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Periódico universitario UCM en la web 2.0

El ictus, cada día más presente en jóvenes

Todos alguna vez hemos oído hablar del ictus pero, ¿qué es y por qué se produce? Hablamos de una enfermedad cerebrovascular que se produce cuando alguno de los vasos sanguíneos que suministran sangre al cerebro se rompe o simplemente se tapona por un coágulo o cualquier otra partícula. Por esta razón, el cerebro no consigue la cantidad de sangre, glucosa y oxígeno que necesita. Por lo tanto, las células afectadas de esa área cerebral no funcionan debidamente y mueren al cabo de pocos minutos.

Si bien la edad media para sufrir un ictus está en unos 64 años de edad, cada vez sorprende más la aparición de esta enfermedad en personas de entre 20 y 50 años, edades muy tempranas. Según la Sociedad Española de Neurología (SEN), los casos de ictus entre los 20 y los 64 años han aumentado un 25% en las últimas dos décadas. Entre los casos totales, este abanico de edad refleja aproximadamente un 12% de pacientes.

Ahora bien, ¿qué puede hacer que suframos un ictus?  Hablamos de una bifurcación, ya que hay factores de riesgo que no podemos evitar y otros que sí. Respecto al primero, la probabilidad de ictus en edades avanzadas aumenta casi el doble cada década a partir de los 55 años. También tenemos que tener en cuenta que las estadísticas reflejan que las mujeres son más propensas de sufrir un ictus, al igual que una persona que tenga casos familiares cercanos, aunque se lleve una vida sana.

Los factores de riesgo más comunes en jóvenes

Modificar estos factores no está al alcance de nuestra mano pero sí podemos hacerlo con otros. El consumo de drogas, el tabaquismo y el exceso de alcohol podrían triplicar el riesgo de sufrir un ictus, siendo además las causas más frecuentes en los pacientes jóvenes. Por su parte, el sedentarismo es altamente peligroso y nocivo, ya que puede provocar hipertensión arterial (HTA), hipercolesterolemia (aumento del colesterol), diabetes u obesidad.

Hemos señalado antes que las mujeres tienen más riesgo que los hombres, y los anticonceptivos orales es una de las causas de ello, ya que pueden elevar los niveles de homocisteína (sustancia química que el cuerpo utiliza para la producción de proteínas) y lipoproteína A (tipo de colesterol malo). Varios expertos señalan que este riesgo de ictus tempranero es debido a la globalización actual de enfermedades como las migrañas, estrés o malos hábitos de alimentación. Por eso, ser joven no es un motivo de peso para despreocuparse del tema.

De acuerdo a los datos del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología (GEEC-SEN), el ictus es la primera causa de muerte entre las mujeres españolas y la segunda en los varones. Las cifras son escalofriantes, al año se detectan unos 120.000 nuevos casos en España, un ictus cada aproximadamente seis minutos.

¿Cuáles son los síntomas y cómo puedo evitarlo?

A medida que avanzamos en el texto la pregunta es clara, ¿cuáles son los síntomas y cómo puedo evitarlo? Lo que hay que tener claro es que es muy importante detectar cualquier síntoma de manera inmediata, ya que es algo crucial para que el paciente tenga una recuperación con las menos secuelas posibles. Vamos a centrarnos en los cinco principales síntomas que pueden alertar a cualquier persona a simple vista: Aparición de un brusco dolor de cabeza, problemas repentinos de visión en uno o en los dos ojos, dificultades para hablar y entender, pérdida brusca del equilibrio y la estabilidad y la pérdida de fuerza en brazos, piernas o ambos.

En el caso de niños o adolescentes podemos encontrar otros síntomas como convulsiones o parálisis. Como hemos dicho antes, es muy importante detectar muy rápido estos síntomas y avisar a los servicios de emergencias. Los datos reflejan que un 30% de los pacientes con ictus terminan con algún tipo de parálisis, problemas cognitivos o de equilibrio. Solo el 40% pueden valerse por sí mismos.

Cinco síntomas del ictus. / Fuente: Federación Española del Ictus

Cinco síntomas del ictus. / Fuente: Federación Española del Ictus

Parece evidente, pero la forma de evitar un ictus, lo máximo posible, es seguir unos hábitos saludables de vida. Si antes hablábamos de unos factores de riesgo que sí podemos controlar, en este punto hay que erradicarlos. Dejar el consumo excesivo de alcohol y tabaco a un lado es lo primero que hay que hacer para llevar una vida sana. Tenemos que cuidar la alimentación y mantener el cuerpo activo y fortalecer el corazón con ejercicios, al menos 30 minutos diarios. También debemos controlar el estrés, ya que desemboca en ansiedad y altera la presión arterial. Las personas diabéticas o prediabéticas deben llevar un control exhaustivo de su enfermedad, ya que su afección puede duplicar la posibilidad de un ictus.

Para finalizar, podemos resumir este pequeño reportaje en que el ictus es una enfermedad mortal que ataca a su víctima prácticamente sin avisar. En principio, el riesgo de padecerlo era cosa de personas de la tercera edad pero vemos cómo cada vez las cifras aumentan en gente joven por malos hábitos de vida. No hay que confiarse, le puede pasar a cualquiera si no se toman las medidas de prevención adecuadas. Tampoco hay que alarmarse, pero sí tener en cuenta que hay muchos motivos por los que sufrir un ictus, incluso siendo una persona completamente sana.

La concienciación de hábitos saludables sobre los más pequeños también es una manera de prevención muy eficaz para luchar, ya no contra esta, sino contra cualquier otra enfermedad. Al hablar de una afección como esta que irrumpe en nuestras vidas sin previo aviso, la mayoría de la sociedad la suele descuidar. Tenemos que tener en cuenta que no vale lamentarse después de haberla sufrido. Hay que tomar medidas y tomarlas ahora mismo. No te descuides, no te dejes llevar por ser joven y saludable. Erradica de tus rutinas todos los factores controlables que hemos mencionado al principio de estas líneas y vigila en ti, y en tu entorno, cualquier síntoma alarmante de esta enfermedad. Ser rápidos a la hora de detectarlos podría marcar el resto de la vida del paciente.