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Periódico universitario UCM en la web 2.0

Artistas callejeros: las calles gritan arte

El término arte callejero o arte urbano derivado de la expresión “street art”, hace referencia a todo el arte de la calle, habitualmente alegal. Esta definición popular, designa a un grupo heterogéneo de artistas en los cuales unos dibujan, otros pintan, cantan y engloba infinidades de estilos y actividades del arte callejero urbano.

Multitud de movimientos artísticos surgieron por una necesidad de expresar, y transmitir pensamientos y creencias culturales. Al integrar sus elementos en lugares públicos frecuentemente transitados, su  fin primordial es sorprender a los espectadores.

Actualmente, los artistas urbanos exhiben su arte en las calles, no solo para entablar su diálogo con la sociedad sino para provocar un cambio en la apariencia de las ciudades. Con sus trabajos recrean la realidad de quienes viven sin techo o tal vez incitar al transeúnte a la participación en la vida ciudadana.

La mayoría de la gente de a pie, que recorre las calles más emblemáticas de la capital podría pensar que que estas personas que hacen malabares, cantan, actúan o son mimos vivientes, son fruto de una mera casualidad y que su modus vivendi no corresponde con su realidad académica, sin embargo en la mayoría de los casos esta percepción no es cierta. Estos artistas tan peculiares, no solo tienen una vocación definida y unos sueños por cumplir, sino que han estudiado artes escénicas o cuentan con otro tipo de formación. Con lo que el paseante de Madrid no solo observa las genialidades artísticas de estas personas sino que también debería darse cuenta de las horas de esfuerzo y entretenimiento a las que se han sometido para llegar a poder actuar en las calles.

Siete son las ciudades en España, que cuentan con más “street art” y Madrid es, sin duda, una de las mejores para disfrutar de este arte tan particular, seguida de Barcelona, Valencia, Zaragoza, Bilbao o Santander. La capital del país, figura como uno de los destinos más concurridos y populares para desarrollar estas actividades. Muchos son los barrios que muestran sus piezas de arte a pie de calle y un buen ejemplo de esto es Lavapies, Malasaña o la Plaza Mayor.

Y es que Madrid no sería lo mismo sin ellos, los artistas callejeros, aquellos que conmueven, hacen reír y captan las miradas de los turistas. Cualquier rincón de la zona de Madrid es perfecto para que estos artistas de todas partes del mundo muestren su original forma de vida.

Nuestro recorrido callejero-artístico, comienza en Sol, donde encontramos a Mickey o Minnie, un entretenimiento para los más pequeños con los cuales se fotografían. Sin embargo, lo que más abundan son los llamados “artistas flotantes”, aquellos que sujetos únicamente por un palo, despliegan su talento y habilidad.

Nuestra ruta del arte urbano por Madrid continúa y allí descubrimos a  Alejandro, una persona fascinante, sensible y muy culta, que comparte con nosotros sus inquietudes artísticas y su historia.

Alejandro, mediano empresario, de edad madura que por avatares de la crisis perdió todo lo que tenía y se vio abocado a vender en plena calle pequeños objetos de fabricación propia, su sueldo medio oscila alrededor de los 700 euros mensuales y como su actividad es libre se ve obligado a no permanecer mucho tiempo en el mismo sitio. Ha tenido problemas con la policía puesto que le acusan de venta encubierta, sin embargo, afirma  que es mucho más feliz ahora con lo poco que tiene porque la gente le quiere por lo que es y no por lo que posee y añade que es necesario tener una fortaleza mental para afrontar este duro camino diario.

Posteriormente, nos encontramos con Mario, de 24 años y de profesión, actor y nos cuenta su día a día. Anteriormente a este espectáculo hacia otro con guitarra y percusión que no le proporcionaba tantos ingresos. Este joven, nos relata que su jornada laboral gira en torno a las 8 h de cualquier otro trabajador, la mayoría de las cuales emplea en buscar un sitio propicio para montar su escenografía y realizar su actividad artística. Con simpatía nos relata que existe un vació legislativo en España que deja desprotegidos a todo aquel que se dedique a hacer arte callejero. Los motivos por los que te pueden echar son diversos y dependen de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, entre ellos molestar a los viandantes o invasión del espacio público.

