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Periódico universitario UCM en la web 2.0

Causas y efectos del consumo de drogas entre jóvenes

El consumo de sustancias psicoactivas, legales e ilegales, en la población universitaria ha aumentado durante los últimos años. Muchos jóvenes admiten haber probado drogas, al menos, una vez en la vida. Lo preocupante es que la mayoría de ellos acaban enganchados debido a la adicción que generan. Además, inician el consumo de estas  sustancias a edades cada vez más tempranas; generalmente, la experimentación se produce en los primeros años de la adolescencia.

Esto se debe, principalmente, a dos factores: por un lado, la mayoría de jóvenes no es consciente de los riesgos que conlleva el abuso de drogas; por otro, existe un alto grado de tolerancia social ante este consumo masivo, lo que contribuye a su generalización y normalización. Otra de las causas que influye es la presión de grupo, si hay un chico/a que no bebe ni fuma, el resto tiende a incitarle e incluso a forzarle para que lo haga.

Según diferentes encuestas realizadas en España, el tabaco es la primera sustancia adictiva que prueban los adolescentes, después, comienzan a experimentar con el alcohol. El hecho de que estas dos sustancias estén legalizadas implica que sean las más consumidas. La diferencia entre ambas es que, los jóvenes que fuman tabaco, lo suelen hacer a diario mientras que el alcohol se utiliza más los fines de semana, convirtiéndose en un componente esencial de su tiempo de ocio. En cuanto a drogas ilegales, las más consumidas son el cannabis y la cocaína; de hecho, España es el tercer país con la mayor tasa de consumo de cannabis entre los jóvenes.

Las bebidas alcohólicas al ser producidas, distribuidas y consumidas de forma legal se han incorporado y normalizado en nuestra cultura, hasta llegar al punto de que se califica como »raras» a las personas que no beben nunca, especialmente los jóvenes. El 90.9% de la población española entre 15 y 64 años han consumido alcohol alguna vez en la vida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que el consumo de alcohol es considerado el tercer factor de riesgo en los países industrializados y el principal en los países en desarrollo.

Entre los factores que influyen en el inicio del consumo de alcohol y de tabaco se relacionan aspectos familiares, socioeconómicos, cognitivos y emocionales, siendo importante en el caso de este último la presencia de tabaquismo en el entorno, tanto familiar como entre los amigos, así como la presión social y las actitudes a favor o en contra del tabaco.

En cuanto al cannabis, el consumo excesivo provoca riesgos en la salud mental y en las capacidades cognitivas de los adolescentes, ya que su cerebro está todavía desarrollándose, por lo que las consecuencias psicológicas son más graves para los jóvenes que para los adultos. No se trata solo de pérdidas de concentración y de memoria que afectan al aprendizaje, deterioro cognitivo asociado al fracaso escolar, falta de reflejos y alteración de la capacidad motora o el «síndrome amotivacional» que implica apatía y desinterés por los estudios y el entorno. También, debido a la alta concentración de tetrahidrocannabinol presente en la marihuana, aumenta el riesgo de sufrir en un futuro brotes psicóticos y -en casos de predisposición genética- esquizofrenia. El problema es que los jóvenes no son conscientes de estas duras secuelas que produce el consumo de cannabis, principalmente por falta de información.

El consumo de drogas puede aparecer de modo experimental, social, regular, intenso y compulsivo, pero un aspecto importante a tener en cuenta en los jóvenes es que, el consumo, puede alternarse entre esos modos y no desarrollarse, necesariamente, de manera progresiva hasta la dependencia. Los factores que intervienen en este proceso son tanto el poder de la sustancia (tipo, cantidad y frecuencia), para producir los cambios fisicoquímicos cerebrales, así como a las expectativas y los factores de vulnerabilidad personal, las condiciones familiares y sociales en que se realiza el consumo.

Las consecuencias más notables del consumo continuado de drogas son: los efectos crónicos sobre la salud como el daño a ciertos órganos o la aparición de enfermedades, los efectos físicos que ocasiona directamente la sustancia en un período corto de tiempo y, los efectos sociales derivados del consumo, como el daño de las relaciones interpersonales, la pérdida del trabajo, la desintegración familiar, entre otros.

La mayoría de alumnos de la Universidad Complutense de Madrid admite haber tomado drogas. Las más repetidas han sido el alcohol (los fines de semana), el tabaco y la marihuana y el hachís. Algunos reconocen haber consumido también drogas psicodélicas, alucinógenas, popper o éxtasis. Un estudiante afirma que las utilizan como »algo recurrente» y que »ya no es algo que sea raro». Otros explican que acceder a ellas es muy fácil y que la gente no se preocupa por las consecuencias que conlleva su consumo.

En general, ninguno de los estudiantes han sido presionados o incitados por sus amigos a tomarlas, sino que ha sido por iniciativa propia. Un alumno hace hincapié en que hay que saber decir que no. También, hay consenso en que, actualmente, se empieza a experimentar con las drogas a edades cada vez más precoces.