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Periódico universitario UCM en la web 2.0

Prácticas curriculares versus prácticas extracurriculares

Las prácticas forman parte de la vida académica de cada estudiante antes o después. El ideal de los jóvenes es encontrar un contrato como becario en una empresa importante dentro del campo en el que se están formando durante cuatro o más años. Y si es posible, con unas condiciones decentes y la posibilidad de permanecer más allá de los meses de convenio establecidos con la universidad. Sin embargo, la realidad a menudo es muy diferente de las expectativas que se tienen antes de entrar de lleno al mercado laboral. Situaciones precarias, horas extra, remuneraciones mínimas, jornadas exhaustivas… Son algunos de las quejas que los universitarios exponen a la hora de protestar por la situación actual.

El decano de la facultad de medicina, Javier Arias, nos cuenta su opinión sobre el tema:

Claro está que cada carrera es un mundo. Dependiendo de la facultad, las prácticas son curriculares o extracurriculares. A pesar de que toda están destinadas al mismo fin, las primeras están integradas en el plan de estudio del grado. Es decir, cuentan como una asignatura más. Las extracurriculares se podrían considerar como las prácticas voluntarias que solo se pueden solicitar con el 50% de los créditos de la carrera superados. Por suerte, las universidades ofrecen convenios con empresas a través de portales de prácticas (en la Universidad Complutense de Madrid tiene el nombre de GIPE, por ejemplo), donde los alumnos pueden solicitar plaza donde deseen.

Dentro de las universidades nos encontramos con dos conceptos diferentes de prácticas que son aplicadas de manera distinta según la facultad en la que te encuentres.

Uno de los modelos que se practican en la universidad es el de la facultad experimental, en este modelo las universidades que cuentan con facultades experimentales son aquellas en las que las prácticas se afrontan como una parte indispensable dentro del plan de estudios académico, de tal manera que resultan fundamentales para afrontar el grado, es decir son consideradas una asignatura más para adquirir el título universitario.

Por otro lado, nos encontramos con el modelo de las facultades no experimentales, que son las que no requieren unas prácticas para finalizar los estudios, en estas facultades los alumnos tienen la opción de elegir si desean realizar prácticas o no. No supone una obligación.

Hablamos con profesores de nuestra facultad y contestan a algunas de nuestras cuestiones:

No se debe confundir el concepto de becario con el de un alumno en prácticas, el primero ya posee la titulación académica y las prácticas que realiza son una manera de complementar sus estudios, en definitiva el papel que debería desempeñar en la empresa no es el de trabajar sino el de complementar su aprendizaje práctico.

En la actualidad la situación de los becarios y de los estudiantes en prácticas es una de las peores de Europa, para empezar la retribución que reciben por su trabajo es inferior a la media de la Unión Europea, y no solo eso, sino que la ley ni siquiera exige a las empresas pagar un sueldo a los estudiantes o practicantes. Esto supone que no reciben un sueldo o compensación por su trabajo y por lo tanto tampoco cotizan a la Seguridad Social.

La situación de los que si reciben un sueldo o compensación tampoco es mucho mejor, ya que la mayoría reciben una cantidad que ni siquiera sirve para cubrir los gastos básicos. Por lo que les es imposible pagar un alquiler (sobre todo en las ciudades más grandes).

Dos de cada diez becarios o estudiantes en prácticas superan los 30 años, esto pasa porque se ven obligados a largar sus estudios, no por falta de formación, sino todo lo contrario. Alargan sus años de formación o realizan cursos para poder acceder a las practicas, ya que estas están muy solicitadas.

Al mismo tiempo, ha habido un aumento del número de becarios y personas en prácticas en las empresas españolas. Esto supone que hay 1 por cada 15 trabajadores, siendo el segundo país de la Unión Europea con titulados realizando prácticas, sólo por detrás de Eslovenia. Además, hay que aclarar que en numerosas ocasiones la carga de trabajo y funciones son prácticamente idénticas a las de un trabajador en nómina.

Esta situación lo que muestra es que en la mayoría de las ocasiones los estudiantes en prácticas no están para formarse, sino que lo que buscan es hacerse un hueco en la empresa en la que están o en alguna similar, aunque solo lo consiguen en el 30% de las ocasiones. Hay sectores en los que todavía lo tienen más difícil, como el del periodismo, donde la beca se ha convertido en casi una condición previa obligatoria para acceder al mercado laboral.

Otro de los grandes problemas que tienen los estudiantes en prácticas y los becarios es que desconocen cuáles son sus derechos y obligaciones, y si lo saben prefieren callar para no perder la oportunidad. En muchas ocasiones no saben si tienen derecho a vacaciones, o que sucede si trabajan más horas de las que pone en el contrato, o que les sucedería si tienen un accidente laboral.

Estas circunstancias ponen de manifiesto que es necesaria una regulación clara, que garantice los derechos y obligaciones de los estudiantes en prácticas, y que se mejoren las condiciones del mercado de trabajo.

Para terminar, algunos de nuestros compañeros estudiantes nos cuentan su experiencia con las prácticas universitarias: