Pages Navigation Menu

Periódico universitario UCM en la web 2.0

El ejercicio del periodismo en el estado de alarma

El primer infectado (oficial) por Coronavirus en España se dio el 31 de enero en La Gomera. Desde entonces, hemos conocido que más de 22.000 personas han muerto a causa de la enfermedad y más de 219.000 se han contagiado. La parte buena de todo esto es que más de 92.000 personas se han recuperado, por lo que nos enfrentamos a unos 110.000 casos activos.

Sin lugar a dudas, cualquier previsión se ha quedado corta. Por un lado, a finales de febrero, cuando se hablaba de decenas de infectados, había dos paradigmas: aquellos que avisaban del peligro feroz de este virus y alertaban de que nos enfrentábamos a una pandemia, y otros para los que este virus no era más de una gripe. No paraban de insistir en esto último. Algunos expertos vacilaban con la mortalidad del virus: “Según los especialistas, la tasa de mortalidad del virus es inferior a la gripe común«.

En las noticias que cualquiera puede consultar, se narran las consecuencias desastrosas para el país en el plano de la economía: se cuentan 834.000 cotizantes menos en marzo y 4.060.000 personas actualmente afectadas por un ERTE.

El Comercio es, en España, el primer motor de empleo, seguido del Turismo. Ambos sectores se encuentran por razones obvias completamente paralizados. Con la “reestructuración empresarial” a la vuelta de la esquina y los enormes beneficios de esta crisis para empresas como Amazon, el panorama se pinta gris.

 

El papel del periodismo en España no había sido tan importante para los lectores y oyentes desde la Transición. Nunca una noticia les había afectado con esta magnitud. Hay millones de personas afectadas en nuestro país, pues esos más de 200 mil afectados tienen familiares y amigos que se ven envueltos en esta catástrofe. Por todo ello, y sobre todo, por la gravedad de la situación, es loable exigirle a los medios de comunicación que más de nunca se atengan a sus principios configuradores y sean un servicio para la comunidad. El periodismo se enfrenta a cientos de bulos que circulan por la red, a una realidad que nos ha sobrepasado y una audiencia infectada por el miedo y la incertidumbre. Ante esto, la rigurosidad a la hora de mostrar los datos es imprescindible.

Decía Ignacio Escolar, director de eldiario.es, que los periodistas debemos “ser responsables: informar con prudencia y sin caer en el sensacionalismo. No promover el pánico. Combatir la desinformación. Ser rigurosos. Y no caer en las explicaciones simples que reducen esta grave epidemia a «otra gripe más», porque tampoco lo es”.

Ante este nuevo paradigma, los periodistas también han tenido que transformar su trabajo y su vida. Hablamos de los cambios que han sufrido el resto de industrias y sectores, y por supuesto de la labor de valor incalculable de sanitarios, estadistas, personal de supermercados, camioneros, temporeros, cuidadores y cualquier persona que trabaje para que la sociedad no se venga abajo por esta crisis; pero en pocas ocasiones encontramos estas semanas reportajes que muestren el trabajo de los periodistas -gracias a los que conocemos toda la situación- en esta emergencia sanitaria.

El periodismo ha sufrido un cambio en la forma de trabajar (desde casa, de foma telemática), en la forma de percibir beneficios económicos (más que nunca necesitan que los lectores se suscriban) y en la libertad de prensa, que en muchos lugares se ha visto dañada a la hora de compartir información que no se correspondía con la oficial, como en China, donde las cifras de contagiados y muertos despertaron la desconfianza de los occidentales desde hace semanas. La organización Reporteros sin Fronteras denunciaba esta situación hace unos días: “ deterioro del derecho a una información libre, independiente y plural (…), efectos derivados de la emergencia sanitaria global y pone de relieve la “clara correlación” entre la represión de la libertad de prensa registrada durante la crisis del Coronavirus y el lugar que ocupan los países en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa”.

