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Periódico universitario UCM en la web 2.0

Las novatadas y el eterno debate

El primer origen de las novatadas surge con el filósofo griego Platón. Reflejó en  sus escritos la violencia con la que los recién llegados a La Academia (387 AC) eran tratados por parte de los veteranos, soportando pesadas y humillantes bromas que tenían lugar en ocasiones de manera voluntaria y en otras, forzada.

Estos ritos de iniciación, como bien definió el antropólogo francés Arnold Van Gennep a principios del siglo XX, son un ejemplo del desarrollo social de un individuo. En muchas sociedades, escenificaban el paso de la condición infantil a la adulta. En las sociedades antiguas, los ritos de iniciación tenían mucho que ver con la resistencia del cuerpo humano y con la madurez física.

A día de hoy, en el siglo XXI, seguimos viendo como existe esa necesidad de tener un rito de iniciación para pasar de la edad infantil a la edad adulta, donde normalmente se empieza a cursar un grado universitario, así es como surgen las conocidas como “novatadas”. Podemos ver muchas definiciones  de novatadas, esto también depende de quien las aporte. Por ejemplo, la definición de quien ordena estas prácticas es significativamente distinta de la que da la persona que las realiza, y a su vez, esta es distinta de la que da una autoridad académica o un familiar. 

Estas prácticas entendidas como un periodo de actividades con las que se recibe a los nuevos estudiantes en las Residencias y Colegios Mayores han creado un debate entre sus partidarios y sus detractores. Los partidarios de estas prácticas opinan que es una manera de facilitar el conocimiento, la integración y la cohesión de los diferentes estudiantes a la comunidad universitaria. Por otro lado, está la opinión que dan los grupos en contra de estas prácticas, que piensan que son un tipo humillación personal que van acompañados en muchas ocasiones con castigos físicos y no se deberían de permitir, ya que están sostenidos por una relación basada en una dinámica de poder-sumisión. Pese a que el periodo de novatadas se limita a un tiempo concreto y relativamente corto, las víctimas pasan por diferentes fases, desde el desconcierto a la aceptación y posteriormente a la defensa de las novatadas cuando están en cursos superiores y son ellos los que se convierten en agresores.

Legalmente, este tipo de prácticas está totalmente prohibidas en la mayor parte de los Colegios Mayores por sus propios reglamentos. El actual Código Penal también castiga este tipo de prácticas en el artículo 173.1, con una pena de seis meses a dos años de prisión, bajo el título “de las torturas y otros delitos contra la integridad moral”, al que “infligiera a otra persona un trato degradante, menoscabando gravemente su integridad moral”

Lo cierto es que, es dependiendo del carácter que estas prácticas conlleven que se conviertan en algo dañino o por el contrario, en una actividad cuyo mero objetivo es la inclusión de estos nuevos colegiales a la que será su nueva casa en la ciudad en la que hayan decidido cursar sus estudios universitarios.

A continuación el director del Colegio Loyola, José Manuel Burgueño, nos ofrece su visión acerca de las novatadas y de cómo se realizan  en su centro:

 

 Si las novatadas en esa Residencia o Colegio Mayor tienen como único cometido que los “novatos” pasen un mes agradable, lleno de diversión, risas, fiestas, y de gente dispuesta a hacerles pasar un buen rato, y a que se conozcan los unos a los otros, entonces las novatadas serán algo claramente positivo y dirigido a la inclusión total de los alumnos tanto en el centro, como en la zona universitaria y la ciudad en sí. Si por el contrario, los residentes o veteranos de estos centros tienen como objetivo imponer sus normas, sus creencias, su cultura colegial, y para ello no importa nada ni nadie con tal de conseguirlo, aunque ello implique pasarse de la raya, entonces las novatadas no podrán ser algo positivo, sino una vejación y falta de respeto hacia las personas, haciendo de sus sufrimiento una diversión para ellos, y esto es lo que no puede consentirse ni llamarse “novatadas”, sino maltrato físico y emocional.

Hay una clara diferencia entre ambas partes, y aunque las dos sean conocidas en el mundo universitario como novatadas, la pura verdad es que una de esas partes no tiene nada que ver con novatear. Más bien, tiene que ver con la ira, la venganza, el descontrol, la violencia y la humillación. Si todas las prácticas tuvieran como único fin la diversión y la integración de los alumnos a su nueva casa y a su nueva vida, entonces nadie tendría nada que objetar o en contra de que se llevaran a cabo, porque solo podrían sacarse cosas positivas de ellas. 

Aún queda mucho por cambiar y mucho camino que recorrer en cuanto a este tema, pero poco a poco, y comprendiendo que las novatadas deberían ser siempre algo bueno y positivo, se podrá llegar a un punto en el que nadie las utilice como algo dañino, si no en un acto de buena fe y de diversión e inclusión social.

Por último, la otra cara de las novatadas, los colegiales. Preguntamos a varios que han participado en estas actividades y nos hablan desde su punto de vista.