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Periódico universitario UCM en la web 2.0

El final de la Segunda GM cumple 70 años

La Segunda Guerra Mundial fue un conflicto que se desarrolló entre septiembre de 1939 y septiembre de 1945. En esta ocasión, Europa une sus voces para conmemorar el 70 aniversario del final de la guerra, una fecha inmortalizada en los calendarios de los países involucrados. En él se vieron implicadas la mayor parte de las naciones del mundo, incluidas las grandes potencias, que se agrupaban en dos grandes alianzas: los Aliados y las Potencias del Eje. Fue la mayor contienda bélica de la Historia, de ahí que muchos califiquen esta batalla como una “guerra total”. La llama que prendió la vela e hizo que el conflicto estallase fue la invasión de Polonia por parte de los alemanes.

Hiroshima y Nagasaki

Hiroshima y Nagasaki /F: Wikipedia

Hitler se suicidó el 30 de abril de 1945. Con gran parte de las tropas aliadas ganando posiciones en Europa, los rusos estaban y a las puertas de Berlín. Le sucedió Goebbels, el famoso ministro de propaganda que también terminó por suicidarse. La rendición definitiva se produjo el 7 de mayo de 1945, a manos de Karl Dönitz, el último presidente de la Alemania nazi, que se rindió ante los americanos. Así, el 8 de mayo de 1945; después de varios años de guerra, la Alemania de Hitler ya estaba fuera de combate. Entonces, ¿quién quedaba? Japón.

Los americanos llevaban ya tiempo trabajando en la creación de la bomba atómica. Cuando la consiguieron, lo único que cambió fue el objetivo: no sería Alemania, sino el archipiélago japonés. La primera de las dos bombas atómicas se lanzó el 6 de agosto de 1945. El bombardero Enola Gay arrojó sobre Hiroshima la mortífera carga que acabó con la vida de 70.000 personas. La siguiente se lanzó tres días después sobre Nagasaki y las cifras, de nuevo, abrumadoras: murieron 80.000 personas.

El 15 de agosto, antes de que la aviación americana prosiguiera con sus lanzamientos, el emperador japonés Hirohito anunció públicamente su rendición. El 2 de septiembre de 1945 se firmó la capitulación oficial dentro del acorazado estadounidense. Pero, ¿qué pasó entre la rendición del emperador japonés y el fin de la guerra?. Tal y como afirma Florentino Rodao García, doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Complutense, en una entrevista: “lo que pasó es que fueron llegando los americanos y eso llevó a que se organizase la firma”. Y añade, a modo de curiosidad: “lo interesante aquí fue que Estados Unidos prohibió las noticias desde Hiroshima y Nagasaki sobre la bomba y los reportajes de los periodistas no se publicaron. La bomba fue la justificación para que el Gobierno dejase de luchar, porque la población estaba dispuesta a suicidarse (como había ocurrido en Okinawa o en el Saipan). Era un nuevo tipo de armamento, era imprevisible”.

Las consecuencias de la guerra

El fin de la Segunda Guerra Mundial trajo consigo que, lentamente, el mundo se enterase del horror producidos en los territorios que Alemania ocupó: los campos de concentración y los ‘guethos’ quedaban a la luz. Las principales consecuencias fueron sociales, económicas, estructurales y , sobre todo, morales. No solo para los Aliados, que habían conseguido la victoria con la rendición incondicional de todas las potencias del Eje; sino para todos aquellos que habían visto morir a algún ser querido; pues esta guerra ha sido el conflicto más mortífero de la humanidad, con cerca de 70 millones de víctimas.

Los países participantes quedaron arruinados y las infraestructuras se vieron destrozadas por los continuos bombardeos y ataques de uno y otro bando. Al final, solo quedaban ruinas. Estados Unidos fue el único país que pudo desarrollarse sin problemas.

A nivel social, la población comenzó a incorporarse en las decisiones políticas; hasta el punto de que los gobiernos socialistas se impusieron en las elecciones populares. Las monarquías se redujeron y los gobiernos se dividieron en tres tendencias ideológicas: socialismo democrático, democracia cristiana y partido comunista. Los años de posguerra fueron durísimos, las masacres y violaciones a la población quedaban todavía latentes. Muchos de los que quedaron en la retaguardia habían muerto por tuberculosis y raquitismo, por lo que había una situación de decadencia demográfica.

Pero la consecuencia clara fue que el mundo se dividió en dos sectores ideológicamente distintos: el capitalista, liderado por los Estados Unidos y el comunista, liderado por la Unión Soviética (URSS). Empezaba así lo que el mundo conoció como “Guerra Fría”.

