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Periódico universitario UCM en la web 2.0

Horizontes Abiertos: una oportunidad de cambio

Exterior del centro de ayuda a drogodependientes en Las Tablas

Exterior del centro de ayuda a drogodependientes en Las Tablas

Han pasado ya 37 años desde que la Fundación Padre Garralda – Horizontes Abiertos se fundó. Una organización no gubernamental repleta de voluntad, empatía y solidaridad. Una iniciativa orientada a la integración social de personas marginadas mediante diferentes proyectos, abriendo horizontes donde parecía no haberlos.

Alrededor de 1000 voluntarios en toda España colaboran desinteresadamente en la Fundación y trabajan con los diferentes colectivos. A estos ciudadanos decididos a colaborar con la causa, se añaden un grupo de 120 profesionales que trabajan diariamente con el mismo objetivo. Médicos, psiquiatras, enfermeros, psicólogos, trabajadores sociales y educadores aúnan sus fuerzas para generar oportunidades, obtener mejoras y proporcionar a los beneficiarios del proyecto una atención personalizada y efectiva.

La organización tiene como fin último la normalización de las vidas de todos los afectados que pasan por sus instalaciones. Hasta hoy, ha atendido a más de 50.000 personas. Los problemas a los que se enfrentan son muy heterogéneos: madres que carecen de recursos para introducir a sus hijos en los círculos sociales, niños menores de tres años que crecen en cárceles por la condena de sus madres, drogodependientes, o presos decididos a rehabilitar su vida cuando finalicen sus penas. No obstante, todos comparten un denominador común: la voluntad de cambio.

Proyecto Cardenal Martini

El Proyecto Cardenal Martini está dedicado a ayudar a personas en fase de deshabituación de dependencia a diferentes sustancias tóxicas, además de proporcionarles una vivienda durante el periodo previo a la reinserción social. Situado en las Tablas, Madrid, el proyecto proporciona un Servicio Residencial de Apoyo al Tratamiento Ambulatorio; es decir, un régimen de alojamiento un seguimiento realizado por expertos, ayuda para mantener la abstinencia, acompañamiento diario al tratamiento y supervisión continuada para asegurar el cumplimiento del mismo.

De esta forma, los enfermos desarrollan sus actividades diarias en las instalaciones, aunque para su rehabilitación también acuden a centros de tratamiento específicos ajenos a la Fundación y tienen autonomía para salir los fines de semana (viernes, sábado y domingo). No obstante, el control es exhaustivo. Cada vez que salen de las fronteras de la Fundación, se someten a la prueba del alcoholímetro; y cada miércoles realizan un test de orina. Si el enfermo da positivo, no se le expulsa del centro ni se le castiga por su error; se incrementa la ayuda y la atención otorgada, poniéndoles de nuevo acompañamiento en sus salidas.

Durante su estancia disfrutan de diversos servicios: enfermería, lavandería, gimnasio, sala de juegos, cocina, comedor, sala de televisión, jardín, terraza para fumar, etc. En cuanto a este último aspecto, la Fundación no les restringe el consumo de tabaco, pero los profesionales guardan el dinero de los enfermos para aumentar la seguridad; por lo que la organización misma les proporciona el tabaco que ellos solicitan, normalmente un paquete diario.

La convivencia entre los pacientes es sencilla, no se caracteriza por ser conflictiva. Cada uno tiene sus horarios y tareas bien estipuladas, favoreciendo la tolerancia y el entendimiento. Si alguien no puede cumplir con sus cometidos, los cambia con un compañero; de manera que ninguno se quede sin cubrir. Además, se constituyen como una gran familia, puesto que las visitas no son frecuentes y, cuando existen, siempre se debe consultar previamente a los trabajadores sociales. Gracias a la libertad que tienen para salir de las instalaciones, se evitan estas visitas.

Este programa proporciona asilo a los drogodependientes durante tres meses. Sin embargo, se estudia cada caso de forma individual y conceden prórrogas a todos aquellos que aún no estén rehabilitados una vez finalizado el plazo. En caso de agotar los tres meses y seguir sin vivienda o trabajo, se les suele derivar a Centros de Orientación Sociolaboral (COS). Así, estos centros les proporcionan la ayuda de orientadores laborales, imparten cursos, les incluyen en la bolsa de trabajo, etc., ampliando las posibilidades de encontrar empleo.

Jaime Garralda, director y fundador del centro, relata entre risas cómo empezó todo: “Andado se aprende a andar. Nunca pensé, ni tampoco la gente que colaboró conmigo, en hacer algo; sino que estábamos con ellos, tenían una necesidad e intentamos ayudarles”. Añade, además, que el primero estuvo enfocado a los presos que no tenían dónde ir y por ese motivo no tenían permiso para salir. En primera instancia, lucharon contra esa injusticia instalando dos casas: una para mujeres y otra para hombres.

