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Periódico universitario UCM en la web 2.0

Desperdicio de alimentos: buffet libre del hambre

Somos una sociedad del shock, mientras nuestro umbral de tolerancia se acrecienta con una moral de reloj que no hace acopio de verdades. La cuestión que se plantea es si somos inmunes a la percepción real de las cosas o avanzamos con criterio. Pero a la vista de los hechos, vivimos el presente con aspiraciones y llegamos tarde al futuro, uno en el cual el derroche de alimentos debería ocupar un lugar primordial en las agendas públicas, porque la alternativa es tocar fondo y seguir cavando.

El último informe del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación asevera que una tercera parte de toda la comida que se produce, se tira, y más concretamente en España hablamos de que se destruyen 21 mil toneladas de comida al día, mientras 3 millones de españoles pasan hambre. Se practica una bacanal consumista en el que impera la filosofía alimentaria de bueno, bonito y en cantidades abundantes.

Infografía del desperdicio de alimentos from reportajes interesantes on Vimeo (Elaboración propia)

De esta forma los agricultores se ven obligados a maquillar químicamente la fruta, para que ésta sea refulgente y carente de imperfecciones, sólo entonces pasará los estrictos controles de calidad de los supermercados. Las grandes cadenas de alimentación son parte de la clave para acabar con el derroche, pero la mayoría no se muestran receptivas a aplicar una verdadera responsabilidad social corporativa, lo que se traduce en un proceder poco transparente que enmascara las cifras reales de alimentos que los supermercados condenan a acabar en un vertedero.

Asimismo un 72% de los consumidores reconocen tirar alimentos por no organizar bien sus compras, la mayoría son presas de las promociones del 2×1 y del doble etiquetado que confunde la fecha de caducidad con el ´consumir preferentemente´– lo que significa que la comida es aun comestible. No se pide en los restaurantes las sobras para llevar y las expectativas de lo que se almacena en las neveras para comer no responde a la realidad. En el fondo existe la idea de que si uno paga, puede hacer lo que quiera con lo que compra.

Tirar comida, contamina. La que no se consume se corresponde con un 28% de la tierra dedicada a su producción, que conlleva 250 km3 de agua gastada. Según la FAO- la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación- el desperdicio de alimentos es, después de China y Estados Unidos, el tercer productor mundial de gases de efecto invernadero, lo que contribuye al calentamiento global.

Al final es el ciudadano de a pié el que, a través de plataformas como change.org, tienen que subsanar los desperfectos de la política y de las empresas. Así frente al caso de la cafetería de la facultad de Ciencias de la InformaciónColectividades Ramiro– que se ha negado en redondo a hablar, tenemos ejemplos como el de Cristina Romero, que lucha contra el derroche de comida en los comedores de los centros de enseñanza.

La sobra de comida, fomenta el hambre, una paradoja que supone afirmar que si se reuniera toda la comida que tira Europa y Estados Unidos se podría alimentar al conjunto del planeta. No debemos esperar que la caridad supla lo que debe ser un deber, empezando por una legislación efectiva que no se quede anquilosada en las buenas intenciones. Es necesaria una valoración moral aplicada a los alimentos, que abogue por una visión holística, porque con la comida no se juega.

Cada vez surgen más iniciativas cuya misión es luchar por reducir a cero el desperdicio de comida. A continuación se muestran tres ejemplos que abordan de distinta manera esta problemática. El primero de ellos es el caso de Manuel Bruscas Bellido, autor de «Los tomates de verdad son feos» y activista por la causa desde el año 2011. En Barcelona nos dijo que recordaba claramente el momento del cambio: un día que se encontró en su despensa algunos alimentos caducados y se empezó a preguntar por qué pasaba ésto y cómo podía evitarlo. El libro que publicó, junto con la ilustradora Alejandra Zúñiga, en 2018 revela qué está en nuestra mano para luchar en el día a día contra el desperdicio de alimentos.

La petición en curso dirigida a la Comisión Europea #lacomidanosetira -iniciada por Manuel Bruscas en la plataforma de change.org– lleva más de 1.500.000 de firmas y su objetivo es de 3 millones.

Los Bancos de Alimentos gestionan millones de alimentos que les hacen llegar a través de donaciones, campañas de recogida, operaciones kilo y aportaciones. En FESBAL, Federación Española de Bancos de Alimentos, participan 55 Bancos de Alimentos y está asociada con la Federación Europea de Bancos de Alimentos -FEBA- donde colaboran unos 6.000 voluntari@s para ayudar a 6,1 millones de desfavorecid@s. Hablamos de gestionar 151 millones de kilos de alimentos, lo cual supone de una gran labor logística. FESBAL no trabaja directamente con los desfavorecid@s sino que lo hace a través de ONGs, por su labor recibió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 2012. Ángel M. Franco, Director de Comunicación y Prensa de FESBAL, hace su propuesta a corto y largo plazo para terminar con el desperdicio.

En Europa, los supermercados desechan más de 40 kilos de comida cada noche. La iniciativa de To Good To Go está dirigida a este sector. El consumidor puede acceder a ella mediante una APP -disponible para iOS y Android- y coger los “pack sorpresa” que ponen a disposición los establecimientos. El objetivo y el funcionamiento de la aplicación velan por un desperdicio cero.

Carlos García es su responsable de Comunicación y Eventos, reclama más visibilidad para las startups y aboga por luchar tod@s junto@s por un menor impacto medioambiental.

El despilfarro de alimentos está en nuestro día a día, la ‘dictadura de la estética’ impera en nuestra sociedad y con el ritmo frenético que genera la rutina no da tiempo a pararse a pensar en ello. El cambio empieza por pequeñas cosas: planificar la comida puede ayudar a llevar un mejor control del producto, mirar la nevera antes de bajar al supermercado… son algunos tips para evitar que la comida acabe en la basura. Por un mundo mejor.