Los Estados Unidos, por su parte, aplicando la ‘Doctrina Truman’ (consistente en tratar de frenar la expansión del comunismo y de la Unión Soviética), lanzaron el conocido ‘Plan Marshall’ en 1947. El objetivo era ayudar económicamente a los países europeos: ayuda americana a cambio de la adopción de una política de libre comercio.  Así, al año siguiente se creó la Organización para la Cooperación Económica Europea (OECE) que ayudó a liberalizar el comercio entre los estados miembros, introduciendo acuerdos monetarios y ayudando a la cooperación económica.

Un año después, los Estados Unidos junto a la mayoría de los estados democráticos de Europa fundaron la OTAN, alianza militar occidental enfrentada a la Unión Soviética. También se creó el Consejo de Europa, organismo cuyo objetivo es el de fomentar la cooperación política entre los países europeos. Su principal función era y es la de reforzar el sistema democrático y los derechos humanos en los estados miembros.

La propaganda, un arma renovada 

En términos propagandísticos, para el bando alemán la guerra no supuso un esfuerzo adicional respecto a lo que se venía haciendo anteriormente. La propaganda era una de sus piedras angulares. Cuando empezó la guerra, tenía un aparato bien constituido: la Propaganda Companien (PK), una unidad militar que se crea dentro de las fuerzas armadas alemanas para la construcción y emisión de este tipo de mensajes persuasivos. En ella trabajaban periodistas, artistas, cámaras… que acompañaban a las tropas y trabajaban en tiempo real. Se trataba de una propaganda intensiva, constante, aunque con una innovación notable: evitar hacer propaganda directa, puesto que los enemigos no lo permitían y suponían un obstáculo en su ejercicio. Así, presentan la propaganda con un formato periodístico, entrando más fácilmente en los países neutrales y llegando, indirectamente, al Reino Unido. Es decir, se camufla la propaganda para que en el ciclo de la información internacional persuada a los públicos. Esto no se había hecho de manera sistemática hasta la Segunda Guerra Mundial. Su misión entonces es seguir las evoluciones de las tropas alemanas y proporcionar material a los países neutrales, que con efecto rebote llegará al enemigo y minara su moral. La propaganda depende de la táctica militar de cada sitio. Además, el cine también cobrará un papel muy relevante dentro de este sistema propagandístico, convirtiéndose en un medio de difusión masivo verdaderamente fuerte, a la par que discreto.

Los soviéticos, por su parte, aplicaron un modelo de propaganda personificado en Stalin; una propaganda intensiva y orquestada, combinada con muchísima censura. Así, a las familias se les daba un aparato de radio con el dial cambiado para que solo pudieran escuchar una o dos emisoras y evitar la propaganda negra de los alemanes. Stalin hablaba de la consolidación de la revolución, presentando la IIGM como una guerra patriótica. También se utilizó la técnica del terror. Los comisarios políticos miembros del partido comunista amenazaban a los soldados para que acudieran al frente; y esta persuasión la llevaban a cabo mediante la propaganda. Se emplearon todas las técnicas que funcionaban en el momento.

EEUU también hizo una gran innovación en el aparato de propaganda a la hora de gestionar la información pública en operaciones militares. Desmarcandose de la propaganda realizada por los regímenes totalitarios, EEUU cambió su forma de gestionar la propaganda y se presentó como una potencia que no ocultaba información, que era transparente y que no censuraba. En realidad, lo hacía sin que se notase, mediante la “Public Diplomacy”, una estrategia de propaganda original que consistía en dar muchas facilidades a los periodistas estadounidenses para que, indirectamente, la hicieran ellos mismos censurando ciertos aspectos de la información. Para ello, se dio muchas facilidades a los periodistas a la hora de cubrir la guerra en el frente, llegando incluso a ofrecer continuos breiefings –reuniones informativa con los periodistas seleccionados para tratar una cuestión concreta- para que los profesionales sintieran esa transparencia de la que debían alardear en sus páginas. Una autocensura basada en la confianza. Esta fue una estrategia de propaganda muy efectiva. Además, EEUU utilizaba la técnica de demonizar al enemigo sin reparo, lanzando mensajes racistas y xenófobos contra los japoneses. No obstante, esta estrategia la cuidaba más con los países europeos como Alemania, pues muchos de ellos vivían en las fronteras de EEUU. En este último caso, el ataque se personificaba en el líder contrario, Hitler.

