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Periódico universitario UCM en la web 2.0

¿Entiende la ciudadanía los eufemismos políticos?

Los eufemismos son palabras que sustituyen a otras consideradas de mal gusto o tabú por lo que su significado sugiere al oyente. A lo largo de 2013 y 2014 los políticos españoles se han servido de multitud de eufemismos con el fin de suavizar la tensión social ante palabras como crisis y rescate. Pero ¿hasta qué punto los ciudadanos entienden o saben qué son los eufemismos?

En la mayoría de ocasiones las expresiones empleadas para sustituir a las palabras malsonantes lo único que logran es despistar a los oyentes impidiendo que entiendan a qué se están refiriendo los gobernantes. De ahí que también podamos afirmar que los eufemismos podrían considerarse palabras inofensivas cuya función es evadir y evitar la realidad, y aquellos aspectos de la misma que puedan resultar desagradables. Exactamente la definición que aporta la RAE de eufemismo es: “Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”.

Las expresiones empleadas que sustituyen a las ‘palabras malsonantes’ lo único que logran es despistar a los oyentes impidiendo que entiendan a qué se refieren los políticos.

Ponemos sobre la mesa varios ejemplos: la ministra de Empleo, Fátima Báñez empleó el término “movilidad exterior”, para definir la salida de los jóvenes españoles de nuestro país por falta de oportunidades laborales. Pero este no fue el único eufemismo empleado para referirse a dicho asunto, ya que la secretaria general de Inmigración y Emigración, Marina del Corral, intentó quitar peso al tema diciendo que el motivo por el cual los jóvenes se van de España es “el impulso aventurero de la juventud”.

También Cristóbal Montoro ha hecho uso de ello para referirse a los «desahucios» como “medidas excepcionales para incentivar la tributación de las rentas no declaradas”. Otros como Luis de Guindos o el propio Mariano Rajoy, para eludir el rescate bancario, optan por este tipo de palabrejas: “préstamo favorable”, “línea de crédito”, “apoyo financiero” y “ayuda”.

Vista la situación, ¿hasta qué punto conoce la opinión pública lo que es un eufemismo y la manera en que se emplean? Hemos hablado con unas cuantas personas para conocer sus opiniones y reflexiones.

A esta larga lista de palabras  innombrables, se une la de los «recortes» que para el actual presidente del Gobierno son “reformas estructurales necesarias para atajar el déficit público». La famosa subida del IVA se convirtió por momentos en “gravamen adicional”o “políticas encaminadas a la reducción  de la imposición sobre el trabajo” para de Guindos o según palabras de Montoro supusieron y suponen “medidas excepcionales para incentivar la tributación de las rentas no declaradas”. Nada más y nada menos.

Términos como “recesión económica” también tienen su hueco en este diccionario propio hecho a medida para políticos y gobernantes, refiriéndose a él como“crecimiento negativo”. “Abaratar el despido” pasó a denominarse “flexibilizar el mercado laboral”, con el fin de eludir que los despidos serían más baratos. Hubo tiempo también para esquivar a la “nacionalización”, puesto que con la crisis de Bankia pasó a denominarse “participado”, “provisionado” o que el «Estado tiene titularidad indirecta”.

El terreno del lenguaje políticamente correcto es el que más recurre a la utilización de eufemismos, a fin de evitar ofender a la población. Adquiere gran protagonismo en los discursos políticos que llega a convertirse incluso en muletilla, en instrumento vital con el fin de manipular el lenguaje para lograr que la masa acepte determinadas medidas que expuestas con “la palabra tabú”, muy probablemente serían rechazadas.

«Última prueba para el acceso a la casta política». | Ilustración: iacrepo