Pages Navigation Menu

Periódico universitario UCM en la web 2.0

Consumismo: el vicio del siglo

El consumo y la adicción a la compra

John B. Henderson

En los próximos días el consumo se celebrará por todo lo alto. A menos de un mes de la campaña de Navidad, los comercios han empezado a añadir más personal a su plantilla habitual. El período de rebajas arrancará con el ‘Black Friday’ a finales de noviembre y le seguirá el ‘Cyber Monday’ con la época navideña y las ofertas de enero. Pero no todo son celebraciones, el psicólogo Garcés Prieto advierte de un nuevo reto: la adicción a la compra. “Una dependencia hacia un comportamiento que no da ni felicidad ni placer, pero que se sigue realizando como si lo diera”, declara.

El experto en Psicología del Consumo apunta que, a medida que las personas cubren sus necesidades básicas, buscan otras motivaciones que les resulten gratificantes para su autorrealización. Razón por la que “la publicidad y el marketing se han esforzado en transformar sus valores e ideas, tendiéndoles un engaño de profundas y negativas consecuencias: convencerles de que la compra es el medio para encontrar esa felicidad que buscan”, indica.

El sociólogo francés Gilles Lipovetsky ya señalaba esta disyuntiva entre la felicidad y las sociedades de hiperconsumo en su ensayo La felicidad paradójica de 2007. “Se consume más, pero se vive menos; cuanto más se desatan los apetitos de compras más aumentan las insatisfacciones individuales”, afirma en el texto.

Candela Molina centro psicología Cepsim Madrid

Candela Molina en el centro de psicología Cepsim de Madrid

Candela Molina, psicóloga clínica del centro de psicología Cepsim de Madrid (Av. de América), alude precisamente a ese malestar. Comenta que la persona se hace adicta a la compra no sólo porque supone un placer a corto plazo, sino que, fundamentalmente, le alivia de sentimientos como la angustia, la soledad o el vacío; de modo que suple las carencias afectivas convirtiéndose en un regulador emocional. “Pasa de un estado de displacer a un estado de placer, pero, después de esa compra, al darse cuenta de que ha sido compulsiva, ello le genera culpa y remordimiento, lo que puede hacer que nuevamente esa persona vaya de compras para aliviar ese malestar y al final se crea una cadena aprehendida y es lo que mantendría la adicción”, apunta la especialista.

A continuación, la psicóloga explica las diferentes pautas de comportamiento que poseen las personas con trastorno de compra compulsiva, así como las causas y los factores que intervienen en el desarrollo del mismo:

Si bien no existe un perfil concreto de adicto al consumo, pues se ha ampliado tanto hoy en día que ya no hay apenas distinciones de género ni de edad, como subraya Javier Garcés Prieto, este reconoce que los jóvenes menores de 25 años son más vulnerables a esta adicción, puesto que “están presentes otros factores como la baja autoestima, la impulsividad o la ansiedad”.

Por otra parte, en esta línea de pensamiento, tanto psicólogos como expertos en ecología coinciden en que la economía actual genera ciudadanos con hábitos de consumo “que de alguna manera son responsables del deterioro eco-social del planeta”, recalca Charo Morán, responsable del Área de Consumo de Ecologistas en Acción, asociación sin ánimo de lucro.

Desde los años 50, con la implantación del estado de bienestar y la posterior aparición de la cultura del consumo, se han impuesto estilos de vida que agravan la salud psíquica del ciudadano, lo que ha derivado en problemas de adicción en relación con las compras impulsivas debido a la falta de autocontrol en el gasto y su consecuente sobreendeudamiento. Unas compras acuciadas, a su vez, por la sobreexposición a una mayor ingesta de campañas publicitarias.

Además, el comercio electrónico se ha impuesto como condicionante clave para el crecimiento del consumismo. Los resultados del estudio eComerce de la Asociación de la Publicidad, el Marketing y la Comunicación Digital en España (IAB) de diciembre de 2017 revelaron que un 73% de la población internauta, de entre 16 y 65 años, declara comprar online, lo que supone 17 millones de españoles de los 22 millones que navegan. De forma que se advierte de la necesidad de nuevos mecanismos de control, pues los que hay ahora no tienen efectividad en el consumidor internauta.

Una de las soluciones que se plantea desde la perspectiva psicosocial es la formación. Garcés Prieto elaboró unas Unidades Didácticas en el año 2000 en las que establece una serie de fórmulas psicológicas en clave de actividades de ocio no consumista para la satisfacción de las necesidades y la realización personal.

Pero, Candela Molina destaca, sobre todo, la importancia de elaborar un diagnóstico. La evaluación del problema es crucial para procurar la ayuda más efectiva. Desde técnicas de relajación o meditación hasta tratamientos de control estimulado que permitan gestionar la emocionalidad de la persona.

Charo Morán, por su parte, apela desde una visión basada en una economía sostenible, sustentada en modelos de consumo comunitarios. “El modelo económico actual no entiende de bienestar real”, critica.

En definitiva, el consumo es cada vez más accesible —y demandable, en consecuencia—, pero también cierto es que cada día se están realizando nuevas propuestas de modelos de producción, así como estilos de vida, en beneficio de nuestra salud y la del planeta.