Tanto es así, que en el año 2013, Ana Botella anunció en 2013 la creación de un examen para los músicos callejeros de Madrid, algo parecido a una “prueba de calidad”, en la que el 70% de los músicos que se presentaron (318 solistas y grupos) pasaron la prueba. Antes del Casting que impuso Ana Botella en 2013, la actuación de artistas callejeros quedaba regulada por la Normativa de Plan Zonal Específico de la Zona de Protección Acústica Especial del Distrito Centro. Con la implementación de dicho examen, para poder actuar en la vía pública debías tramitar una solicitud de manera presencial en las oficinas de registro del Ayuntamiento de Madrid.

Captura

Posteriormente, la actual Alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena se comprometió a retirar dicha normativa pero sin especificar una fecha concreta. Dicha medida fue de carácter temporal ya que durante las Navidades de 2016 hasta el 14 de enero, el Ayuntamiento de Madrid permitió actuaciones sin previo aviso en muchas áreas calificadas como Zonas de Protección Acústica especiales. Se trata del segundo año consecutivo que se concede este permiso.

Aunque parece que se ha aflojado la soga respecto al libre albedrio de actuaciones en la capital española, actualmente muchos músicos se quejan de la falta de libertad para poder ejercer su profesión en las calles de Madrid, y es que, como hemos remarcado, estas disposiciones han sido provisionales. Todavía falta que el actual equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid se siente a la mesa con músicos y las distintas asociaciones de música para debatir sobre la nueva normativa como prometió.

MARIO Y SU MARIONETA 

La céntrica calle Arenal, nexo entre la plaza de Ópera y la Puerta del Sol, es conocida por su afluencia de personas. El ritmo que allí se observa al caminar es rápido, directo. Al menos es así hasta que se descubre a otros que van a destiempo, que lo que buscan no es llegar al destino, sino sacar sonrisas por el camino a quienes quieren llegar. A la altura del número 10 de la calle, conocemos a Mario y su marioneta, Manolo. Un lunes al medio día, que ya es difícil, moviendo con habilidad los dedos, las muñecas, incluso los pies, a fin de coordinar un baile perfectamente aeróbico en el objeto.

El joven, de 26 años, nos relata su comienzo en esta actividad remontándose a la época en que tocaba la guitarra, su compañera de viaje, hasta que sufrió un accidente de tráfico en Australia. Lamentablemente, estuvo algún tiempo postrado en el sofá, pero pensó en una solución, tanto para su comodidad como para su bolsillo: Manolo, que “cabe en una maletita de Ryanair”.

Mario viaja por el mundo con su marioneta y se queda varios días en cada ciudad, según sus gustos. Compagina su espectáculo con el trabajo de actor. Nos contó que es de los pocos con suerte de esa profesión que tienen trabajo en el sector, y se le ve feliz por ello.

ALEJANDRO Y SU MADERA

La crisis del 2007 dejó a mucha gente sin trabajo, dando un tremendo giro a la vida de muchos españoles. Cambiando su vida por completo, sus prioridades y su concepción de la felicidad.

Alejandro, con 55 años es una de las muchas personas a las que cambió la crisis económica y social que golpeó nuestro país. Un hombre felizmente casado con una vida repleta de lujos gracias a la dirección de varias empresas. Hasta el momento en el que su fortuna se fue a pique, quedándose solo y perdiendo todo lo que tenía.

A día de hoy Alejandro vive de la artesanía en la calle Arenal de Madrid. En un pequeño rincón de la avenida se dedica a crear auténticas obras de arte con un solo trozo de madera y un cúter. Todas sus creaciones son símbolos religiosos que reflejan la esperanza de Alejandro fundamentada en su fe. Para él la suerte no existe, depende de nosotros y asegura que su vida no acabará aquí.

Tras una larga conversación con nuestro protagonista sentadas en el gélido suelo del paseo, donde Alejandro pasa todos sus días. Llegamos a la conclusión de que desconocemos la situación de toda persona que se encuentra en la calle, intentándose ganar la vida como bien  puede. Quizás escuchando a más personas como él, eliminaríamos muchos de los prejuicios y no ignoraríamos a personas como Alejandro al cruzar la calle con nuestro egocentrismo y nuestra prisa.

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