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Periódico universitario UCM en la web 2.0

Gestión de las emociones en las enfermedades

Decía George William Curtis que “la felicidad radica, ante todo, en la salud” y es que las emociones siempre han jugado un papel muy importante en el desarrollo de todo tipo de enfermedades, pero no ha sido hasta hace poco años donde se le ha empezado a dar la cobertura y la importancia que realmente tienen. 

Actualmente, la tendencia está cambiando y muchos hospitales están poniendo en marcha los Planes de Humanización de Asistencia Hospitalaria del Ministerio de Sanidad y Consumo, con el objetivo de “promover la mejora de la humanización de la asistencia sanitaria en los centros, servicios y unidades de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid”. A través de estos planes se pretende personalizar la asistencia, tratando al paciente como persona física y emocional, escuchando lo que necesitan tanto ellos como los familiares, atendiendo sus necesidades y convirtiéndolo en un proceso clínico en el que la actitud es fundamental. 

Los enfermos ingresados en el hospital suelen ser personas con cierto grado de vulnerabilidad, ya que se enfrentan a situaciones límite como la propia enfermedad, el dolor, la frustración, el temor a la muerte… Por ello, es muy necesario que el personal médico tenga en cuenta cómo gestiona sus propias emociones y ayudarle a mejorar su actitud.

Según diversos expertos, las emociones pueden ayudar al desarrollo de enfermedades así como a la evolución favorable de las mismas, por tanto, es imprescindible saber gestionar las emociones incluso antes de padecer el problema. Las emociones generan cambios en la experiencia afectiva, en la activación fisiológica y en la conducta expresiva.

A través de los sentimientos respondemos a los estímulos que nos llegan y que pueden amenazar nuestro bienestar tanto físico como mental. Por ello, se debe aprender a gestionarlos y a canalizar los mismos de forma favorable. Las emociones positivas no sólo nos ayudan a reducir los problemas de salud, sino también permiten mantenerla en buen estado, reduciendo así las posibilidades de padecer futuras enfermedades.

En cambio, los sentimientos y actitudes negativas generan el efecto contrario. Por ejemplo, la ira, la tristeza, la ansiedad o la depresión producen cambios en la conducta y hacen que se abandonen hábitos saludables como puede ser la alimentación, el ejercicio físico o las relaciones sociales; y se incorporen malos hábitos para intentar “contrarrestar” esas emociones. Mantener estas conductas y ese estado anímico durante mucho tiempo implica que los niveles de activación fisiológica sean tan intensos que puedan perjudicar la salud, haciendo a la persona más vulnerable al desarrollo de enfermedades por su grado de inmunosupresión. 

Si bien es cierto, cada persona es diferente y, por tanto, la reacción emocional ante determinadas situaciones es distinta en cada individuo. Habrá personas que puedan sufrir problemas físicos como cefaleas o trastornos digestivos, otras que sufrirán problemas cognitivos y otras, conductuales, como serían las adicciones. 

Es precisamente por la importancia que tiene esta relación sentimientos-enfermedad la razón por la que muchos hospitales están tratando de llevar a cabo esos planes de humanización. Se pretende cambiar la manera tradicional de la atención sanitaria para tratar a la persona y todo su contexto como centro del sistema, es decir, hacia una atención general, integrando la comunicación, el contacto y el sufrimiento físico, anímico y sentimental. 

A continuación, distintos profesionales en el ámbito de la salud ampliarán la información sobre cómo afectan las emociones y la gestión de las mismas en el desarrollo de las enfermedades.

Alicia Villarreal, doctora de la Unidad del Dolor del Hospital Universitario Ramón y Cajal y especialista en Rehabilitación y Medicina Física, habla de la suma importancia que tiene la gestión de la emoción ante, durante y después de la enfermedad. “Mis infiltraciones y mis fármacos no le van a servir para nada (al paciente) si no estamos gestionando la emoción”. La Dr. Villareal insiste en la importancia de tener unas “buenas herramientas emocionales” y confirma que actualmente los hospitales públicos de España empiezan a contar con una unidad disciplinar que complementa la labor médica con el servicio psicológico. 

Montse Martinez, coordinadora en la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) enfoca su visión para explicar como es el abordaje psicológico profesional de primera mano, ya que la atención emocional a pacientes con una enfermedad como es el cáncer es fundamental dentro y fuera de los hospitales. “Hay una creencia social donde se cree que la actitud hace medio camino en la enfermedad, y eso no es así, la posibilidad de curación de un paciente está en hasta dónde ha llegado la ciencia (…) lo que sí que es cierto es que mantener un estado emocional saludable va a beneficiar en cómo vive el paciente el proceso de enfermedad”

Pedro Gracia Feito, psiconeurologo, coach y fisioterapeuta con más de 30 años de especialización en el sector cuerpo, mente y energía, amplía la información desde un punto de vista alternativo, tratando la enfermedad y al paciente de forma global, en un todo.  “Las emociones deberían tratarse como un todo en el paciente, no sólo la parte patológica a nivel físico” 

Más allá de la teoría, enfrentarse a una enfermedad y combatirla supone un duelo. “Te das cuenta de que tu vida ha sufrido un cambio radical y ya pues tienes que aprender a vivir con otras circunstancias”, así lo cuenta Juan que perdió la vista a los 8 años de edad y a día de hoy lo acepta sin resentimiento.

Julia, con 19 años de edad, padece una malformación cardiaca de origen congénito -síndrome de Shone- que le ha llevado a vivir dos operaciones a corazón abierto. Un fallo en una de las cirugías le ha supuesto depender de un marcapasos permanentemente. “Tengo una actitud positiva porque tampoco es algo que me condicione la vida“, cuenta la joven. A pesar de ello, recalca que los días previos a las operaciones se pone más negativa y esto le genera altos grados de ansiedad.