Alfonso, un testimonio real

Son las once de la mañana en Las Tablas. La Fundación Padre Garralda amanece como cualquier otro día. Por sus pasillos, calma. Los cocineros preparan la comida mientras algunos de los internos van haciendo sus tareas diarias. La Fundación es un centro que ofrece tanto a hombres como a mujeres una vivienda con todas sus necesidades cubiertas: alimentos, mantas y ropa. Los residentes tienen una media de 40 años y son derivados a la Fundación a través de los centros específicos ajenos, en los que intentan rehabilitarse.

El Padre Garralda nos acompaña hasta un gran salón comedor en el que se encuentran alguno de los que viven en la Fundación. Keko nos saluda con entusiasmo, nos pide una foto y ruega que se la mostremos. “¿A que estoy guapo?” -nos dice- “Ésta se la enseñaré a mi hija de 12 años. Es preciosa”.

Un poco más atrás encontramos a Alfonso. Sin pensárselo dos veces se ofrece para enseñarnos las instalaciones del centro y revelar su experiencia. Nos cuenta su historia. Una de las tantas que habitan en las diferentes sedes que la Fundación tiene en España. A los doce años, entre risas y a modo de aventura, tomó su primera copa de sidra. De buena familia, asegura que nunca le faltó de nada, hasta que un día el alcohol le hizo perder el control. Ha pasado días en la calle, ha dormido en albergues y ha estado en centros de desintoxicación 24 horas. No era una copa, era una tras otra. La situación familiar empeoró y algunos de sus bienes le fueron embargados. Según argumenta, la causa que le empujaba a beber era una personalidad caracterizada por tres premisas: envidia, lujuria y egocentrismo.

Se le ve arrepentido, con ganas de salir de ese pozo sin fondo que, en ocasiones, le ha llevado al extremo. Cuenta que en una de sus recaídas llegó a amenazar a un familiar con un objeto metálico y a llamar él mismo a la policía tras darse cuenta de la gravedad del asunto. Alfonso es consciente de que está cambiando. Acude a reuniones de grupo con alcohólicos de todos los niveles. Asegura que estos encuentros le ayudan a darse cuenta de hasta dónde se puede llegar. “Yo veo a gente mucho peor que yo y pienso: no quiero eso para mi” – afirma.

Alfonso progresa diariamente. Nos cuenta que, en anteriores ocasiones, ha estado hasta dos años sin beber, aunque luego ha vuelto a recaer. Espera que esta vez sea distinto. Por él, por su hijo, por un nuevo amor que le anima a salir adelante. También por su familia, la cual ha ido perdiendo cada vez que su alcoholismo le convertía en otra persona.

Una ayuda desinteresada

El centro localizado en Las Tablas cuenta con diferentes educadores sociales que día a día trabajan por la rehabilitación de los drogodependientes que se benefician del Proyecto Cardenal Martini. Son ellos quienes les acompañan en sus salidas durante los primeros días, les ayudan a organizar las labores cotidianas de la Fundación y los responsables de realizar los test de orina. También se encargan de organizar excursiones los fines de semana para aquellos residentes que no se vayan a sus casas.

Para los afectados, estos educadores llegan a ser personas de referencia en las que depositan una confianza especial, pues no tienen nada que ocultar ante ellos y no les juzgan por sus problemas. Sin embargo, no sólo son los enfermos quienes establecen vínculos afectivos con los educadores. Éstos últimos también terminan por involucrarse de forma personal en cada caso, empatizando con cada una de las personas a las que intentan ayudar.

Lamentablemente, las recaídas son frecuentes y, en ocasiones, la puerta de la Fundación se vuelve a abrir para antiguos residentes. Eva Espinosa, trabajadora social, confiesa que “depende de la motivación que tenga la persona para salir del problema”. Así, añade la idea de que los drogodependientes necesitan mucho apoyo de todo su entorno, pero la reinserción en la sociedad depende, en gran parte, de que la persona crea en sí misma.

De esta forma, la profesional aproxima datos positivos sobre la evolución de los pacientes, afirmando que, en numerosas ocasiones, los drogodependientes solicitan ayuda voluntariamente cuando tocan fondo; y aunque lo intentan varias veces porque la situación no es fácil, muchos se someten a tratamiento libremente. Y es que gracias a proyectos como este, un gran número de afectados logra normalizar su vida, establecer vínculos con la sociedad, rehabilitarse y, finalmente, abrir nuevos horizontes.

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5 Comments

  1. No conocía la labor de Horizontes Abiertos hasta que he leído este reportaje. Me encanta saber que hay gente buena en el mundo que está dispuesta a ayudar a los demás sin pedir nada a cambio. Gran reportaje!

  2. Totalmente de acuerdo con Taylin. Este tipo de iniciativas son las que se deben “explotar”. ¡Muy interesante!

  3. Muy buen trabajo, y muy buena iniciativa. Esperemos que surta efecto y existan más movimientos que ayuden de esa manera.

  4. Sin duda es una gran iniciativa que invita al cambio, a ver salidas. Es importantísimo.

  5. Sin duda, en los tiempos que corren hacen falta más iniciativas como estas!

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