Para conocer cuál es el panorama del ejercicio del periodismo en el estado de alarma, hemos hablado con José Antonio Masegosa (periodista en Telemadrid) y Sol Carreras, responsable en la Agencia EFE de la sección de local. Les hemos preguntado cómo ha afectado el estado de alarma a su trabajo, qué fuentes están utilizando para informar sobre el virus, cómo ha cambiado su forma de trabajar y qué opinan sobre el tratamiento mediático de la pandemia. Puedes ver sus respuestas aquí:

Descubrimos al hablar con los profesionales cómo esta pandemia ha puesto patas arriba todo nuestro sistema mediático y empresarial: menos personal, más precaución, y mucho teletrabajo. Además, hay consecuencias psicológicas también para ellos: “Solo hablamos del coronavirus”. Ocuparse de una tragedia de tal magnitud toda la jornada laboral se hace difícil, al igual que comprobar cómo ha cambiado nuestra redacción; en la planta dedicada a local en EFE han pasado de 50 trabajadores a 4. El resto, trabaja desde casa, lo que se hace más complicado de coordinar. Sin la rapidez de la presencialidad, los resultados no son los mismos. Además, las fuentes han cambiado, pues no tenemos a cientos de personas en la calle que puedan aportar testimonios frescos y sí sobradas fuentes oficiales: policía, emergencias o el ejército. Esto también condiciona el ejercicio, pues ahora más que nunca se les tiene en cuenta. Por supuesto, el contenido es distinto: muchos más totales y directos grabados desde casa y notas de prensa escritas fuera de la redacción que son mucho más complejas de coordinar.

Otro factor determinante en el impacto de la pandemia es cómo esta ha afectado al alumnado universitario y a los profesores. Más allá del mundo de la comunicación, millones de jóvenes han estado un mes sin clases y se han adaptado a las tutorías, trabajos y exámenes online. También hemos hablado con ellos para comprender cuál es al alcance de esta situación.

Algunos han tenido la suerte de poder regresar a su primera residencia (estudiantes de otras comunidades)  y vivir la cuarentena en un espacio más abierto mientras están con su familia. Otros han preferido aislarse en Madrid y pasar este tiempo alejados de sus familiares y amigos practicando el distanciamiento social. Para ciertos universitarios, este tiempo en aislamiento social ha sido perfecto para hacer trabajos y memorias atrasadas, y han aprovechado este tiempo de esa forma, aunque algunos denuncian no poder tener el mismo acceso a los materiales bibliográficos y herramientas necesarias para completar sus trabajos.

La gestión universitaria de la docencia virtual ha sufrido todo tipo de críticas, pues si bien es cierto que el decano de la Universidad Complutense se ha puesto en contacto con los alumnos cada semana, a muchos les parece que las decisiones están descoordinadas. Además, algunos profesores han mantenido sus exámenes, lo que para algunos es un sinsentido. Cada profesor ha tomado una decisión propia sobre la evaluación. Los estudiantes, por otro lado, también reconocen que la universidad no ha dejado de trabajar a nivel global para buscar una solución. Además, miles de estudiantes en prácticas han visto canceladas sus prácticas externas, con la consecuente cancelación del reconocimiento de créditos.

Dentro de la universidad no solo se han visto afectados los alumnos, sino que  los profesores han adaptado sus clases. Hemos hablado con el periodista y profesor de la Universidad Camilo José Cela, Enrique Tribaldos.

Enrique ha tenido que cambiar todas las dinámicas desde la docencia a la evaluación: las clases son online a través de Black Board (BB), herramientas audiovisuales y contacto con los alumnos a través del correo y los foros. Gracias a las tecnologías, el Coronavirus ha afectado de la menor forma posible (dentro de lo drástico del cambio) a los docentes.

En definitiva, las consecuencias para los medios de comunicación y los estudiantes son estratosféricas, sobre todo a nivel sanitario, como es obvio. Además de que una gran parte de los periodistas y alumnos han vivido en su persona o en sus allegados las consecuencias sanitarias de este virus, perdiendo a amigos o familiares o superando la enfermedad con éxito; deseábamos comprobar como esta pandemia ha cambiado la forma de trabajar de un sector imprescindible y que también está en primera línea: los medios de comunicación. Por otro lado, era muy interesante completar la información con los testimonios de alumnos y profesores, cuyos planes han cambiado radicalmente debido a la pandemia: nos hemos adaptado en tiempo récord de la docencia presencial a la virtual, hemos aprendido a hacer nuestro trabajo desde casa y los periodistas han continuado ofreciendo con rigor la información que poseen, algo que siempre ha sido un derecho fundamental para la ciudadanía y que ahora toma más relevancia que nunca.