De esta forma, vemos cómo la propaganda jugó un papel fundamental, tanto en el desarrollo de la guerra como en el final de la misma. Se buscaron los aspectos que más pesaban en el momento y se embaucaron en el periodismo para que el ejercicio fuera realmente efectivo, dejando en evidencia, con una sutileza abismal, el mensaje meramente informativo. En definitiva, una guerra donde la confianza y el patriotismo fueron los medios para injertar el mensaje propagandístico.

Europa celebra el fin del conflicto 

El fin de la Segunda Guerra Mundial fue, es y será una fecha señalada en el calendario de todos los países que participaron en ella y su 70 aniversario ha sido celebrado en casi todo el continente europeo.

El pasado viernes 8 de mayo tuvo lugar en el parlamento alemán una gala conmemorativa en la que la canciller, Angela Merkel, y el presidente federal, Joachim Gauck, rindieron homenaje al final del exterminio nazi. También acudieron el historiador Heinrich August Winkler y el presidente del Bundesrat, Volker Bouffier. Por su parte, el presidente del parlamento federal, Norbert Lammert, quiso recordar de una forma especial a “los valientes alemanes de la resistencia”. En este sentido, el clima de alegría y emoción se mezcla con la tensión por el descubrimiento en algunos países del continente europeo de fosas comunes con cuerpos de soldados alemanes.

El mismo día, en París, cientos de personas conmemoraron la resistencia y la victoria del país en el boulevard de los campos Elíseos. El presidente, François Hollande, recalcó que la victoria no fue el triunfo “de una nación contra otra” sino “de un ideal frente a una ideología totalitaria”. Durante el acto, el primer ministro, Manuel Valls, el ministro de exteriores, Laurent Fabius, y el secretario de estado norteamericano, John Kerry, se desplazaron hasta la tumba del soldado desconocido bajo el Arco del Triunfo, lugar de memoria de las víctimas de la guerra, para dejar una corona en señal de recuerdo y gratitud.

El sábado día 9 fue Rusia la que recordó el final de la Segunda Guerra Mundial en la Plaza Roja de Moscú. Lo hizo con un desfile militar en el que pasearon cerca de 16.000 soldados y 200 vehículos de artillería, además de 140 aviones y helicópteros de combate. De esta forma, las fuerzas armadas rusas aprovecharon el Día de la Victoria  para exponer su nueva y potente maquinaria militar.

La tensión entre los países europeos y Rusia por el conflicto ucraniano se corta con cuchillo y se hizo aún más patente con la ausencia de los principales dirigentes europeos en el acto presidido por el líder de la federación rusa, Vladimir Putin. Aún así, a éste no le faltaron palabras de agradecimiento y recuerdo hacia el Reino Unido, Francia y Estados Unidos “por su contribución a la victoria”, y aseguró que el triunfo “siempre seguirá siendo la cumbre heroica de la historia de nuestro país, pero recordamos también a nuestros aliados en la coalición antihitleriana”. Únicamente la canciller Ángela Merkel se desplazó al día siguiente a Moscú para colocar una corona de flores sobre la tumba del soldado desconocido, acto en el que estuvo acompañada por el presidente Putin.

También Polonia se sumó a la celebración de la capitulación de Adolf Hitler y la Alemania nazi. Fueron los más adelantados, comenzado el acto en la noche del jueves con el propósito de que durase hasta el viernes. Luces iluminando el monumento a los defensores polacos, cañonazos y el himno nacional de fondo fueron algunos de los atractivos de esta gala, a la que asistieron varios líderes políticos europeos, entre ellos los presidentes de Chipre, Bulgaria, Letonia, Estonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Dinamarca, Ucrania y España. Además, también acudieron el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y el presidente del consejo europeo, Donald Tusk, que además es polaco. El recuerdo de aquel 1 de septiembre de 1939 en el que Alemania invadió Polonia estuvo latente y el presidente polaco, Bronislaw Komorowski, aprovechó la ocasión para comparar el conflicto actual entre Rusia y Ucrania con la violación, en tiempos de guerra, de la soberanía en lugares del este y sur de Europa, controlados por la Unión Soviética y sometidos a su hegemonía.

Por su parte, el presidente estadounidense, Barack Obama, homenajeó en su vídeo semanal del sábado día 9 a los combatientes que “terminaron la guerra y sentaron las bases de la paz”. Asimismo, recalcó en más de una frase que estos hombres y mujeres son los salvadores del mundo porque “arriesgaron sus vidas y las entregaron para que nosotros y las personas del resto del mundo pudieran vivir en libertad”.

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