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Periódico universitario UCM en la web 2.0

La inocencia de Tinder

Desde su lanzamiento a finales de 2012, Tinder, la aplicación de citas más famosa para conocer en tiempo real gente de tu entorno según tus preferencias, ha cambiado la manera en la nos relacionamos a la hora de buscar una amistad o una pareja. De las 400 descargas diarias iniciales han pasado a 5.000, algo que da a entender el fin del rechazo social que producía conocer a una persona a través de una red social basándote únicamente en su apariencia física, algo que no dista mucho de la realidad.

Según datos de la propia aplicación presente en más de 196 países, los españoles están siendo cada vez más asiduos a pasar sus ratos libres haciendo swipes, es decir, deslizar hacia la derecha o hacia la izquierda en función de si quieres empezar a conocer o no a la persona que aparece en pantalla. En 2017, los usuarios de nuestro país hicieron más de 10.000 millones de swipes, lo que nos deja una media de 800 millones de deslizamientos al mes, incrementando en gran medida las opciones de conocer a alguien cerca de tu entorno sin depender de la conexión que tenga este con tus amigos o la probabilidad de coincidir en una discoteca una noche de sábado. El 85% de los usuarios únicos que usan Tinder tienen entre 18 y 34 años, lo que muestra un evidente cambio en la forma de comunicarnos que está teniendo la sociedad. Los jóvenes cada vez usan más las redes sociales en su día a día por lo que conocer gente o una posible futura pareja a través de internet parece lo más lógico. Vivimos pendientes del teléfono, leemos noticias en webs online y nos comunicamos con nuestra propia familia a través de mensajería instantánea, por lo que relacionarse a través de una geolocalización no parece tan descabellado. Una de las principales causas del éxito de la aplicación es el cambio de mentalidad de los usuarios.

En los inicios de la aplicación se creía que esta simplemente serviría para conocer gente con la que pasar una noche. Y así lo demuestran los testimonios de las personas que se han ofrecido a prestar su declaración respecto a la opinión que se han ido formado de la aplicación con la normalización de su uso.Tinder, como otras tantas aplicaciones de su entorno mediático, ya no precisa de la elementalidad tradicional del factor físico, esto es, la presencia recíproca y compartida por los actores de la conversación como requisito indispensable para establecer el proceso comunicativo, lo que nos remite inequívocamente a la máxima social de: internet, mientras nos acerca a las personas en la distancia, nos aleja del entorno más inmediato. El contacto visual deviene en una suerte de previsualización estática de las fotografías que cada usuario expone en su perfil. A la cercanía le sucede el concepto de instantaneidad.

Pareja Tinder

Relación de pareja mediante la app de Tinder

Una de las novedades de la marca es la exclusión de la publicidad convencional, lo que no impide que Tinder concite la atención de una audiencia que se masifica a tenor de los copiosos beneficios de la marca. La aplicación no se prodiga en los espacios destinados a la publicidad en plataformas virtuales como son Facebook o Twitter. Su éxito, por tanto, no estriba en la promoción del servicio sino en su prestación, es decir, en el contenido espinal del servicio. En el desconocimiento de la aplicación, aseguran fuentes cercanas a Tinder, se cae en el equívoco de que Tinder sirve, exclusivamente, para ligar o flirtear. Su uso rutinario revela que a través de esta plataforma se pueden también establecer relaciones cordiales, que en su sentido último pueden derivar en amistades imperecederas. Este uso inocente que solo se explica en la teoría no se puede extrapolar a la práctica ante la evidencia de malas praxis en las que la absurdez humana se traduce en historias de vejaciones, humillaciones… La insidia se parapeta en la trinchera del anonimato para cometer sus fechorías.

Los detractores de este modelo de comunicación incipiente se atienen a esta argumentación para desmerecer el sentido de la aplicación. Sin embargo, la realidad es que los usuarios de esta aplicación nunca se conforman, siempre están en la busca de algo más y mejor; porque al igual que personas, hay muchas aplicaciones que te lo pueden ofrecer. Tinder es la aplicación más famosa para conocer gente que hay actualmente, pero no es la única que encontramos en el mercado, está Meetic, Adopta un Tío, Lovoo o Grinder, esta última destinada al público homosexual. Pero también existe una variante más VIP, la cual es Tinder Select, versión alternativa mucho más elitista que no está al alcance de todos. A esta nueva versión solo se accede por invitación, exclusivamente si eres rico y guapo, abundando así modelos, actores, actrices, etc. El atractivo atrae a más atractivo. Cuantos más likes y matches, más atractivo eres, y más posibilidades tienes de entrar en la élite de Tinder.

Jóvenes usando Tinder

Jóvenes interactuando mediante Tinder

Pero el atractivo es relativo, puedes estar en tu casa en pijama y pantuflas, ligando con una imagen en tu perfil vestido con traje y mocasines. La magia de sentirte guapo, arreglarse para una cita, los nervios en tu camino hacia el bar donde habéis quedado, se han esfumado; al igual que el amor, de esta aplicación y parece que de nuestra vida. El amor a primera vista, esa concepción tan idealizada y tan de película romántica, sí existe en las aplicaciones para ligar… pero no porque se conozca a la persona de un modo bonito, sino porque lo primero que se hace es ver una foto e indicar si te gusta o no. Tinder al fin y al cabo es un juego, tienes tantos likes y hablas con tantas personas, que ni te acuerdas de ellas. Todo se basa en el movimiento de un dedo, en un escaparate de fotos, hombres y mujeres en busca de sexo o tal vez de amor. Pero el problema viene cuando la sonrisa y la mirada que observas en una foto, no te parece lo suficiente para ti… pudiendo perder la oportunidad de tu vida, que esa persona pase por delante de tus ojos, por el movimiento de tu dedo a derecha o izquierda.

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