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Periódico universitario UCM en la web 2.0

El futuro de las librerías

El futuro de las librerías

Pocos sectores se mantienen al margen de la crisis económica que atraviesa España desde 2008, y el editorial no es uno de ellos. Un estudio de la Confederación española de gremios y asociaciones de libreros (CEGAL) revela que España es el país en el que más librerías han cerrado desde que comenzase la recesión, un 21%. De ese mismo informe se extrae que el volumen de ventas cayó desde 2011 un 26% para este colectivo. Estos datos llevan a preguntarse por el presente y el futuro de los establecimientos de venta de libros.

Dentro de toda esta magnificación de la venta de libros, no podemos olvidar el pequeño comercio y la librería especializada. En este caso, el reportaje pretende ir más allá y abordar “lo pequeño de lo pequeño”, es decir, una librería especializada en feminismo.

Este tipo de librerías deben permanecer fieles a su producto para no perder su “genética inicial”. Esto revierte en una forma de clientela fija, que marca el progreso del negocio. Su diferenciación reside, a primera vista, en la estética: más acogedora, más íntima, más personalizada, más encantadora. En una segunda vista, es esencial la renovación constante y la profundización incansable en el ámbito que se busca ofrecer a la clienta.

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Librería especializada en temas de feminismo

Por ejemplo, la Librería Mujeres, en pleno centro de Madrid, ofrece este oasis político como una oportunidad de recogimiento intelectual para la persona que se cuestiona el género y la sexualidad. Apenas setenta metros cuadrados  repletos de retratos de Frida Kahlo, Simone de Beauvoir, Clara Campoamor, Judith Butler, etc., entre paredes de tonos violeta y una escalera de caracol que da al sótano de las actividades colectivas.

Ángel regenta una pequeña tienda de libros de segunda mano en Madrid desde hace más de 10 años. Sonríe con resignación cuando se le pregunta si la bajada de ventas de la industria editorial también afecta a las pequeñas librerías. Invita al reportero a pasar al fondo de la tienda para continuar la charla y, tras esquivar las pilas de libros que hay repartidas por todo el local, se sienta y dice: “yo trabajo 11 horas al día de lunes a viernes para ganar unos 1000 euros al mes y los fines de semana vienen mis hijos”.

Emblemático puesto de libros de segunda mano en la madrileña cuesta de San Ginés

Tradicional puesto de libros de segunda mano en la madrileña cuesta de San Ginés

Ángel vende la mayoría de libros usados por precios que oscilan entre uno y tres euros, y alguno tiene que supera los 100, pero afirma vender uno de estos cada cuatro meses. Él compra los ejemplares a particulares por unos 10 céntimos, así que aunque en principio el margen de beneficios puede parecer amplio, Ángel estima que los gastos del local aumentan el coste del libro unos dos euros. Así que muchos de ellos los vende por debajo del límite de beneficios, por lo que tiene que esforzarse por dar salida a cada vez más libros. “Pero llegará un momento en que no pueda seguir comprando libros, ya casi no me queda espacio en la tienda”.

Dice tener que bajar el precio cada vez más porque librerías como la suya compiten entre sí. Se le pregunta por el mercado digital y responde que no es un problema, que es complementario al tradicional. Él mismo vende libros por internet a través de varios portales, con lo que gana algo más. Explica que es un comprador distinto el que se acerca a la tienda que el comprador online. “Este último busca algo específico y lo compra por su contenido, sin importarle cómo es la edición. El que se acerca a la tienda echa un ojo y se deja seducir por un ejemplar, en este caso es el libro el que enamora al cliente, que compra de forma impulsiva”.

La piratería, en cambio, sí que supone una gran traba para el sector, porque “la gente no va a pagar ni dos euros por algo que tiene gratis aquí” dice señalando su ordenador. “Antes por lo menos se vendían bastantes ‘bestsellers’, ahora no”.

El modelo de consumo de la literatura ha cambiado en la última década, al igual que el de la música y el cine, pero mientras que estos dos sectores pelean por reinventarse “las editoriales siguen a por uvas”, opina.

Además de la tienda de Ángel, los puestos de venta de libros de segunda mano se han mantenido en las calles de nuestras ciudades. Y a ellos acude gente joven y de todas las edades a buscar libros a buen precio, reliquias, ediciones difíciles de encontrar… Uno de esos puntos es la emblemática cuesta de Moyano.

Las grandes cadenas de venta de libros, como la Casa del Libro o la Fnac, siguen atrayendo a gran cantidad de lectores. Con todo, su modelo está cambiando día a día. Lo que antes era silencio y recogimiento, hoy es conversación y son eventos. Estas grandes librerías, al igual que otras franquicias de menor tamaño, han dejado de ofrecer “sólo” libros para atreverse con productos que antes les eran totalmente ajenos como la papelería, o con servicios como la cafetería. En este último caso, se trata de potenciar el papel de la librería como un punto de encuentro y se pretende que el consumidor tome el hábito de acudir a estos establecimientos.

Pero no hay que perder de vista que el cliente lo que busca son libros; en este sentido, las grandes librerías ofrecen una cierta seguridad, como contaba una economista que busca trabajo y que acude a ellas con la certeza de que encontrará lo que necesita. A la solvencia que lectores como ella esperan de estas cadenas se añade su facilidad, dado el volumen de ventas, para ofrecer precios más competitivos. Lo cual, en los tiempos que corren, no es un factor baladí.

Donde los grandes establecimientos de libros aún no encuentran su sitio, pese a sus tibios esfuerzos y a sus mayores posibilidades de inversión, es en el mercado de los libros electrónicos. Los puestos y los espacios dedicados a los e-books son los menos frecuentados; es más, apenas son visitados por algún lector curioso, como un turista alemán que tuvo la amabilidad de participar en este reportaje y contar que se está pensando comprarse un libro electrónico. El acceso a esta nueva forma de entrar en contacto con la literatura parece, al menos de momento, discurrir por cauces ajenos a las grandes librerías.

Las librerías, ya sean grandes o pequeñas, atraviesan una coyuntura complicada. La piratería y los nuevos modelos de entretenimiento alternativos a la lectura lastran las ventas de este sector, tradicionalmente uno de los más potentes. La lentitud o incapacidad para redefinir el negocio tampoco han ayudado a estos establecimientos. Las cifras que arroja el estudio del CEGAL son muy negativas, y aunque aún es pronto para hablar de recuperación, se atisba un halo de reacción por parte de las librerías que parece estar surtiendo un efecto positivo sobre las ventas. Se trata de una sensación por parte de los libreros que llevan a cabo estas iniciativas, todavía no confirmada por cifras oficiales. En cualquier caso, el sector no puede permanecer ajeno a la crisis que atraviesa y parece que la solución pasa por la innovación y la especialización.

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20 Comments

  1. A mi tampoco me parecería bien que desapareciesen las librerías, son lugares mágicos y con encanto. No soy nada partidaria de los libros electrónicos, donde esté un libro en papel, su olor, pasar las páginas, subrayar una frase bonita….hay mucha magia en los libros y librerías muy bonitas

  2. En mi opinión las librerías no deberían desaparecer pues tienen un encanto especial. Eso no quita para que sea mucho mejor descargarte el libro de internet por lo que te ahorras.

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