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Periódico universitario UCM en la web 2.0

Lo que esconde el Broadway español

La tendencia en los últimos años en la Gran Vía madrileña es verse disfrazada de los alegres y pintorescos musicales que adornan la capital española. Millones de personas  por la emblemática calle para saciar sus ganas de ese tipo de ocio, el cual, en los últimos años ha experimentado un crecimiento enorme convirtiéndose así en un habito cultural destacado dentro de al agenda cultural de los ciudadanos.

El musical era una excepción en el panorama teatral madrileño hace apenas una década. Hoy los teatros han conquistado el territorio antiguamente reservado para los cines en la Gran Vía, convertida en el Broadway español que alberga de continuo en torno a media docena de estos espectáculos.

En la actualidad hay un gran aumento en el consumo de este tipo de ocio como consecuencia de que la población cultural tiene una mayor concepción e interés por la música en general, provocando así que los musicales sean uno de las paradas culturales con mas transeúntes dentro de panorama español.

Todo esto se sustenta con un gran equipo de profesionales que viven por y para los musicales, hablamos de actores, productores, coreógrafos, guionistas, técnicos… que enfocan su profesión a satisfacer y realizar ese boom actual de asistencia a este tipo de espectáculos por parte de consumidores de todas las edades.

Pero esta situación se ve enormemente ensombrecida por la realidad del dinero invertido por el estado español. De esta forma, el 75% de las partidas presupuestarias destinadas a la cultura y al fomento de al misma son utilizadas de manera inadecuada y además no reflejan los alcances esperados, siendo por ello, el ambiente teatral uno de los más afectados. Como consecuencia de esto cada vez hay menos obras teatrales/musicales en la Gran Vía madrileña ya que los teatros solo buscan lo que les vaya a ser rentable, creando así una tendencia a que las obras que son muy visualizadas se prolonguen en el tiempo ocupando los carteles dejando de lado a obras con menor presupuesto y menor fama.

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Hablando pues, en cifras oficiales podemos encontrar como en el año 2006 la cantidad de dinero invertido en las producción teatral/musical alcanzaba casi los 40.500 euros. Esta cantidad de dinero invertida se encontraba muy por encima de la financiación que realizaba el Estado para  museos o danzas. Sin embargo, y como consecuencia de la crisis podemos encontrar una gran bajada en el año 2007 como consecuencias de las medidas tomadas por el Gobierno español con las que frenas la conocida crisis.

En el año 2008 podemos ver una cierta mejora produciéndose así un incremento del dinero destinado a la organización de este tipo de eventos culturales. Después del pico de recaudación de 2009, con 206,6 millones de euros, el teatro en España cae de forma suave pero sostenida en su conjunto, y en 2012 bajó de los 200 millones de euros. El responsable claro de esta situación más allá de la crisis fue el 21 por ciento de IVA que grava al sector. Fruto de esa subida del IVA está la divergencia en los datos entre la caída en el número de espectadores (9,2%) y la recaudación (5,07%). Las entradas de los musicales son algo más caras que las del teatro convencional, aunque los productores aducen igualmente los costes mucho más elevados de este tipo de espectáculos.

Sin embargo, el mercado escénico español se ha transformado profundamente durante los últimos años como consecuencia, fundamentalmente, de la importantísima inversión pública en construcción y rehabilitación de teatros, y en apoyo a la producción, circulación y exhibición de espectáculos, así como por la gran capacidad de iniciativa del sector privado. La mejora de la situación económica ha provocado dicha inversión, y eso trae consigo una aumento del consumo por parte de los ciudadanos dispuestos a entrar de nuevo en las salas de teatro para disfrutar de los espectáculos.

Como consecuencia de ello, ha aumentado considerablemente la oferta de espectáculos y funciones programadas, y se ha fortalecido el tejido de compañías y empresas de producción y distribución, permitiendo el surgimiento de algunas empresas de gran tamaño y proyección. Dicha transformación ha afectado en mucha mayor medida a la oferta teatral de las ciudades de tamaño medio, y a la viabilidad de la producción asentada en el territorio. Madrid y Barcelona, las dos grandes capitales escénicas, se han beneficiado en gran manera del aumento de actividad y de recursos aunque en términos relativos hayan perdido peso, pues las economías de localización permiten racionalizar procesos, desarrollar nuevas audiencias y fortalecer grandes empresas de producción y exhibición. Al mismo tiempo, la demanda tiende a diversificarse y permite en las grandes ciudades la multiplicación de iniciativas –salas de pequeño formato o festivales especializados- que nacen de la efervescencia y voluntad de colectivos independientes que consiguen arrancar algunos recursos marginales de los poderes públicos.

Las administraciones públicas tienen la llave de la exhibición en el territorio y asumen el rol principal en la regulación del sistema escénico. La producción, en manos fundamentalmente de la iniciativa privada, ha sabido aprovechar dicho proceso y ofrece cada vez más fórmulas de coparticipación con el sector público.

Pero detrás de toda esas luces y organización que trasladan al publico a una realidad paralela llena de ilusión y magia, hay un esfuerzo y sacrificio constante por parte de los actores que se dejan la piel intentando convertirse en estrellas musicales. Un ejemplo de ello son Helena Alonso Quintanilla y Elena Madariaga Gimeno, dos jóvenes promesas del genero teatral  que desde hace años luchan por hacerse un hueco en este complicado y vistoso mundo. Ambas estudian periodismo y confiesan sentirse atraídas por la música, y al mismo tiempo lo compaginan sus estudios. Sin embargo, ambas se muestran tajantes y firmes al reconocer lo complicado que es acceder y sumergirse en el mundo teatral, y más en aquellos que se encuentran en la popular calle madrileña.

Como vemos lo que hay detrás de todo este entramado son grandes esfuerzos y sacrificios que muy pocas veces se ven reflejado. La cantidad de dinero invertida en todo este tipo de eventos culturales no es escenicamente insuficiente para el trabajo y dedicación de sus profesionales, hablamos tanto de actores como de músicos o incluso los propios productores.

Se trata de un trabajo muy poco valorado donde sacrificas gran parte de tu vida por tu propio sueño.

Como diría David Mamet “Cuando veamos que de nuevo se aprecia y recompensa a los actores que llevan al escenario o a la pantalla generosidad, deseo, vida orgánica, acciones ejecutadas libremente -sin deseo de recompensa ni miedo a la censura o la incomprensión- tendremos una de las primeras señales de que la manera de nuestra época introvertida y desdichada ha comenzado a cambiar, y que volveremos a tener el anhelo y la disposición de contemplarnos a nosotros mismos.”

 

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