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Periódico universitario UCM en la web 2.0

La vivienda: el primer paso para iniciar la vida universitaria

Los estudiantes, que cambian su lugar de nacimiento por otro cuando comienzan la vida universitaria, deben elegir en qué lugar vivir. Las opciones más habituales: residencias, pisos compartidos o habitaciones alquiladas.

18 años y un futuro prometedor por delante. Una vida que durante su primera etapa ha estado ligada al núcleo familiar. Ahora la situación es diferente, la vida espera y las decisiones se toman por uno mismo. Es el momento de comenzar de cero. Primero hay que seleccionar cual será tu nuevo hogar. Las opciones se reducen en este aspecto principalmente a tres: pisos compartidos con otros estudiantes, residencias universitarias o colegios mayores y habitaciones alquiladas con una familia.

Para la gente que está acostumbrada a vivir en un núcleo familiar muy fuerte y cuya dependencia en este aspecto es muy grande, la mejor decisión es alquilar una habitación dentro de una casa en la que vive una familia. Quizás de las tres opciones sea la menos conocida, pero presenta unas comodidades diferentes a las otras dos opciones. “Cuando escoges este tipo de opciones dependes de las condiciones que ponga la gente que te alquila la habitación. En mi caso, por ejemplo, era una mujer divorciada que me hacía la comida, me limpiaba la habitación, me planchaba… Eso iba incluido dentro del precio que pagaba”, comenta Javier Rodríguez, un estudiante que ha vivido esta experiencia durante su primer año de carrera en Madrid.

“En realidad es como irte de tu familia y tener una segunda familia aquí en Madrid. Yo ese primer año no viví lo que era realmente la vida universitaria. Mi vida apenas cambió durante ese tiempo”, afirma. Sin embargo, esta es una opción que en cierto modo puede llegar a cansar. “Hubo un momento que necesitaba salir de allí. No sabía lo que era vivir la vida universitaria plena. Necesitaba irme con amigos a vivir. Hacerme mi propia comida, fregar la casa… Cuando lo tienes que hacer es un coñazo, pero te da una independencia que en otros casos no existe”, asegura.

Otra de las opciones que existen son las residencias universitarias o colegios mayores, un punto intermedio entre la vida familiar y la independiente. En este aspecto, depende del lugar que elijas para vivir porque las ofertas son ilimitadas: desde residencias en que tienes un comedor en que te cocinan, te lavan la ropa o te limpian la habitación hasta otras en las que la independencia es casi total. “Nuestra residencia, por ejemplo, te daba mucha libertad porque no te ponían ninguna hora de entrada cuando salías por la noche y podías elegir si querías comer en el comedor o te hacías tu propia comida en el apartamento. Eso es un punto muy positivo porque tú puedes elegir el grado de independencia que quieres asumir”, declara Pepe Castillo, estudiante de enfermería que ha vivido durante sus dos primeros años en Madrid en la Residencia Universitaria Mirasierra.

Además también existe la opción de escoger una habitación individual o compartida con otros compañero, que en la gran mayoría de los casos suele ser desconocido. “En ese aspecto dependes mucho de la persona con la que te toca vivir. Hay que tener suerte. Mi compañero y yo éramos muy diferentes, pero nos llevábamos muy bien. De hecho, luego nos hemos ido a vivir juntos fuera de la residencia y seguimos siendo muy buenos amigos”, explica. No obstante, las residencias también tienen sus partes negativas: el precio y la falta de tranquilidad. “Si quieres un poco de tranquilidad, es complicado porque siempre están tus compañeros por ahí llamándote para hacer cualquier cosa. Además que las residencias por norma general suelen ser bastante más caras que los pisos compartidos”, resalta.

La última de las opciones es la de aquellas personas que deciden irse a un piso junto a otros universitarios, que una gran mayoría de los casos acaban convirtiéndose en amigos. “Hay que tener claro que en estos casos depende mucho de las personas con que convivas. Al principio hay que tantear un poco el terreno porque si el resto de tus compañeros es muy distinto a ti, tienes que adaptarte porque sino los problemas pueden ser graves”, confirma Óscar Pandiello, estudiante de periodismo, que ha elegido compartir piso con algunos de sus amigos. “Nosotros nos llevamos muy bien porque somos todos igual de guarros. Uno de mis compañeros sí que es más ordenado y entonces cuando se enfada, nos toca limpiar”, bromea. Ismael, otro de sus compañeros, confirma que esto es así.

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