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Becarios ¿trabajadores encubiertos?

los becariosEstos últimos días se ha vuelto a poner en tela de juicio la figura del becario, estudiantes que realizan prácticas curriculares o extracurriculares en diversas empresas, con el objetivo de enriquecer y proporcionar conocimientos complementarios a los ya adquiridos en la formación académica. De esta manera, el estudiante adquiere ciertas competencias que le preparan para el ejercicio de su profesión, además de facilitar empleabilidad y fomentar la capacidad de emprendimiento.

El becario es aquel que se encuentra cursando un ciclo formativo, un grado universitario o un máster y que, para complementar su formación o al término de la misma, realiza durante un tiempo limitado (por norma general 900 horas como máximo), un trabajo en una empresa o institución para poner en práctica lo aprendido de forma teórica durante su formación académica. Siendo becario, estas prácticas pueden estar ejerciéndose de forma curricular o extracurricular. Nos referimos a las primeras como aquellas que están incluidas dentro del plan de estudios del ciclo, grado o máster que se curse, por lo tanto, son obligatorias y a ellas les corresponde un número concreto de créditos que no se catalogan como de libre configuración. Las segundas, las prácticas extracurriculares, son aquellas que no están incluidas dentro del plan de estudios y, por tanto, son voluntarias, se realizan de forma optativa por parte del alumno para ejercer la profesión antes de obtener su título y pueden ser convalidadas, en ciertas ocasiones, por créditos de libre configuración que podrán ser, posteriormente, sustitutivos a una asignatura optativa.

En la Universidad Complutense, en la Facultad de Ciencias de la Información, los estudiantes de periodismo, comunicación audiovisual y publicidad tienen opción de realizar prácticas que pueden ser tanto extracurriculares como curriculares, siempre que se haya superado el 50% de los créditos del Grado. De esta manera, se contribuye a aumentar los conocimientos complementarios del alumno, puesto que el programa de formación académica no incluye prácticas. Estos alumnos deben registrarse en la aplicación GIPE (Gestión Integral de Prácticas Externas) y, desde allí, acceder a la oferta de Prácticas de la Facultad, que gestiona la OPE (Oficina de Prácticas Externas).

Las prácticas académicas se regulan bajo un Convenio de Cooperación Educativa, de manera que las entidades y empresas colaboradoras deberán suscribir este acuerdo antes de comenzar a recibir estudiantes en prácticas. Una vez abierto el plazo, los estudiantes pueden solicitarlas, siendo posible mantener hasta cinco candidaturas a la vez. Una vez aceptado, se tramitan los papeles y se le asigna un tutor de prácticas, que será el encargado de supervisar el trabajo del alumno.

Puede parecer que la figura del becario es imprescindible, pues resulta beneficiosa para los alumnos, ya que adquieren un conocimiento básico y más cercano a la realidad de lo que llegará a ser nunca el saber teórico/práctico ofrecido en las aulas de cualquier universidad. Sin embargo, según señalan alumnos de la facultad de Ciencias de la Información, “no siempre resulta del todo beneficiosa y mucho menos agradable”.

Tal y como destacan alumnos de distintos grados universitarios, para ellos es sabido que el abuso por parte de las empresas y de la misma Administración hacia la figura de los becarios ha existido siempre. Relatan que se trabaja sin cobrar, a cambio de acumular experiencias, en empresas de renombre o lugares de prestigio para luego plasmarlo en el currículum.

Independientemente de cómo se configuren actualmente, los alumnos y recién graduados universitarios, señalan que lo que debería ser una beca para incrementar y contribuir a la formación del becario bajo supervisión de un tutor que está obligado a ejercer como tal, a veces se convierte en una sustitución de tareas que forman parte de la rutina de trabajo de un empleado. Además, la figura de los becarios, remunerados o no, convive con la de los trabajadores con contratos en prácticas y contratos de formación. Los cuales, como personal contratado, tienen que recibir un sueldo, aunque sea menor que el de un trabajador con contrato ordinario.

En principio, la figura del becario, que esta debidamente regulada y forma parte del proceso de educación y por tanto tienen derechos en su tarea de formación, no debe ser sujeto de abuso ni tampoco debe sustituir mano de obra convencional.

La opinión de un profesional

Teniendo en cuenta la opinión de un abogado laboralista, la legislación es confusa, porque así se consigue que el estudiante trabaje. La definición legal de becario implica que no puede ser contratado al estar formándose, pero el vacío legal que existe al no especificarse en la ley quién no puede ser becario, “permite que los estudiantes acaben trabajando en empresas bajo unas condiciones precarias”. Una práctica irregular, pero absolutamente normal en infinidad de sectores como el de la hostelería, el de la abogacía y, evidentemente, en el de la profesión periodística. El profesional en legislación laboral, nos cuenta que “en el caso de los estudiantes de periodismo que realizan prácticas por convenio, suelen realizar una labor puramente periodística sin cobrar un sueldo digno”.

Según datos oficiales…

Destaca el Consejo de la Juventud que el 58% de los becarios no cobra, y lo que cobran, no les da para cubrir sus gastos básicos. Según la Unión Europea en España hay 70.000 becarios registrados. Es decir, que tengan un convenio con la universidad y esta facilite el trabajo en una empresa. Según un informe del Consejo de España el modelo de becario que lleva cafés y fotocopias ha desaparecido aunque un 13% reconoce que actualmente se dedican a ello. Mientras que un 40% hace el mismo trabajo que su compañero que tiene un contrato indefinido. Y 7 de cada 10 becarios dice que su remuneración no es justa.

Las estadísticas muestran también que el colectivo que mayor número de desempleo aglutina lo ocupa este sector de la población, sobre todo en la franja de edad que va desde los 20 a los 29 años. Un 42% de la población se hunde en la desesperación de la que se aprovechan las empresas. De modo que las becas se convierten en el sustituto de los contratos en prácticas donde los trabajadores sí reciben un sueldo.

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