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Periódico universitario UCM en la web 2.0

Ángeles del Infierno: el 1%

Pasión por las motos, actitud y rock n’ roll. Ese es el paradigma básico del integrante de un club de moteros. Llevar su alma salvaje por la carretera a lomos de su moto (si ya es una Harley, mejor que mejor) disfrutando de lo que más gusta hacer.

Pero no son pocos los foráneos al mundo del motociclismo que también asocian violencia y actividades ilegales a estos grupos. No en vano algunos de sus miembros aparecen involucrados en crímenes de diversa índole, como tráfico de drogas, crimen armado, mafia o extorsión. En el año 2009, en la isla de Mallorca, fueron detenidos una treintena de Hell Angels por una ristra de delitos que abarca medio Código Penal. La mayoría de ellos, alemanes, habían amasado una fortuna como proxenetas. Si nos remontamos en el tiempo, uno de los primeros sucesos que dieron mala fama al club de moteros fue en Altamont en 1969, cuando los Rolling Stones contrataron a Hell Angels para la seguridad del concierto y acabaron matando a palos a un hombre afroamericano.

Para alguien ajeno al mundillo, la rebeldía motera puede ser entendida directamente como propia de delincuentes. Aseguran rendirse ante los valores de lealtad y honor, que el motor de su actividad no es más que la confianza ganada a pulso; que un motorista responde ante relaciones de amistad y sin más intención corporativa que compartir una visión del mundo, una contracultura basada en la rebelión y la libertad sin límites.

Nos lo demuestran los miembros del MC Red Celtas Northside, de A Coruña, al abrirnos generosamente las puertas de su club y mostrarnos la naturalidad con la que amigos y familiares se dejan caer por su lugar más preciado. Observamos que sus componentes y simpatizantes poseen las preocupaciones del ciudadano medio. Una familia, una hipoteca, además de empleos del todo accesibles: abogado, médico u empleado de la administración. “Nos tachan de delincuentes pero aquí todo el mundo vive de su trabajo, y el que no, por desgracia, se encuentra en el paro”, comenta el líder de la banda Tom Veira, además de sentirse “clasificados por la sociedad debido a películas que han hecho mucho daño, por eso resulta que somos asesinos y gente chunga”     Puede resultar paradójico el caso de José Mariña, un asturiano que asume con normalidad su pasión por las motos y su condición de jefe de policía. “No me ha surgido nunca ningún problema compatibilizando las dos cosas”, explica, “el asunto es tener muy claro dónde trabajas y qué haces”. En España existen organizaciones de moteros cuyos miembros pertenecen a los cuerpos de seguridad del estado. “Ángeles Guardianes y Guardianes del Asfalto son de la Policía y de la Guardia Civil”, indica al respecto, “tienen relaciones normales con otros Motor Club y legalmente están regulados de la misma manera”.
Sin embargo, la vinculación entre moteros y delincuencia está muy arraigada en el imaginario colectivo. Son muchas las organizaciones y las leyendas que suscitan, pero la que brilla con luz propia es Hell Angels. “Su origen fue como organización paramilitar”, comenta Mariña repasando su historia, “se expandieron por Estados Unidos y aquí se ha extrapolado todo directamente de la cultura americana”. Se dice que necesitas su aprobación para manejarte como Motor Club, aunque esto no es estrictamente cierto. “Hay grupos que, por ejemplo, te ofrecen hacer de seguridad en un evento que has organizado”, algo que, de llegar a ser rechazado, puede marcar que tengas una reunión “tranquila o con problemas”. “La de los moteros es una cultura en la que, si quieres meterte, lo haces con todas sus consecuencias”, sentencia el jefe de policía. hell angels
Podríamos definir los Motor Club como los lugares de reunión de los entusiastas del motociclismo, o dicho más apropiadamente: del mundo custom. Por lo general cuentan con una amplia gama de estructuras jerarquizadas, normas de escrupuloso cumplimiento, distintivos característicos, etc. Su inicio se sitúa tras la Segunda Guerra Mundial: los Hell Angels fueron uno de los primeros al nacer en 1948 en California. De ahí se trasladaron al resto del mundo, donde actualmente cuentan con 350 capítulos (que es el nombre que recibe cada sección). Para formar parte de su selecto grupo hace falta amar el motociclismo, llevar la actitud por dentro, y una iniciación que varía según el capítulo a formar.

Normalmente un iniciado debe pasar entre uno y cuatro años de aprendizaje para considerarse un Hell Angel con todas las de la ley. Su jerarquía es básicamente militar y se mantiene más por tradición que por ideología: presidente, vicepresidente, secretario, tesorero, capitán de ruta y sargento de armas.
Para Mariña, Hell Angels no se puede considerar en sí una organización criminal. Aunque haya casos de individuos que “hayan intentado lucrarse de manera ilegal a través del Motor Club”, no se puede extrapolar que todo miembro del grupo lleve a cabo actos similares. Al igual que con el caso de los ultras en el fútbol, es imposible perseguir a la asociación en su conjunto a no ser que sea demostrable “que toda la estructura tiene como base el acto delictivo”
Los miembros del club Red Celtas Northside insisten en la idea de que la amplia mayoría de los integrantes de los clubs de moteros españoles (e internacionales) no son ningún tipo de delincuentes, sino gente igual que cualquier otro, y nos llevan a la leyenda del 1%, cuando en un pueblo de California una convención de moteros se volvió un tanto desmedida. La prensa comenzó a acusar a los moteros de escandalosos y asociales, y el pueblo americano comenzó a temer todo lo que en moto se moviera. La Asociación de Motociclistas Americanos salió en defensa de los moteros asegurando que a quienes se les fue de las manos solo representan al uno por ciento de los bikers americanos. Es ese uno por ciento, nos aseguran, el que sigue defenestrando a los moteros y creándoles una mala imagen con la que cargar a las espaldas. “Ya sabes, cuando hacemos el bien nadie lo recuerda, cuando hacemos el mal nadie lo olvida”.

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9 Comments

  1. Club de moteros = delincuentes. Esa es la visión que tenemos simplemente con nombrarlo…creo que mucha culpa de esto lo tiene el cine… hay que ver menos series y adquirir más perspectiva.

  2. Ojalá algún día se vean las cosas buenas de este tipo de clubs. Su lucha por mantener viva una misma pasión tendría que ser reconocida positivamente. Es una pena que la gente estereotipe a este tipo de personas que lo único que hacen es dedicar parte de su tiempo a una de sus aficiones (aunque por lo que parece no todos lo hacen de la misma forma muy a nuestro pesar, cosa que debería de cambiar ).

  3. Es una pena que se generalice y se encuadre a gente dentro de cualquier estereotipo… Personalmente conozco a uno de estos ‘Ángeles del Infierno’ y para nada tiene que ver con la generalización que suele hacer la gente… Pertenecer a un club de este tipo no te convierte en criminal.

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