba la llamada “fast food” o comida rápida, aperitivos salados, refrescos, bebidas azucaradas… Por lo general, todos ellos son alimentos ricos en calorías, de baja calidad nutricional, alto contenido en azúcar, grasa y sal.

Varios son los estudios que muestran la relación directa entre las horas frente al televisor, ordenador o tablet, y la ingesta calórica. A más horas frente a este tipo de dispositives, mayor ingesta de calorías y mayor peso. Se calcula que un tercio de los niños con sobrepeso y obesidad no lo serian si no estuvieran expuestos a la publicidad alimentaria.

Dentro de las medidas que podemos tomar encontramos:

  • Reducir las horas de televisión e internet..
  • Las comidas, cuando se realizan con la familia, son un buen momento para compartir y dar ejemplo. Son varios los estudios que muestran que los niños que comen con familiares consumen más frutas y verduras que los niños que comen solos.
  • Potenciar el consumo de alimentos saludables: frutas, verduras, legumbres, pescado… y ofrecerlos de maneras vistosas, coloridas y divertidas, fáciles de comer, para que les resulten más apetecibles.
  • Más mercado y menos supermercado: en los mercados encontramos menos alimentos procesados y más alimento real, y evitar la exposición a alimentos procesados reduce su consumo.

La última entrevista la hemos realizado a Mar Alonso, profesora en un colegio y perteneciente a la Fundación Belén. Nos ha contado como influye el entorno familiar en la obesidad infantil. A su parecer, el principal responsable son los padres y ha nombrado una serie de consejos a la hora de tratar a hijos con esta enfermedad.

 

 

En conclusión, Si hace 30 años la obesidad era casi inexistente, hoy en día afecta al 15% de los menores en los países desarrollados.  La publicidad infantil no está regulada, sólo auto-controlada, por ello no existe una normativa que impida que dichas acciones se lleven a cabo. Si se cumplieran los consejos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), deberían retirarse tres cuartas partes de los anuncios, ya que el 82% de los que publicitan alimentos procesados, ricos en azúcares refinados, sal y grasa saturada, van destinados a los niños, frente al 33% de la publicidad dirigida a la población adulta sobre los mismos alimentos. Mientras las autoridades españoles no tomen medidas, aún más debemos proteger a los pequeños de este tipo de publicidad con consecuencias dañinas para la salud.